Artes Escénicas
/ Teatro- Entrevista

Entrevista a Guillermo Cacace: “Tomar
partido tiene consecuencias y el tema es si tenés ganas
de hacerte cargo de esas consecuencias”
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Hace dos años, entrevisté a
Guillermo Cacace, y la charla giró en torno a la tragedia.
Era 2005, se cumplían muchos siglos de la denominada época
dorada del género durante el gobierno de Pericles. Ese 2005
había habido muchas puestas, pero también todavía
flotaba en el aire cierta atmósfera. Habían pasado
apenas dos años del gobierno de Kirchner, tres años
de los episodios del verano 2001 / 2002. El 2005 también
fue la era post-Cromagnón. La tragedia era un género
bastante adecuado: el destino irrefrenable (en este caso por la
propia desidia de los hombres y no de los dioses), la sangre, la
patética tendencia a repetirnos en nuestros errores (lo cíclico
de la tragedia que anunciaba, paradójicamente, los eventos
del 2007).
En aquel momento, Cacace había expresado
que, pese a su pasión por la tragedia, estaba pensando en
hacer algo de comedia, como para aflojar un poco (curiosamente,
de todas maneras, su siguiente puesta fue “Ajena”, sobre
otra tragedia: la inundación de Santa Fé). En 2007,
entonces, estrenó la comedia, pero no cualquiera, sino una
versión libre de “Tartufo”, de Moliere. Un escrito
que satiriza la hipocresía y la superficialidad de un elemento
de clase (en la puesta de Cacace expandido a más que un mero
elemento individualizado), otra vez resume el espíritu de
este momento. Es como si la época buscara su género
y encontrara de esta manera el camino hacia la puesta.
Por eso mismo, quizás, porque hay un
regreso de lo Light y el no compromiso, que la charla inicia por
la necesidad de tomar posiciones:
Yo hace poco tuve una discusión muy
linda, muy apasionada, sobre el Festival de Buenos Aires de Teatro
- Un tema
EL tema, el tema. El Festival de Buenos Aires
es un tema precioso, es un tema del cual tenemos que hablar mucho
todos. El Festival de Buenos Aires, para mí, hoy por hoy
es un despropósito. Digo, porque me parece que uno tiene
que pensarlo en escala. El Festival se inserta en una política
cultural. Entonces, hacer un festival, si lo considerás desde…
no sé… “tengamos un festival como tienen en París.
Que se parezca”… desde ese punto de vista algunas cosas
pueden pasar por inadvertidas. Pero, en Buenos Aires, en una realidad
cultural celebrada pero ausente en el pensamiento político
me parece que tiene que responder a una acción de gestión
más radical. (De todos modos), el Festival es una de esas
cosas que uno apoyará siempre. Solo que, no hay que dejar
de criticarlo.
- Yo, personalmente, al de teatro
nunca le pude encontrar la vuelta… en el BAFICI, hablábamos
con unos amigos, encontrás una dirección, con la que
podés o no discutir o estar de acuerdo, pero la hay, y es
tangible. Más allá de la programación, durante
lo que dura el BAFICI, vos sabés que hay puntos donde se
juntan y se reúne gene de todo el mundo (directores, guionistas,
productores, distribuidores, programadotes de otros festivales)
y hay un intercambio fuerte. En el de teatro, es como que todo se
va diluyendo porque este lugar de reunión no existe, y todo
va pasando, y tampoco hay como mucho acento en la cobertura por
parte de la prensa como si tampoco hubiera demasiado interés
en que la hubiera (aunque, desgrabando la nota, el cronista recuerda
que en la última edición el festival captó
la atención de la prensa con la intervención “Tertulia”,
de Eduardo Molinari y Nicolás Varchausky, en el cementerio
de la Recoleta), y, entonces, cuando se fue, te quedás medio
como desorientado…
Me parece que (el Festival de Teatro) es como
un hecho independiente, no se inserta en nada, es demasiado moderno
(risas).
- ¿Pero no es también
lo que está pasando desde hace un par de años un poco
con el teatro en Buenos Aires?
¿Qué no se inserta en nada?
(silencio) (risas)
- … es como que hay algo que…
Y sí, sí, hay algo que yo le
critico básicamente desde siempre a lo que hacemos: no se
puede entender a qué necesidad responde. Porque las cosas,
quieras que no, responden a necesidades. Cuando empezás a
tironear algunas puntas el diagnóstico no es nada alentador,
porque creo que atiende a necesidades demasiado autorreferenciales,
con poca sensibilidad hacia lo que no sea ese mismo que lo está
haciendo; yo quisiera ver los atravesamientos de lo de afuera sobre
ese que lo está haciendo. No Brecht, apunto a un posicionamiento
más chejoviano. Lo que yo veo es el yo del que lo
está haciendo por delante de todo.
- También lo que pasa, me parece,
es que hay mucho teatro ensayo, porque hay mucha búsqueda
intelectual. Pero, una cosa es querer que te trabaje la cabeza,
y otra… yo digo siempre que cuando uno pasa a la producción
(en cualquier género; cine, fotografía, pintura, teatro,
etc.) como que las ideas son, eso, ideas, y la racionalización
está antes y después como revisión, pero en
el medio está el cuerpo, y eso es lo que termina faltando
muchas veces
Procedimiento para no habitar el otro terreno
mucho más vulnerable, que es lo que transpira un cuerpo conmovido.
Hay que estar atento a la racionalización, no a la racionalidad,
porque la racionalidad puede ser muy creativa, pero la racionalización
como fenómeno defensivo, va siempre en detrimento de la obra.
Vos en una clase pedís un ejercicio y lo primero que ves
es el planteo de una idea, desde esa idea hasta la posibilidad de
encarnarla en algún orden de verdad hay una distancia dolorosa,
no se puede trascender la idea, y no se puede, y la lucha por hacerlo…
o partir de un impulso que no sea una idea.
- Lo que no se entiende a veces es
que la idea es sólo el disparador; si uno no entiende eso,
se queda ahí clavado, “¿por qué no sale?”
Es que no es un “contra las ideas”.
La idea te propone un trabajo inmenso, te propone un compromiso
en el que es bueno perderse. Y si no te podés perder, lo
que vas a encontrar es más de vos mismo todo el tiempo, ¿no?
- Claro, me pasó hace un par
de años. Comencé una nueva serie fotográfica,
y yo iba con las tomas todas pensadas y estructuradas, como si tuviera
un planito y, al poco tiempo de empezar, me di cuenta que siguiendo
al pie de la letra ese plano no llegaba a ningún lado, porque
me encontré con el cuerpo del otro lado de la lente que me
decía más cosas, que tenía pararme de nuevo
y ver… Hay gente que hace teatro-ensayo y lo hace muy bien,
pero creo también que si uno se obsesiona con esa dirección
(es decir, deja de ser un medio para convertirse en un fin), las
más de las veces, eso se cristaliza y se convierte en algo
muerto
Y, porque como todas las cosas en que está
operando lo que “debe ser”, lo que se “debe hacer”.
Y esa es otra de las cosas de nuestro teatro, que todo se parece
mucho.
- Supongo que ahí juega un
poco también el “querer ser como”…
Ahí, entonces, tampoco se supera la
idea. Además, superarla, matarla, en el trabajo mismo y que
se empiece a convertir en acontecimiento. Pero para eso necesitas,
insisto, un compromiso, que es lo que me parece que falta. Un compromiso
con la verdad que te pica. Me parece que hay un coqueteo con la
verdad. Si el compromiso está, es inevitable que tengas que
salir del ombligo, conectarte con el equipo de laburo, solas aparecen
las conexiones con los atravesamientos que vienen de fuera tuyo…
En esa vía no sé si se multiplicarían tanto
las obras como ahora. Está buenísimo, yo siempre disfruto
de una cartelera tan nutrida, pero me parece que con un mayor compromiso
habría más gente ensayando y tirando material que
mostrando…
- Lo hablábamos más
a comienzos del año con Gustavo Schraier, que hay como una
desesperación por estrenar, y en esa ansiedad tampoco se
da tiempo a macerar la obra, a hacerse preguntas…
Mmm… no hay tampoco tiempo de pensar
el hacer como profesión. En el sentido de que hacemos mucho,
también, porque hacemos gratis. Apuntar a que el viernes,
sábado y domingo haciendo funciones sea parte de mi sustento.
- En ese sentido, volviendo al Festival,
en el BAFICI (sí, el cronista tiene una cuestión con
la reiteración), por ejemplo, desde hace un par de años,
más allá de workshops, se ha comenzado a incentivar
la discusión sobre la distribución, la estética,
las poéticas. Es embrionario y falta para que sea una discusión
en serio, pero la intención de producir el debate (y esto
entre cineastas “independientes”, que son los que más
producen y los que más caen en el camino) sobre las formas
de producir y subsistir (tanto en lo material, como en lo temático
o estilístico) está, algo que me parece que no ocurre
en el Festival de Teatro. Digo, no veo que haya una discusión
sobre “¿por qué producimos?”, “¿para
qué?“,¿cómo producimos?” “¿cómo
mantenemos esa producción en el tiempo?”, etc.
Una discusión fundamental. En el teatro,
esta cosa que decís vos: se estrena la obra y se baja al
tiempito. Si eso fuera en virtud de alguna otra cuestión,
de una búsqueda, pero cuando en realidad tiene que ver con
la falta de profesionalización se pone tremendo, porque creo
que muchos de los proyectos no subsisten porque no tienen difusión.
Y, entonces, la cosa del ombligo llega hasta ese punto: produzco
una obra, la vienen a ver los amigos, y ya voy a producir la próxima,
porque nunca pensé en la posibilidad de difusión de
esta obra, en el trabajo que costó, etc. Finalmente, a lo
que reenvían estas cuestiones, es también a la soledad.
Porque vos decís “necesito que lo que haga tenga una
difusión, que lo vea más gente…”, necesariamente
te tenés que poner en contacto con otros, tenés que
empezar a preocuparte por dónde está inserto eso que
hacés. Pensar qué gesto político tiene aquello
que hago.
La Perversidad, la Crueldad, y Tartufo
- El otro día hablábamos
con un amigo sobre la patología del psicópata y decíamos
que es terrible, porque los neuróticos somos cada vez menos.
Vivimos en un sistema que privilegia la psicopatía. Y, entonces,
se te hace cada vez más y más difícil subsistir
porque, en realidad, es mucho más fácil ser lo otro.
Porque el psicópata no te registra, ni siquiera es que no
le importa: no sos, simplemente estás en el camino.
No hay un reconocimiento del otro como otro.
Igual, me parece que eso también tiene que ver mucho con
el fenómeno de la crueldad. Hay diferentes categorías,
por eso siempre me gustó mucho el tema. Psicópata
es todo enfermo de la psiquis, ¿no? Pero, dentro de los psicópatas,
están los neuróticos, los perversos, los psicóticos,
por armar tres categorías muy grandes. Y yo creo que más
que psicóticos, o sea, más que el que está
en relación puramente ilusoria con el otro, creo que hay
perversión… el perverso ignora la subjetividad del
otro. Hacer una generalidad a partir de perfiles psicopatológicos
me parece que es medio brutal… Y seguro que uno está
incurriendo en algún error científico con todo esto.
Pero, por lo menos hay un olor a perversión, digamos…
(risas)
- A azufre…
Claro, a perversión. Hay una psicoanalista
que yo respeto mucho, Silvia Bleichmar, que habla de la crueldad.
A ella debo esta idea de la crueldad como no reconocimiento del
lugar del otro, de la subjetividad del otro. […] Eso es lo
que hace posible que alguien que está a cargo de cualquier
cosa pueda arremeter con principios que ignoran al resto sin ninguna
consecuencia. En escala entonces, podés tener un plan cultural
de gobierno que ignore a la gente como entidad real. Es decir, a
las personas que sufren, creen, se emocionan, se enojan, se alegran…
en un contexto y desde una posición en el mundo.
- Hay como un festejo de ese tipo
de patología. Se festeja, se estimula, los idolatramos hasta
cierto punto. Por eso venía pensando en “Tartufo”.
El Tartufo de Moliere, él era esta figura hipócrita
de “lo que representa”, y lo que yo sentía en
tu obra era que lo que tenía tu Tartufo de atractivo es “lo
que ofrece”, no “lo que representa”. Cada personaje
está representando un pedacito de algo más grande,
pero lo que tienen es esta entrega absoluta al goce. Y este goce
no como algo positivo, no como placer, como persecución del
deseo…
El goce nunca es positivo, el placer es positivo,
dicen los analistas. El pensamiento analítico me ha permitido
comprender muchos fenómenos. Barthes dice otra cosa, porque
le da al goce como una entidad diferente. El goce en psicoanálisis
está más allá del principio de placer…
- El “puro goce”…
El puro goce. Totalmente, Tartufo está
en el puro goce. Para él el otro no es sujeto… es un
objeto. Por suerte cuando pongo una obra no pienso en estas cosas…
solo me divierto o sufro. En este caso, me divertí bastante.
- Y los otros personajes… como
las Marianas, que dicen “Tartufo entiende nuestras necesidades”,
cuando Mariana en Moliere es una doncella. Y acá, en cambio,
la oferta de Tartufo le/s encanta.
[…] El impostor, el que entra a la casa
y subvierte un orden para su beneficio personal y todos caen en
esa red. No queda nadie exento.
- Claro, lo que pasa es que acá
lo que yo sentía es que ellos quieren eso, no es que son
víctimas. Lo que él hace es canalizar eso que ya está
allí.
Totalmente, eso es lo más… es
interesante esa lectura, porque eso es lo más jodido de la
obra. Que es necesidad de todos eso. Por eso estaba bueno que Tartufo
no fuese un viejo decrépito. Que su poder no estuviese en
la palabra, sino en el cuerpo, en la imagen.
- El otro día también
me estaba acordando que en la entrevista del 2005 habías
hablado de hacer una comedia como para relajarte un poco.
Ah, bueno, al menos en los procedimientos,
como para distender un poco la fibra que te propone la tragedia.
De todos modos no puedo parar de sentirme muy atraído por
la tragedia. Creo que está ahí todo el tiempo. De
hecho estoy en un equipo de investigación sobre la tragedia
en la universidad (risas). El tema es: Las posibilidades e imposibilidades
desde la tragedia, hay gente que lo va a trabajar más
desde lo teórico y los que dirigimos desde la praxis de la
dirección y la actuación, y ahí quedé
enganchado con Medea, por ahí andaré.
- Igual, no me parece casualidad que
esta vez haya sido Moliere en lugar de Esquilo.
No, para mí tampoco. No es adrede,
no se bien qué pasa con esos movimientos, pero sí
que cuando tomás distancia te das cuenta que no son casualidades.
En aquel momento yo venía de “A mamá”
y después fue “Bacantes” y creo que era un momento
que se podía empezar a trabajar con la tragedia. De hecho,
la fundación Konex en ese momento le propone a diferentes
directores que monten tragedias, había algo en el aire que
llevaba a lo trágico. Durante el montaje de “Bacantes”
sucedió Cromagnón. Yo me acuerdo de estar haciendo
la escenografía y decir con la escenógrafa “pero
esto es una morgue. Estamos planteando una morgue, ¿queremos
plantear eso?”. […] (Y) bueno, de hecho, me entero por
la gente de prensa que hay dos puestas más de “Tartufo”
- Revisando la entrevista anterior,
me acordé también de una cita de Marx. Vos decías
que la comedia no era la tragedia porque terminaba antes y Marx
decía lo contrario, que la comedia es la tragedia, pero después
de pasado un tiempo. Esto me hizo pensar en lo que me pasó
cuando vine a la función (de “Un Impostor”),
porque decía “esto es pizza con champagne”, me
llevaba al menemismo, y, lo que es peor, ¡están de
vuelta! El otro día veía el debate de “Daniel,
Mauricio y Jorge” y era para matarse, muy triste… y
pensaba que esto no se puede hacer trágico, que la única
manera de hacerlo…
Es con una comedia
- Tal cual. Lo pituco, lo fashion.
Esta cuestión de los últimos casi veinte años,
de que cuando el poder entra en crisis de imagen, le meta un barniz
de algo fashion, dinámico, que tenga onda, como para que
no se note que atrás hacen agua.
Que cambie todo para que nada cambie
- Claro. Zizek dice que la risa no
es peligrosa para el orden, sino para su superación, que
la risa es tranquilizadora. Yo creo que también puede haber
un tipo de risa que subvierta.
En términos más simples, creo
que no es lo mismo reírse con “Más pinas que
las gallutas” (legendaria comedia de larga estadía
en el teatro de revista) que con “Un Impostor”, o eso
espero, por lo menos (risas). A mí cosas muy burdas me causan
mucha gracia, podemos dar una lista de cosas burdas que me causan
mucha gracia. Pero, obviamente, no te pasa lo mismo. […] Pero
no está mal, de repente, es lo que intenté un poco
con “Un Impostor”, recabar dato en lo burdo para ver
también qué operaciones se pueden hacer tratando de
pararse en otro lugar.
- ¿Y cómo fue eso?
¡Ah, fantástico! Porque ahí
es donde meto elementos que tienen que ver con lo que es la revista
porteña, con la comicidad televisiva, o, como cuento en la
gacetilla, de las comedias que me llevaba a ver mi abuela del verano
marplatense, el elemento del vaudeville; todas esas cosas del género
ligero en función de armar un dispositivo que no lo sea,
porque ese género ligero responde a un sistema ligero, y
acá la hipótesis era ver si se pueden utilizar elementos
de lo banal en función de algo que no lo sea. También
fue un recurso para evitar cualquier tipo de solemnidad.
- La otra vez me habías comentado
que en “A mamá” había resultado un trabajo
corporal interesante con los actores por cómo reaccionaban
a la necesidad de cada personaje. ¿Acá cómo
fue?
Lo interesante de “A mamá”
era darme cuenta que por algunas resistencias de ese cuerpo en relación
a ese personaje, ese personaje abría una nueva lectura, una
nueva posibilidad narrativa. Acá no hubo resistencias a los
personajes. Para nada. Los cuerpos en seguida empezaron a disfrutar
con jugar esta situación. Eso protege de resistencias. Ahora
estoy con el montaje de “El médico a palos”,
y es muy bueno venir lunes, miércoles y viernes a la mañana,
desde las 8:30 – 9 hasta las 12 del mediodía, y divertirse
como lo hacemos.
- ¿Mismo elenco?
Alto porcentaje. Los varones son casi todos
los mismos, cambian las mujeres.
- ¿Y después qué
sigue?
Hay un proyecto muy ambicioso que está
a la espera de que se den las condiciones para ponerlo en marcha
y, si no, llegarán otras cosas.
Yo he abandonado algunos amores, en un gesto
muy poco cortés de mi parte. Y uno de los amores que he abandonado,
y que este año he decidido retomar, fue Moliere. El otro,
uno con el que nunca concreté: Discépolo. Me interesa
por lo que abre en relación a lo grotesco. […] Y, para
mí, una de las mejores obras de la dramaturgia argentina,
sin lugar a dudas, es “Stéfano”. Lo que me interesó
fue armar un proyecto que no sea poner “Stéfano”,
sino un proyecto que trabaje con cuáles son los mecanismos,
cuál es el dispositivo que está planteado en la obra,
explorarlo como paso previo “Babilonia”. Y, entonces,
de la mano de “Babilonia”, ir entrando al grotesco,
saliendo del sainete, conocer a fondo cuál es la maquinaria
que hay en el grotesco, establecer también conexiones con
el tema de la diversidad cultural, cómo aparece planteada
hoy por hoy, por lo menos en Buenos Aires, qué pasó
con las nuevas migraciones. El proyecto se llama “Los nietos
de Esteban”.
[…] Si podemos largarnos con estos materiales,
después quiero escribir un material nuevo que tematice los
mismos ejes hoy…
www.imaginacionatrapada.com.ar
29/6/2007 |