Artes Escénicas / Teatro / Matías Umpierrez - Entrevista

Andrés Binetti

Entrevista Matías Umpierrez: “Hay que abrir el pensamiento”

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Foto por Daniel Santiago Salguero

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Año raro este 2007. Hay una maldición china que dice “Ojalá que vivas tiempos interesantes”. De más está aclarar que esos tiempos interesantes suelen estar acompañados de cimbronazos para todos los gustos. En una época (la de estos últimos cuatro años) donde se puso el acento en la revisión histórica y la memoria, este 2007 fue como una especie de gran año retro hacia lugares muy recientes y muy oscuros. También, quizás por eso mismo, lo fue también, en la opinión de quien escribe, un momento donde se empezaron a plantar semillas. Las crisis hacen eso. Lo peor que uno puede hacer, es hacer de cuenta que no están ahí, que son meros accidentes. Pero siempre están por algo y para algo, son la cara visible de lo que venía pasando y de lo que está por venir, aunque esto último suele estar teñido de augurios optimistas o, más frecuente, apocalípticos, aunque más no sea por el hecho de que nadie sabe con certeza qué trae el futuro.

Desde el año pasado, el Centro Cultural Rojas viene sufriendo mutaciones y se ha visto como envuelto por una dinámica distinta. En Artes Escénicas, el nuevo (ya no tan nuevo) coordinador es Matías Umpierrez, y este año, desde su área, impulsó una movida caracterizada por la pluralidad y la búsqueda. El ciclo Óperas Primas, las Intervenciones/Rojas, el Panorama Work in Progress y el Laboratorioteatro con Gustavo Tarrío y Grupo Sanguíneo pasaron por la escena del Rojas. La curiosidad, además, fue que el Laboratorio puso como consigna trabajar con cuatro temas históricos desde una visión política. En un año que produjo simultáneamente, y de forma contradictoria, un proceso de despolitización (al estilo de la década del ´90) de la gente y también, como reacción, cierto germen de próxima reactivación, comenzó a aparecer la necesidad de tomar posiciones. En la propuesta de Umpierrez, sin embargo, no está la búsqueda de hacer, a la vieja usanza “teatro política”, sino de generar el encuentro y la discusión a partir de la experimentación y la búsqueda. Ni quedarse en la barricada, ni sacar la bandera blanca; intercambiar y debatir. Como cambio de aire es, al menos, interesante.

Era un jueves. Afuera, en la calle, ya atrás la semana de primavera polar, otra vez hacía calor. En el café del Rojas, el usual maremagnum de gente yendo y viniendo:

 

Con respecto al teatro, tiene que haber un cambio macro, ya no depende del artista en sí. Y, en mi caso de coordinador de teatro, tampoco de mí, porque yo necesito otras cuestiones que son políticas de arriba, que no son nuestras. Tiene que haber otra política cultural en la Argentina, eso es lo que pasa. Tiene que haber otro tipo de subsidios, mucho más poderosos de los que hay Argentina, tiene que haber mejores becas para artistas, tiene que haber mejores salas; la mayoría de salas son muy amateurs. Por ejemplo: un defecto que es completamente boludo, pero lo tienen todas las salas, es que no tienen lugar para guardar la escenografía. Entonces, vos estás sujeto a tener que hacer una obra con un metro por un metro de escenografía, porque es el lugar que te dan para el guardado de todo tu bulto escenográfico. Hoy el gran talento del escenógrafo es cómo hacer que una buena escenografía se guarde en un espacio muy pequeño. ¿Entendés?

No se toman en cuenta muchas cuestiones formales. Las salas deberían tener, como mucho, tres obras programadas muy potentes desde el montaje, desde lo escenográfico, desde la luz; deberían apostar a dos funciones semanales y no lo pueden hacer. Pero esto no es culpa de los teatro, no es que los responsables de ellos son malos y no lo hacen; es culpa de un sistema, de que no tienen buenos subsidios, de que tienen que programar un buen número de obras para subsistir. Entonces, finalmente, hay algo que no depende de ninguno de los artistas que terminan en el FIBA debatiendo sobre como se puede mejorar el teatro. Esto va más allá, incluso, del ministro de Cultura, estas son determinaciones que debe tomar un jefe de gobierno, un presidente, son ellos los que deben proponer mayor apreciación por el arte y mayores presupuestos en cultura. Lo que pasa es que, bueno… cuando estamos en un país que hay hambre, falta de educación, falta de trabajo… finalmente, el arte también termina siendo pobre. Es un momento muy raro; me parece que está bueno reunirse en masa y pedir esto, que no sean pedidos aislados, que sea una propuesta realmente decisiva por parte de los artistas. Pero, hasta que esto no suceda, se sigue haciendo política con eso. Porque se dice que Buenos Aires es la capital latinoamericana de la cultura, porque tiene tantos teatros, tantos espectáculos… pero la verdad es que la mayoría de esos políticos no van a ver realmente cómo están esos teatros. […] Nosotros, al lado de San Pablo, no existimos. Entonces, Buenos Aires no es la capital latinoamericana de la cultura.

- Me parece también que tiene que ver con un mensaje que se vino machacando durante muchos años sobre que la cultura no sirve para nada, que es sólo algo de elite. Cuando vas a un colegio y tenés chicos que son hijos de desocupados, que fueron hijos de desocupados, no es raro que te respondan que la educación y la cultura no sirven. Ahora se recompone un poco el acento en la educación, pero la cultura sigue viéndose como algo secundario. Obviamente, es algo que no podés cambiar en un año, pero, a mí, lo que me interesa, es cómo un puede ayudar a modificar esa situación… Porque, además, como decía Kandisnky, “el artista no está exento de obligaciones, sino todo lo contrario”. ¿Cómo hacés para que no crea que debe vivir en una burbuja y que la sociedad no lo vea como un ‘vago que dice que hace arte, para no trabajar’?

Lo que pasa es que el sistema apoya eso también. Si el sistema ubicara a los artistas en otro lugar, en un lugar donde el arte se ligara a la identidad de una nación, todo sería distinto. No sé, me parece que ahí hay una decisión política… Igual, algo está empezando a moverse desde hace poco. Yo este año empecé a escuchar amigos míos actores o directores, o gente en general dedicada al arte, diciendo esto. Es bastante nuevo, dentro de todo. Porque ya nos damos cuenta de que no podemos seguir así. No se puede más hacer obras con tres mil pesos. Entretanto, las seguimos haciendo. Digo, hay una resistencia, ¿pero hasta cuándo vamos a resistir?

- Me parece que hay una reideologización en el sentido positivo. Venimos de un buen tiempo de alergias a tomar posiciones fuertes sin que eso suene a que sos un extremista. Lo que nos falta es aprender a debatir y oponernos sin que eso signifique, solamente, poner bloqueos. Por todo esto es que me llamaba la atención, me da curiosidad, de dónde habían salido los ciclos de Teatro y Política que estuvieron armando acá en el Rojas

Mi idea era armar un laboratorio. Y, como todo laboratorio, necesitaba elementos impensados que se pongan en funcionamiento para que suceda algo nuevo. Me parece que hoy convocar a artistas jóvenes a trabajar sobre temas políticos es incómodo, ya partiendo de ellos mismos […] Muchos no tienen opinión formada sobre lo político. Es una generación que deja la política “para después”, muchos dicien: “yo voto en blanco”, “que se ocupen otros”, “la verdad que está todo cagado”, lamentablemente somos una generación que prefiere darles el poder a otros […] También por otro lado, escuché algunos artistas de la generación más grande, diciendo que nuestra generación planteaba un vacío y que el planteo estético era un vacío existencial. Que en un punto es cierto, y en otro no lo es. Hay una contundencia y hay una mirada, me parece, sobre “la nada” que muchos directores jóvenes plantean hoy. Una mirada concreta y política, creo yo. No asumir “eso” es como decir “yo ya no quiero más esto”, ¿entendés? Si lo asumo, tendrá que ser de otra manera y, como no puede ser, me corro. Entonces, la idea del laboratorio fue esa: trabajar sobre cuatro temas muy incómodos. De hecho, después del primer día que mostraron (Gustavo) Tarrío y (Grupo) Sanguíneo, fui a saludar a los actores al camarín y me dijeron “che, ¿por qué elegiste la política?”, “porque era un tema incómodo para todos nosotros”, “¡ah, claro! ¿no te gusta el tema?”, “no, no sé si no me gusta, yo quería un tema que fuera incómodo”.

  1. Una cosa que me causaba curiosidad era la elección de Grupo Sanguíneo, no por la calidad de lo que hacen, sino, sobre todo, por la historia que tiene de trabajar desde el humor, con el riesgo, quizás, de que se quedaran mucho con ese aspecto y entonces por ahí no exploraran otros costados…

 

Lo que pasa es que esto, más allá de que está la mirada del espectador y que siguen siendo espectáculos para el público, también son espectáculos para que ellos crezcan como artistas. Y ellos están todo el tiempo muy conscientes del tema del humor, de si se van mucho al humor, o si se ponen efectivos, o si sienten que se les está hundiendo el barco o cómo remontar esas situaciones. Y ellos, eso que me decís del humor, es algo de lo que son conscientes, por ejemplo en la primer función que hicieron…

- La de “Década del ´90”. A mi me gustó mucho, me había parecido que hasta parecía un espectáculo ya armado y cerrado.

Ellos se dividieron: a algunos les gustaba mucho, y otros me decían que se habían sentido muy mal. En la segunda función hicieron todo lo contrario, no había nada montado. Están intentando encontrar cuál es el balance entre la dirección escénica al mando de Gustavo (Tarrío), y su indagación sobre la representación, y el trabajo del actor por parte del Grupo Sanguíneo.  Entonces, hay un cruce que va madurando a medida que van pasando los temas. Yo, incluso, siento que faltarían dos temas más, a los que no llegaríamos igual.
Porque, a medida que va sucediendo el laboratorio, comienzan a aparecer territorios más fértiles que este equipo está empezando a encontrar.

[…] Creo que fue en “La Década del ´90”, cuando Gustavo se mandó por un lugar al final: hizo hacer, hacer, hacer a los actores, los cansó, y los agarró con una cámara (que proyectaba en simultáneo en una pantalla gigante) y les empezó a preguntar algunas cosas que ellos empezaron a descolocarse como actores. Empezaron a aparecer ellos como personas y, a la vez, querían recurrir al actor… Gustavo les preguntaba “¿a quién vas a votar? El actor intentaba hacer un chiste y Gustavo volvía: “No, no, te estoy preguntando en serio: ¿vos a quién vas a votar?” – porque eran la semana previa a las elecciones -, “Bueno, yo…” e intentaba volver al personaje, “No, no, vos, Juan Pablo, decime a quién vas a votar”, “Eeeeh, aaahh”, y ahí empezaba a aparecer algo que era un accidente puro, ¿entendés? Impecable, porque era un momento de mucha comunión con el público, porque uno entraba, y terminaban hablando de la política casi como se habla siempre de la política, de una manera en la que a uno le da miedo, y uno empieza a negar eso que sucede. Pero en el laboratorio esa manera usual, por accidente, estaba viva. Esos pequeños accidentes que se van armando por función los más rico de Laboratorioteatro. Son esos momentos los que a mí me interesan puntualmente, los que yo creo que hay que guardar, porque siento que son los momentos más sagrados del teatro.

[…] A la vez, no hay acá la idea de hacer política. No es “jugarse por una idea”, sino que me parece que es algo que está en la cabeza de todos y que el Rojas es un espacio claramente para experimentar sobre estos inusuales temas.

- Dentro de la coyuntura actual y de la que se viene, es como que hay un clima muy particular. El Rojas es una institución y tiene un nombre. ¿Qué rol, en el caso de las artes escénicas, te parece que puede cumplir o quisieras que cumpla?

Personalmente, lo que me interesa es que no sea un ghetto de un mismo movimiento legitimado por este Centro Cultural, que se legitime un mismo perfil de artista. A mí me interesa que pueda ser un espacio pluralista. Por eso estuvo Panorama Work in Progress, donde se presentaron claramente diez directores muy distintos entre ellos… ¿vos estuviste en la conferencia de prensa?

- Sí

Si te fijas, cada uno cuando hablaba desautorizaba al que estaba al lado. Era impresionante ¡Yo estaba feliz! Mi idea era que fueran directores que, en algún punto, no creyeran en la existencia estética del otro, ¿entendés? Algunos de ellos, igual sí, pero no entre todos. Entonces era: “bueno, yo para una obra de teatro trabajo mucho tiempo en el texto”, y el otro decía “yo no trabajo en el texto, yo no creo en el texto”. Entonces, a mí me interesa eso, que sea un espacio donde puedan dialogar directores que no se cruzan habitualmente y para darle al público la posibilidad de que ellos elijan también. En este Laboratorio está Gustavo Tarrío con el Grupo Sanguíneo, y el año que viene seguramente va a ser alguien de la danza-teatro, que va a entrar al Laboratorio desde un lugar muy distinto. […] Esto no es una ciencia exacta, entonces no hagamos eso. Algunos lugares se ocupan de hacerlo, hay una teoría, un perfil, pero yo no quiero que eso pase (aquí). No es una falta de elección, de decir “bueno, la verdad que no se qué responder”, sino que no quiero que sea así. Ojalá que lo pueda lograr. […] Yo, para el “Panorama…” del año que viene estoy seguro de que voy a llamar a gente con la que probablemente no compartamos estéticamente una misma mirada. A pesar de esto lo que sí veo, y siempre respeto, es cuando un artista tiene algo propio para decir, una mirada personal de las cosas. […] No me interesa que sea un espacio elitista de ocho pibes que sean los que roten por acá…

- ¿Por eso la recurrencia al “Work in Progress”?

En el caso de “Panorama…” nace a partir del interés por acercar al espectador al territorio de investigación de un director, a ese material en bruto que lleva luego a la construcción de un espectáculo.  Por eso es importante la diversidad, porque es un panorama de lo que sucede en el teatro hoy representado por teatristas de diversas estéticas, generaciones y el formato de work in progress devela los distintos caminos que se pueden tomar en el momento de la creación de un espectáculo.

- Y también esto de obra no terminada, de búsqueda

De ver cómo piensa. Y como construyen una mirada propia.

- Y esto, además, te expone (viene a la cabeza la frase con la que Tarrío comenzó siempre las funciones del Laboratorio: “no sabemos bien qué es lo que va a pasar”)

Hubo cosas muy interesantes, otras más relacionadas con la búsqueda, pero me parece que ese ciclo abre muchos lugares que están buenos. También la idea es ayudarlos, acompañarlos, para que después cuando estrenen afuera haya un interés por parte del público que siguió el proceso desde acá.

- Reformulando un poco lo que te pregunté antes: teniendo en cuenta que se comenta que lo que se viene es menos atención hacia lo cultural que no genere beneficios materiales directos, ¿qué puede pasar con el Rojas?

Yo creo que en el Rojas uno está, más allá de los límites que pueda tener la institución – de presupuesto, por ejemplo-, en un espacio que puede estar independiente a muchas limitaciones que plantea hoy la red cultural.  El Rojas es una de las pocas instituciones argentinas que reúne a todas las artes, históricamente siempre fue así. Pasaron, ya, muchos años desde su apertura y siempre pudo mantener su autonomía desde la ideas. A mí me daría mucha tristeza que se empiece a medir la cultura desde el costo-beneficio; en el caso que finalmente sea así el Rojas, inevitablemente, reforzará aún más su identidad.

- Y, como teatrista, ¿qué te gustaría que pasara?

Y, a mí me encantaría que hubiera un impulso a la cultura mucho más importante, que se incentivara una movida teatral mucho más potente que la que existe. Porque, también deberíamos reformular como hablamos nosotros, por ejemplo decimos:  “Bueno, nosotros, los artistas…” y estamos hablando en general de un mundo teatral que se remite a Villa Crespo, Palermo, Boedo y dejá de contar. Pero, afuera de todo eso, están los pequeños centros culturales con sus teatros barriales, donde van las señoras que ven la telenovela de la tarde y que en el fin de semana prefieren un espectáculo más cerca de su casa y que puedan entender con facilidad. A la gente, si le proponés espectáculos al alcance de su mano se interesa y, por ende, tiene que haber también inversión ahí.  Lo que ocurre con la arte popular y comunitario es que, en general, no es respectado y legitimado por la mayoría de la intelectualidad. Talvez en esos pequeños centros culturales o clubes no estén los mejores autores, ni los mejores directores, ni los mejores actores, pero eso sí educa y ayuda al público a acercarse a la apreciación del arte.  Creo que es un punto de partida elemental.

- El Teatre du Soleil, desde lo genérico, hace “teatro popular”, pero es un éxito comercial y de crítica, maneja un presupuesto que, probablemente, todos los teatros comunitarios de Buenos Aires no lleguen. Me parece que tenemos algo de prejuicio con respecto a lo que entendemos como “popular”…

Bueno, yo soy todo lo contrario. Me parece que si uno quiere entender y que entiendan que es importante la cultura, uno tiene que legitimar todo tipo de cultura, por más que no le guste (todo).  Porque me parece, que sino, criticamos lo que sin darnos cuenta somos. Este último tiempo empezamos a pensar mucho con José Miguel Onaindia (Director CCRojas) la idea de juntar a teatristas, periodistas, a todos el mundo para reflexionar sobre las políticas culturales existentes, comenzar el movimiento para que las cosas puedan cambiar. Y justo, también hace algunos meses, me comenzaron a llegar los mails de un director que empezó a mandar correos diciendo “Algo tiene que cambiar”…

- Sí, en esa movida están Juan Coulasso, Juan Pablo Gómez, Javier Acuña, Alejandro Casavalle, Lucho Bordegaray, etc, ya sumaron unas 80 personas (y el proyecto se llama Colectivo Teatral, que tendrá su primera reunión este sábado a las 14hs en el Centro Cultural Adan Buenosayres, en el Parque Chacabuco)

Ahí comenzamos a pensar que, tal vez, estaría bueno unir todo y dar un lugar donde poder pensar sobre el tema. Pero creo que si en estas charlas (no digo específicamente la de ellos)… pero si en estas charlas creen que, por ejemplo, el teatro comunitario (aquel que está en la periferia, incluso del off) no debe tener un lugar importante… desde el vamos parten de un error enorme. Esos espacios son centros de cultura y es importante que la misma gente entienda eso. Pero para que lo entiendan hay que ayudar más al teatro comunitario, hay que poner más teatros de grupos barriales, así el vecino va a poder decir:  “Ah, es importante… Porque el teatro cerca de mi casa me lo cerraron y a mí me encantaba ir los fines de semana”. Hasta que la gente no entienda eso, no va a pasar. Entonces, si uno se pone estratégico, hay que empezar por lo más básico. […] Lamentablemente si seguimos armando tribus vamos a terminar destruyendo, sin querer, lo poco que hay. Hay que abrir el pensamiento, ahora. 

www.imaginacionatrapada.com.ar
7/12/2007

 
   

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