Artes Escénicas / Teatro / Mísil Children - Entrevista

Prometeo. Hasta el cuello - Diego Starosta

Entrevista “Albina”: Poniéndole el cuerpo a un mundo

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

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Es sábado, de tarde ya tarde. Hace calor. Mucho. El bar elegido es “La Academia”. Me siento al fondo, mientras veo ya que algunos personajes, y no los de “Albina” sino los del propio café, se ubican en algunas mesas más adelante. Cada uno tiene una historia que contar, supongo. Hemos perdido la costumbre del cuento en función de la anécdota, pienso... Entra Tatiana Sandoval y decidimos cambiarnos de lugar, luego llega Luciana Mastromauro, finalmente Mónica Salerno. Rec.

(Una amiga del entrevistador dijo “el teatro es como una represa hidroelectrica” y el entrevistador sacó la frase a relucir al iniciar la charla. Inquirido sobre el significado y sobre si el entrevistador comulgaba con dicha idea, se dispuso a elaborar…)

A mí me quedó mucho el día que fui a ver la función de “Teatro para pájaros” en el Programa de Formación de Espectadores (coordinado por Ana Durán, donde se enfatiza el trabajo pedagógico sobre todo con alumnos de colegios secundarios – el programa está dentro del área del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y, con el cambio ideológico de la nueva administración, peligró su permanencia), que una de las chicas decía que había flasheado con la adrenalina que le producía la proximidad de los actores. También me gustó porque salían los prejuicios sin filtro, por ejemplo “esto lo hacen porque les gusta, ¿no?”, apuntando a “después se van a buscar un trabajo en serio”. Pero bueno, aquella chica, que había visto una sola obra, volvió, porque le había encantado eso, la adrenalina de conectar con lo que estaba pasando en escena. Y es esto de esta conexión que se produce en la sala – por otro lado, se produce previamente en los ensayos -, en la sala con el espectador, es algo que no hay en otros lugares. Es lo que tiene el teatro, que va al revés del resto.

(el entrevistador pasa a comentar a grosso modo el funcionamiento de la tecnología torrent, donde en vez de que todo el mundo baje de un lugar o de un usuario en particular, el mecanismo funciona mejor cuanta más gente participa, porque cada uno baja y sube simultáneamente pedacitos; el archivo está en todos lados y en ninguno al mismo tiempo, volviéndose más potente. El entrevistador establece una simetría entre ese evento y el que se produce en la sala entre actores y espectadores, donde los cuerpos de ambos están presentes y, en el teatro de cámara, a poca distancia unos de otros)

Volviendo a lo nuestro, ¿qué pensaron cuando la dramaturga acá les acercó el texto?

Tatiana – Y, es un poco te pica el bichito o no te pica el bichito. A mí me pasó que fue que leí el texto (la entrevistada Tatiana y la entrevistada Mónica dirimen sobre si el texto fue entregado en mano o enviado por mail)… Hubo algo así como de amor, realmente, de encontrarse con un mundo… De todos modos, me imaginé otra cosa (risas)

Esa es la segunda parte de la pregunta (risas)

Tatiana – Me entusiasmó, me pareció que era lindo el mundo para construirlo, para ponerle la carne a los personajes. De verdad, me imaginaba otras cosas en ese momento (risas)…

¿Qué te imaginabas?

Tatiana – (risas) si te cuento lo que me imaginaba… No, lo lindo fue cuando empezaron a aparecer cosas nuevas, cuando empezó a aparecer el vínculo con Albina, cuando yo sentía que comenzaba a aparecer Lucía en los ensayos y, de repente, estaba adentro del cuento.

Luciana – Al principio, es que a uno le gusta la obra. La leí, estaba buena y me gustó. Me parece un texto muy contundente. Uno lo lee y rápidamente lo imagina, a mí me pasó eso. Me parece que no había mucho por descubrir en el proceso, si bien después aparecen cosas nuevas, porque ya hay un mundo muy potente ahí. También los personajes tienen ya un grosor. Me acuerdo las primeras veces que probamos y decía “sí, sí, ya la veo, ya sé, ya la entiendo”. Después, el problema es hacerlo, ¿no? (risas) Digo, es algo que está en el texto, no que yo sepa cómo resolverlo, esa es otra cuestión. Pero que había algo en el texto que era “la veo perfectamente a Lucía, la veo perfectamente a Albina” y con miles de aristas y, por eso, con mucho grosor. […] Y el modo de trabajo también fue ese, con un texto muy presente, y de ahí arrancar para hacerlo, porque, por ahí, yo venía de otros proyectos diferentes, donde el texto está más deshilvanado, se va armando, y se prueba y se corre; acá era ¡Pum!

¿Y qué les pasa ahora con lo que dicen, con los cuerpos, con lo que ocurre?

Mónica – ¿Cómo hacer una albina? Esa fue la pregunta. Que no sea realista, pero que no moleste si no lo es. Busqué albinas de verdad, pero me dí cuenta que no era por ahi, la historia trasciende la albinez: hay crueldad, hay ternura, hay soledad, hay emoción, abandono... entonces me dije bueno, tardaré lo que tenga que tardar en encontrar a las actrices, que para mi son los principal, es la historia de dos hermanas, tienen que parecerlo, eso por un lado, por el otro no menos dificil era “fabricar una albina”, y para eso, la famosa peluca, (que diseñó exclusivamente Roberto Mohr). Llegó un momento en que dije: que sea artificial, pero que el artificio no moleste al espectador, siempre tuve en mente ese pelo blanco en contraste con el fondo negro de la sala. Y esa también fue una gran duda hasta el estreno. Ese riesgo era responsabilidad mía, y si salía mal, también. Ahora, nos pasa con Tatiana o con Leyla, en los ensayos, porque seguimos ensayando, que vemos a Luciana llegar sin el pelo del personaje y decimos, “no es Albina, le falta su pelo” ... cada función es una aventura, tenemos cambios de pelucas, de vestuario, muchos objetos, eso suma adrenalina. Lorena y Fernanda trabajan muchismo, ellas las maquillan y están atentas a los cambios, y Marian, Julián que están en cada función ocupandose de la escenografía, hay gente estresandose detrás de escena... es la magia del teatro... Es un gran grupo de trabajo. [...] Ahora que lo pienso, tuvimos un proceso de trabajo corto para lo que el texto necesita. Llegó un momento en que dijimos “esta obra necesita más tiempo” que cuatro meses. Fueron cuatro o cinco meses… cuatro meses a full. Unas semanas antes del estreno, fue “¡no llegamos!”. Pero bueno, una trata de mantener el centro. A mí eso me sorprendió, de decir… digo, igual, estuve mucho tiempo con ese texto, dos años trabajándolo, trabajándolo… es un trabajo de mucho tiempo, también necesita tiempo para asentar… Y a medida que se iba haciendo, yo también iba descubriendo cosas nuevas, y hay zonas que, si bien yo lo escribí, quedaban medio… digo, yo pensaba “¿qué le pasa acá?”, o por qué tenía que estar enojada Lucía, que eso lo hablábamos con Tatiana. […] Era como llegar a un máximo y después bajar y ver, que todavía seguimos trabajando eso, de buscarle detalles, la sutileza, que es lo que les da humanidad, también. No son estereotipos, son bastante complejos los personajes, el mundo es bastante complejo.

¿Qué mundo es?

Mónica – El mundo animal… […] Hay algo que pasa por el género, que ahora que me están llegando preguntas de gente que va, gente teórica: ¿qué género?

Tatiana – Yo me quedo con una cosa que dijo una chica que vino: “es lindo, está contado como un cuento, pero un cuento cruel”. Y hay algo del material que empieza a tomar carnadura, y tiene una zona infantil, una zona animal – digo, bastante primaria, cuando empieza y se inicia -, que va desplegando un mundo urbano de detalles cruentos y algo de eso que empieza a crecer en el mundito de ellas y que la inocencia que encontrás inicialmente que estos personajes tienen todavía… […] Y sos testigo de está jaula que empieza a ponerse cada vez más cruel.

(Elipsis)

Mónica – Cruza todo lo místico y lo mítico, hay muchos santos. El deseo, el que hay algo más allá, la fantasía, los mismos mitos que ellas inventan…. “La Niña Topo”… Inventan cómo llegó Albina a este mundo. Cuando Lucía le cuenta “vos llegaste así, envuelta en una remera”, es un cuento que se arman ellas.

¿Y por qué Lucía no tiene?

Tatiana – ¡Porque Lucía no se salva!

Mónica – Porque es un cuento que se arma para Albina, porque Albina es la débil, porque Lucía no necesita cuento. Yo lo había pensado así. Ella está en otro terreno. La que inventa el cuento es Lucía, ella puede inventar ese cuento. Y Albina lo escucha, lo transforma, lo repite, lo reitera y la que le pide otra vez ese cuento para poder vivir. Porque hay una zona en la que… En la primer escena, que es verano, donde se la deja a Albina sola bajo el sol, es terrible. Lucía la deja sola bajo el sol, sabiendo que no puede salir y que el sol la quema. O sea, empieza con una crueldad, con una traición. Después, a lo largo de la obra, trata de protegerla, pero termina también solita.

En el cuento maravilloso la moralina tiene que ver con una presencia de una Ley que habla de un orden. Acá, ni siquiera está esa Ley…

Tatiana – Y, sí. Para mí, esa falta de Ley le da cierta contemporaneidad al material. Hay algo ahí de gran soledad y abandono de los personajes… Abandonados a sí mismos en medio de este mundo fabuloso. Aunque parece que una es más fuerte y otra es más débil, hay algo que empieza a tornarse también al revés y, de todos modos, son dos personajes que no pueden con el mundo. Sostienen seguir estando ahí adentro porque ese adentro las sostiene, porque ellas se sostienen entre sí. Eventualmente, eso se resquebraja. Hay algo divertido… no sé, sí, hay algo divertido en verlas fracasar. Hay algo real en eso, que es potente y es estimulante para actuar.

(Elipsis. La introducción de Jorge Román al equipo para aportar entrenamiento actoral)

Mónica – Hubo un momento en que ocurrió que tengo un límite, es hasta acá… (risas) o no, había cosas que yo decía pasan por este lado, y hay algo en la comunicación con el actor, que es saber hasta dónde están los límites de uno. […] Si bien yo estudié actuación, ya no pertenezco… (imposta la voz) estoy tomada por la dramaturgia. Y bueno, llegó un momento donde pensé que necesitaba otra cosa para trabajar los cuerpos de otra manera. Y ahí es cuando vino Jorge a ver un ensayo y le propuse sumarse al grupo para ir trabajando esa zona; ablandar el cuerpo, descomprimir. Que no fuera tan solemne, tan serio. Hubo un momento en que se puso, para mí, muy serio todo, tenía mucha gravedad. Era cómo acercarnos más a la idea que yo tenía originalmente, ver qué zonas eran las que hacía falta pulir, y entonces entró Jorge para ablandar, pulir, trabajar, y estuvo muy acertado.

Luciana – Sí, cosas más desde la actuación. Había más un entendimiento de qué pasa en esa escena, cómo, por qué, que habíamos hablado y discutido mucho, pero que…

Mónica – Poner el cuerpo

Trabajar más desde acciones físicas

Luciana – Claro, indicaciones más puntuales como “pensá el cuerpo de este modo”, o “Albina es más bruta”, o cosas como probar la parálisis desde el miedo y no desde la tristeza. Buscar otros lugares que desacomodaron un poco lo que veníamos trabajando, ¿viste esos lugares que se instalan?

Mónica – Le dio aire. Estamos embotadas y fue bueno, desacomodamos eso para volver a acomodar

Luciana – El mundo de afuera fue algo que también empezamos a pensar. Transmitir lo de afuera… Sobre todo lo pienso desde Albina, que es para la que en algunas escenas cuenta mucho lo de afuera. Que estaba armado desde el énfasis, cada cosa decirla, la voz de cada uno de los personajes. Después dijimos no, lo limpiamos, todo neutro y de corrido, y empezó a sonar como que este personaje no se hace cargo de todo lo que dice porque o no lo entiende… era como repetir de memoria…

Un ritmo propio

Luciana - ¡Claro! Era menos es más. Esa conciencia estaba más en Lucía…

Tatiana – Y lo otro era todo un esfuerzo, la escena se hacía larga…

Luciana – Más limpio, entonces dijimos “dejémoslo acá”

Mónica - Asi como se sumo Jorge, y como todo proyecto grupal fuimos sumando gente que inicialmente no estaba, como Mariana Delgado en sonido, que trabajó junto a Mercedes Rondina, y en arte Alex Maingard y Cedric Ortoli, hubo mucho trabajo, mucha discusión sobre el espacio con Federico Barreiro, el escenógrafo, no fue fácil construir el off, con Leyla (Antezana) nos preguntábamos como hacemos para meter todo este mundo en es este espacio, mucho reeplanteo, es una sala pequeña (la sala pequeña del Teatro del Pueblo), con tres frentes, el público está muy cerca para mentirles descaradamente sobre un fondo al que siempre se hace referencia... con Fede trabajamos hasta último momento. Es más, seguimos trabajando hasta una semana antes del estreno, y empezamos a sacar cosas que no contaban, a quedarnos con lo escencial, modificando la ventana y la puerta... eso fue angustiante... Además, tenia que pensar en la necesidades de la obra, lo que la obra pedía, y lo que necesitaban para construir ese mundo las diferentes areas, como sonido e iluminación, pedian cosas que no las tenia, y no por presupuesto, sino por espacio... yo queria un atardecer entrando por la ventana, un amanecer invernal, una luz amarilla al final... y si o si la escena de las velas cuando se corta la luz... y en un momento me lo dijeron, estás pidiendo climas cinematográficos y esto es teatro ... me encontré trabajando en tiempos profesionales en condiciones no profesionales, Fabricio (Ballarati) con toda la calma me respondía, lo que pedís es dificil, pero no imposible, “es un desafio”, y para mi “Albina” fue eso, un desafío, una novela o una pelicula contada en teatro. Es importante el grupo de trabajo, con Marina Muñoz que hizo el diseño de la postal y diseño de vestuario, que se fue modificando, ya habiamos trabajando en “Voyeur”, la instalación para “Bestiario Grimm”, además que tenemos proyectos de historietas juntas, Federico también y Mercedes.

Pensaba en el tema del ensayo, que a veces, se me ocurre, permite pensar en la idea de una obra permanentemente abierta, con un mundo que se expande o cambia… Por ejemplo, en lo que sería una obra más comercial, hay una X cantidad de tiempo de ensayo y, después, cada función tiene que ser lo más parecida a la anterior. En el off, en cambio, con una expectativa más plástica, si se quiere, permite otro juego de afloje, de transformaciones…

Mónica – Ese es el alivio, ¿no?, del teatro. Hoy algo no salió, o no salió como queríamos, ya sé que en la próxima función no va a pasar eso. Va a pasar otra cosa.

(Elipsis – Asociación libre, la idea de “Albina” película, etc, etc)

Tatiana – El año que viene reestrenamos. Seguramente ensayaremos y seguiremos cambiando cosas. Hay escenas que no cerramos. Pero no sólo por una voluntad perfeccionista de llegar a una sola cosa, sino que es parte de lo que uno respira en el teatro. Digo, uno entiende que uno tiene que ajustar para que funcione mejor una historia, pero también hay algo que uno no sabe qué va a suceder. Por ejemplo, hay una puerta que suena, y ahora está buena, y eso es parte del teatro. Y si nos cambiamos de sala, va a ser otra puerta. […] Hay algo estimulante de ver cómo mantenés vivo un espectáculo. A veces es pudiendo sostener, pudiendo repetir, encontrándole ese ritmo a la historia, entender y hasta profundizar cuestiones hasta de orden estético, poder llegar hasta tal lugar de ese modo y tocar esto así. Pero sostenerlo vivo es un desafío cada vez. También hay otras zonas donde por ahí uno se queda dando vueltas por inquietud. Donde si ese lugar queda abierto es porque es estimulante, o porque hay algo ahí que uno no lo cierra mecánicamente. O sea, uno no está cerrando un producto. ¿Por qué hacer teatro en el off? Porque hay una voluntad hasta casi artesanal en este hacer, donde estás ajustando hasta el último detalle como enamorado de la cosa, como si no pudieras terminar la estatua, porque si la terminás quisieras que esté viva. Digo, la cantidad de horas que uno le dedica, pensando que uno la va a hacer una temporada relativamente corta – lo que se hace en general en el teatro off -. Hay algo caro en esto en el sentido de valioso. Hay algo ahí que uno cree… que sigue buscando oro, ¿viste? (risas) Y está bueno, y está bueno estar con gente que comparte algo de eso.

(Elipsis. Retorna el delirio sobre un hipotético rodaje de “Albina”. Se eligen locaciones, posibles puestas. Se proponen la presencia o ausencia de personajes. Un plano introductoria, emblema)

Vuelvo sobre lo del teatro off. Hay alrededor de 500 obras por semana. Las salas tienen poca capacidad. La mayoría tiene una capacidad promedio para alredededor de 30-40 espectadores, con 80 las grandes, 100 pocas – El Cubo tiene para 250-300, pero ya es casi un híbrido -. Las funciones son pocas, pero se pone mucho trabajo en juego ¿Por qué insistir?

Mónica - ¿Por qué no?

No vale esa respuesta (risas moderadas)

Tatiana – Para mí hay algo de fé, de creencia, de amor, hasta de algo un poco irracional. Digo, se explica hasta un punto y ya después no. Uno como actor puede salir y buscar trabajo en distintos espacios. Mucha de la gente del teatro independiente convive con que está eligiendo esto, que no es un medio laboral (en el sentido de que rara vez pone pan sobre la mesa – hay excepciones, como el fenómeno “La omisión de la familia Coleman”, pero, por ahora, siguen siendo excepciones), pero es lo que le da sentido a la vida. Uno, la mayoría de las veces está como anclado en algún lugar, haciendo teatro en una sala, aunque sea para pocas personas. Uno quiere que sea la mayor cantidad dentro de ese marco. Yo quiero comunicar… con los proyectos que elijo hacer, con la gente con la que elijo asociarme. La verdad, yo creo que el teatro sirve para algo. Creo que cuando algo sucede, es también inexplicable. A pesar de que vivimos en una época donde uno, por decirlo de algún modo, compite con formas de arte más masivas como es la música o el cine, el teatro sigue teniendo algo que es diferente, que es singular, aunque sea para pocos. Hay algo que empieza a pasar… A mí me pasa cuando elijo con quien trabajar, cuando elijo proyectos, cuando digo que no o cuando me acerco a alguien porque me interesa algo de lo que produce. Es un poco todo eso. Y creo en lo que le pasa a la gente cuando uno sale. Es como un termómetro; hay gente que ni bien entré, algo los conmovió. “Saga” (obra de Magdalena Yomha en la que la entrevistada actuó el año pasado) tuvimos la oportunidad de hacerla en un museo, donde vino gente, digamos, de otro palo, que no es la gente que te viene a ver al teatro off. Y hubo un montón de gente que salió conmovida con lo que hicimos. Y a mí me parece también un logro poder salir, en cuanto a lo chiquito… a no me interesa pensar que sólo estoy trabajando para un circuito de gente que ya me conoce, que le gusta ir al teatro, sino también poder trascender algo de eso. Si el laburo es bueno, yo confió que con el tiempo eso empiece a pasar, incluso en el off. […] Que hay algo que empieza a traer gente como a un lugar de secta, porque, es cierto, somos pocos en una sala (risas). Pero, los que van, creo que van con ánimo de ser partícipes.

Luciana – Hay algo de lo que dice Lucía (sí, sí, le dijo Lucía en vez de Tatiana – cosas que pasan -), que pasa por el deseo, inevitablemente, que yo me lo pregunto todo el tiempo: “¿otra vez haciendo teatro? ¡dejate de joder!”. Lo vivo un poco así, porque es un esfuerzo, ¿y?, a nadie le interesa, o a pocos. Sí, no sé si tengo una bandera política para defenderlo. Sí, hay algo que tiene que ver con el deseo, que uno agradece o se conmueve con lo que otros hacen. Creo que también tiene que ver con el contacto con otros, como que hay un lugar que es muy grupal y con un momento que decís “¡qué bueno! ¡esto está buenísimo!”. Con un grupo con el que estoy laburando, que estamos tratando de armar una compañía, Vilma Diamante, me parece que está bueno creer en eso, en la compañía. También siento que desde la prensa, la crítica, se instala algo como muy de lo individual. Se necesitan personajes individuales, El Dramaturgo Joven, Las Dramaturgas o La. Yo confío más en lo de la compañía de teatro, que está bueno volver a eso, estar con gente que a uno le gusta lo que hace, se entiende. Y sí, también es un deseo mostrárselo a mucha gente, buscar juntarse con otros, mostrarlo gratuitamente, en eventos, hacer función en donde sea. Hay algo también en lo de la sala…ahora, en teatro independiente, las salas también son un grave problema, que los últimos años que te den una sala parece que es una complicación.

Mónica – Hay que buscarla por lo menos con un año de anticipación

Luciana – Sí, sí.

Y las salas tampoco hacen plata

Luciana – Tampoco. Y parecen dos bandos antagónicos. Raro todo, no sé.

(A la entrevistada Mónica) Te quedaste pensando

Mónica – Siempre

A principio algo de esto habíamos hablado

Mónica - ¿Que dónde me iba a meter?

No, si valía la pena…

Mónica – ¿Que por qué no me quedaba escribiendo y vendiendo guiones?

Algo así. Porque implicaba una inversión de dinero, de tiempo. También el proceso de conseguir dos actrices para estos dos personajes tan particulares…

Mónica – (A las entrevistadas Tatiana y Luciana) ¡No saben todo lo que sufrí por ustedes, mucho antes de tenerlas!... No, me quedé pensando por qué hago teatro (risas). A ver, uno necesita vivir y para vivir escribo guiones, trabajo de escribir. Pero, hay un momento donde lo que escribís le pertenece a otro. Hay otro lugar, que es el teatro, que te permite decir “voy a contar esta historia desde mi lugar, la voy a corregir, que salga lo mejor posible y, obviamente, quiero que la vea gente”. Contar una historia… el teatro te permite eso: contar una historia. Para mí es eso y, al mismo tiempo, poder agruparse. Porque trabajo mucho tiempo en soledad, y decís “¡hola!”, es la computadora y yo. Llega un momento en que decís “esto lo tengo que mostrar” y vos lo mostrás a un grupo de gente, a actrices que dicen “¡esto está bueno!”, es una emoción, parece que puede andar. Te permite juntarte con los otros y trabajar en grupo; intercambiás ideas, crecés, te ponés en el punto de vista del otro, cómo cambiar la obra – que, si no, queda muerta en un cajón y no pasa nada -. Si no tenés actores, no tenés escenógrafo, no pasa nada con la historia. O sería otro formato. (El teatro) Es un medio que encontré, en el que me siento cómoda para contar historias, mías y no de otros que me pagan. Para eso está el trabajo.

Hace poco en una mesa de debate, (Alejandro) Catalán, con respecto a la pregunta de “¿qué es teatralidad?” planteó la idea de una teatralidad dinámica, que cobra tantas formas como lugares haya donde haya teatro. Pensando en la idea de poéticas me preguntaba si puede ocurrir hoy algo parecido. Digo, como que ya no están estas grandes poéticas como podía encontrarse en otras épocas, con tipos como Stanislavsky, Brecht, Grotowski, etc. Y, en Argentina ahora, me pregunto si es necesario buscarlo o si es que no hay ahora porque este es un momento de transición. Me refiero a que la gente está saliendo y haciendo y, por otro lado, con respecto a lo que dijeron ustedes, esta frase que suelo escucharla tal cual repetida en muchas personas: “juntarse, estar con otros”. Y también la necesidad de salir y hacer, porque si no se explica cuando ya hay alrededor de 500 obras y la cantidad de espectadores no aumenta de la misma manera…

Mónica – Ahora nos vamos llorando de acá (risas)

No, no. Digo, hay una necesidad de hacer que, me parece, no siempre es comprendida y entonces se cae en la desesperación de salir y que te vean y que escriban sobre vos, que te digan que existís. Hay un poco de eso, que me digan que existo. Porque después está la frustración: “no me vieron”, “no me escribieron”. Es un poco como en la web, que está lleno de blogs. La gente va y escribe y espera los comentarios. Y el otro día en otra mesa surgió la pregunta sobre estos comentarios, porque también esperan ser comentados; quieren existir ellos también.

Luciana – Qué triste

No sé si es triste. Me parece, sí, que es una época de mucha soledad, y que sus personajes tienen algo de eso.

Mónica – Si Albina tuviera Internet…

Luciana – No sé, viste que hay como un fenómeno de exposición de la vida privada muy fuerte. “Gran Hermano”, los blogs, poner la foto, el videíto haciendo no se qué. Ahora, en el teatro tenés la masividad de voces diciendo cosas, y a mí, a veces, me llama un poco la atención y también me enoja. Ahí sí me parece que los directores o los dramaturgos tienen un peso: alguien que tiene una poética o un mundo para decir. Y son algunos. Después, hay miles de otras que decís “¿para qué?”. De verdad, es llamativo. Me da la sensación de que es un poco impune: todo el mundo puede dirigir y hacer una obra. Hablo de la dirección, porque me parece que ahí tiene que haber alguien que tenga, claramente, algo que decir. Me parece que hay un abuso de eso, o medio bastardeado ese lugar, también.

Mónica – Para mí las poéticas son particulares. En “Albina” es el mundo que tengo y que traigo y las próximas obras tendrán también ese mundo y así hasta que se agote, o no.

(Elipsis. El entrevistador se va nuevamente por las ramas. Eventualmente retorna, o lo hacen retornar)

Tatiana – (volviendo sobre “Albina”) Si esto es una fábula, un cuento, y uno puede hacer empatía con eso, es porque hay algo de ese material que me representa y me deja contar. […] Están las ganas contar un cuento, de creer, de poder crear ciertas ficciones sin necesidad de obscenidad masiva o efectismo. Después, me parece que en este momento hay cosas muy interesantes, diversas y… donde faltaría un poquito de pelea (risas). Hay de todo, y se convive por momentos hasta tibiamente. Yo lo siento así. No es que me parezca que esté bien o mal. Es algo personal, digo, el teatro sigue siendo intenso porque la intensidad de la carne está ahí. Pero hay algo en los discursos, cómo se comunica en el ambiente que, nada, por momentos me dan ganas de que haya más carne en el asador en muchos sentidos. Como si fuera un momento, por decirlo de alguna manera, un poco tímido. Se recorren distintas cosas, están, pero como si hubiera cierta timidez discursiva.

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8/12/2008

 
   

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