Teatro

"El Lobo": Debajo de la superficie,
ahí estamos
por Enea enea@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección:
Pablo Rotemberg Intérprete: Pablo Rotemberg
Colaboración creativa: Gustavo Tarrío
Banda de sonido: Pablo Bronzini Iluminación:
Fernando Berreta Vestuario: Paola Delgado Escenografía:
Mirella Hoijman Realización de Tarima:
Ariel Vaccaro Técnica vocal: Valeria Pagola
Gráfica: Mariano Gómez Producción:
Maqui Figueroa Asistente de Dirección:
Silvina Duna Duración: 45 minutos.
Finalizó funciones
2007 -- Camarín
de las Musas, Mario Bravo 960. Reservas: 4862-0655.
Finalizó funciones
2006 -- Camarín
de las Musas, Mario Bravo 960. Reservas: 4862-0655.
Reconocemos un cuerpo, pero
no vemos un rostro. Durante algunos minutos la quietud y la informidad
de la imagen nos domina. Los movimientos se suceden y la música
se hace presente como creadora de nostalgias.
“El lobo” se sucede
en un baño, el cual tiene la particularidad de poseer un
piano, y hasta un radio grabador. Lugar este donde las farsas
son dejadas de lado para dar lugar a los irrefrenables sentimientos,
a las confrontaciones con uno mismo y a la irracionalidad de nuestros
seres. Nuestro personaje es sin ser visto y en todo momento despliega
aquello que lo hace carne, como lo es el masturbarse, el defecar,
el estallar,…
Los movimientos se corresponden
con un cuerpo que parece inerte, muerto. Estos son pesados y entrecortados.
El personaje es claramente construido con una calidad de movimiento
determinada que enfatiza su dolor dando cuentas de su dificultad
de levantarse y salir de ese lugar. Los recurrentes golpes que
estremecen al espectador son sólo consecuencias de la encumbrada
red de emociones que lo dominan y atormentan.
La gestualidad es resaltada
de tal manera que no dan dudas de aquellos que pasa, no da lugar
a ambigüedades. La miseria humana es expuesta con transparencia,
provocándonos angustia pero a la vez placer por la belleza
con que son construidas las imágenes. La risa también
tiene lugar, provocada quizás por la grandilocuencia de
los gestos o la peculiaridad de las situaciones (como lo es por
ejemplo limpiar los artículos del baño con un trapo
lleno de tierra).
Nada en la escena es dejado
de lado. Al principio la relación con los elementos es
cotidiana, pero luego los órdenes se subvierten y aquellos
parecen tomar el control. Con una ambientación muy propia
del maestro del suspenso ( Hitchcock) intenta el bidet tragarse
a nuestro amigo en una contienda donde gestos, movimientos y música
se articulan maravillosamente.
Los episodios se van sucediendo
con naturalidad, con un personaje grotesco que en la superficie
nos es ajeno, pero que en lo profundo se conecta y establece lazos
con nosotros desde diversos puntos de contacto.
www.imaginacionatrapada.com.ar
28/10/2005