Artes Escénicas / Teatro / Mísil Children - Entrevista

Prometeo. Hasta el cuello - Diego Starosta

Entrevista “Mísil Children” 1º Parte: “Uno imagina de noche porque, de día, todo está ahí, ves todo. En cambio, de noche no hay nada, está todo libre”

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Asociación Libre:

--- Entrevista “Mísil Children”2º Parte: “El teatro, para el actor, para el grupo, para el espectador… la necesidad de la representación…” - por Diego Braude

--- "Mísil Children": Volver a soñar - por Diego Braude

Comenzar por una confesión. A las entrevistas, voy siempre con un pedacito de papel. Nada de elegantes anotadores, ni sofísticados cuadernos. Puede ser una servilleta, una hoja usada del otro lado, un ticket del supermercado, o cualquier símil. En ese espacio poroso que puede absorber tinta, escribo preguntas, usualmente diez. Trazo un recorrido hipotético, una pequeña estructura. En la entrevista, ese vergonzoso trozo de papel, idealmente, reposa al lado mío; quizás, en algún momento lo miro, como para que no se sienta olvidado, pero nada más. Obviamente, es un ideal, pero creo que cada entrevista debe encontrar su propio camino, un poco como el free jazz, donde se parte de un tema y allá vamos.

Tres hermanas que no pueden dormir. Bueno, una de ellas no puede. Algo ha ocurrido, y ella entonces no duerme, no quiere soñar. Pasar la noche despiertas, jugando a que el día siguiente se acerque. Amores, rupturas, el recuerdo, el dejar que el recuerdo se convierta en historia, un poco de miedo a que el reloj no avance más, un poco de miedo a dejar que lo haga…

Desgrabando la entrevista a las chicas Mísil (Mariana Levy, directora y dramaturga, Julieta Halac, Salomé Boutani y Gisela Vlatko), pienso que va a quedar larguísima (lo que no sería una novedad, realmente, si alguno ha leído reportajes anteriores). Sin embargo, quizás sean los efectos de la noche, el cansancio y el alcohol, empiezo a encontrarle sentido a esa longitud – aunque se haga presente en un orden distinto a cómo fueron los hechos -, un ritmo que aparece, que, recortado – un poco, un poquito, lo está -, ya no estaría ahí.

  1. Con lo que le pasa a los personajes, ¿a ustedes qué les pasa?

Salomé Boustani – El motor de la obra es que mi personaje (Majo) no se puede dormir. En los ensayos se intentó explorar ese momento en el que todo el mundo está durmiendo, y la desesperación que te genera, que si es de día, no existe. En el silencio de la noche, en una situación que es claramente de una familia, que todos a cierta hora están durmiendo. Afuera, todo el mundo está en un mismo lugar de mucha quietud y vos estás merodeando por la casa, sin que haya ruido, ni que puedas prender la luz, y ¿cómo hago para que se me pasen las horas? Que a todo el mundo alguna vez le pasó. […] Incluso para los ensayos, era tiempo real de…

Mariana Levy – Yo les decía “Estén”, “Pero, ¿qué hacemos?”, “Nada”

Julieta Halac – También está el miedo. Para mí, el miedo cumple un rol importante en la obra. Cada personaje lo vive de una manera distinta, pero está el miedo a dormirse, a no dormirse, a qué pasa si me duermo, qué voy a soñar […] Mi personaje quiere tener todo bajo control… (baja la voz) mi personaje… Y le gusta mucho saber todo, y qué piensan todos, y qué hacen todos… (baja la voz de nuevo) mi personaje, claro… Eso habla, claramente, de una persona que tiene mucho miedo, porque tiene una enorme necesidad de tener todo bajo control, de que sea ordenado, de que las cosas sean como tienen que ser y de la forma que tienen que ser.

  1. ¿Miedo a qué tiene?

Julieta – A que las cosas se le vayan de las manos, a que sucedan sin su permiso, sin su anuencia

(acá iba un chiste sobre la palabra “anuencia”, que nadie va a entender, porque el entrevistador ha decidido editar para darle mayor continuidad al tema, y entonces ya no está)

  1. Esta cuestión en la cual los tres personajes le tienen miedo a la soledad, pero, al mismo tiempo, no terminan de salir de ahí. Por eso les preguntaba a ustedes qué les pasa con lo que les pasa a los personajes. Eso que es el amor, el desamor, la soledad, el no poder soltar, no poder volver…

Salomé – Cada una está en su propia caja. Así como tiene que ver con que todo transcurre en una noche, ese tipo de escenografía, esa cuestión de que hay algo ahí que es inmodificable, que se repite, y que es siempre la misma historia, que es un poco el monólogo que mi personaje tiene al final, de estar en esa caja, y que las historias son las mismas, y que pareciera como que esas chicas no van a vivir un futuro, sino que están todo el tiempo rodeándose de ese pasado y filmándolo y dejando constancia. El presente, para ellas, no existe; es todo en relación al pasado, y del futuro realmente no se habla. Si se habla, hay una cosa bastante oscura o negativa, porque los pocos momentos en que nosotras nos preguntamos, sobre “Mujercitas”, “¿quién creés que soy?” y “¿quién soy yo?”, ninguna de las tres ve mucha idea hacia futuro. Mi personaje piensa que no tiene nada que hacer y que está bien, en un punto, que ella se muera.

Mariana – También hay diferentes tipos de muerte, ¿no? Esto me lo estoy acordando por la charla. Una vez, hace muchos años, estaba en carpa, casualmente, de vacaciones, con un exnovio y una alemana

Salomé - ¿En ese momento era tu exnovio?

Mariana – Había sido hacía mil y no pasaba nada. Yo me había ido, porque me había enganchado mucho con un chico, y yo me daba cuenta de que si me quedaba en Buenos Aires me iba a enamorar de este chico y me iba a hacer mal. Entonces, me llama este exnovio y me dice “Me estoy yendo al glaciar, ¿querés venir?”, “Sí, ¿cuándo?”, “Mañana”. Y me fui, porque era la manera de escaparme, como yo digo: Me fui a Viedma - porque, aparte, el auto se nos rompió en Viedma, nos quedamos quince días en Viedma; un embole (risas) -. Estábamos en la carpa, y un día me despierto y anoto la pesadilla que tuve, porque era como que me perseguía… Hacía poco había fallecido un ser muy querido para mí, y en el sueño aparecía, estaba, pero estaba muerto y lo que significaba la muerte en ese sueño era que sólo podía hacer cosas que ya hubiera hecho, era no poder hacer cosas nuevas. Todos sabíamos que esta persona estaba muerta, pero, en realidad, lo que ocurría era que sólo podía repetir lo que ya había hecho. Interactuaba y todo, pero no podía generar nada nuevo. En algún punto, es lo que sucede en la obra, un volver y volver, pero no poder generar recuerdos nuevos, no poder salir de un lugar.

Julieta – A mí me pasa otra cosa con esto que están diciendo las chicas. Yo no lo tengo tan relacionado con la muerte. Detesto lo que voy a decir, porque me van a gastar, pero tiene que ver también con quién soy yo: para mí, es un goce, en el sentido psicoanalítico de la palabra. […] Yo trabajo mucho en, digamos, planchar mis rulos – no los de la cabeza -. No, fuera de joda, descubrir mis goces y zafar de ellos, y eso, entre otras cosas, tiene que ver con soltar. Así lo entiendo yo en mi vida, por esto que preguntabas vos de cómo lo relaciono con el personaje. Si hay algo que yo siento que vengo a aprender a este mundo, entre millones de otras cosas, es a soltar. Por eso soy Luli, y no soy Angie. Me parece que hay algo en eso de la repetición, que tiene que ver con “es lo que conozco”, “lo que tengo”, “y aunque me hace mierda, pero me aferro, porque, si no, me muero de la angustia y me da miedo”. Entonces, esta cosa repetitiva y esta sensación de no hay futuro, aunque haya - no hay futuro, porque si hago siempre lo mismo, no hay futuro real -.

  1. ¿Por qué la noche?

Mariana - En realidad, la obra, originalmente, tenía una historia mucho más compleja. Tenía tres planos temporales: el presente, el pasado, y el futuro. Era complejísima.  Tenía dos pasados, o un pasado y un presente, era rarísimo. El personaje de Angie se iba a París, porque después quedó como lo de Amy, que se iba a París (referencia a “Mujercitas”, que está mencionado en la obra), que era algo de su vida (de Gisela). Si me preguntás por qué la llamé a ella, una vez hablando en un baño filmando un corto, ella me contó que estaba casada. (risas) Cuando nos conocimos me contó que estaba casada. Me dice “Estoy casada”, “¿Cómo casada?”, “Sí, porque yo me fui a Francia y viví muchos años en Francia”, “¿Qué, te casaste con el chico con el que te fuiste?”, “No, me casé con otro”, “¿Con tu novio francés de ahora?”, “No, con otro, por los papeles”. Dije qué vida interesante, ¿no? Entonces quedó eso, porque aparte hablaban (los personajes de “Mísil…”) en idiomas; su personaje hablaba francés y había venido de Francia. La obra empezaba que ella llegaba de Francia y había abandonado a sus dos hermanas. Era como un gran melodrama…

(risas)

Gisela Vlatko – Era complicadísimo

Mariana - Entonces, cuando yo estaba escribiendo la obra en el verano, que tenía como varias cosas, pero no sabía de qué se trataba la obra. Sabía que pasaba esto, que pasaba lo otro. Tenía miedo que se haga marzo y que yo tuviera que decirles disculpen chicas, pero no pude.

(Elipsis)

Mariana – Como no podía escribir, entonces decía “hago algo práctico”, y desgrababa los DVDs (muchos de los ensayos fueron filmados y bajados a DVD). Decía: no tengo inspiración, pero esto lo puedo hacer, puedo ver los DVDs quinientas veces y anotar lo que me parece. Entonces, los tenía rotulados, dándole un título a cada ensayo. […] Aparte, mi novio, ese verano, tenía dos trabajos. Trabajaba todo el día, después venía y dormía, y yo escribía de noche; no nos veíamos nunca, una cosa rara. […] Así que desgrababa los DVDs en la Mac de él – la PC me la había hecho tirar -, con los auriculares, para que él pudiera dormir. Era la luz apagada, la luz de la Mac, el DVD y las voces de ellas todo el día y después intentaba irme a dormir. Daba vueltas, daba vueltas, daba vueltas, que es lo que pasa en la obra y lo que me pasaba a mí cuando trataba de escribir. Y un día, me acuerdo que lo desperté a él y le digo “¡Es un piyama-party!”. Me dice “¿qué?”, “¡Es un piyama-party, pasa todo en una sola noche!”, “¿cómo en una sola noche?”, “sí, todo el quilombo que tengo, pasa en una noche”, “pero, ¿cómo?”, “¡en una noche! Todo lo que no entre, va a ser un juego, pero va a pasar en esa noche”. Ahí se me organizó todo.

(la entrevistada Mariana comenta sobre un ejercicio en dramaturgia que realizó una vez donde, luego de un evento traumático, dos hermanas se molestan una a la otra permanentemente porque no pueden, o no quieren, dormirse. Es la imagen - que vuelve para la obra -, de la charla de cama a cama con la luz apagada, donde la noche se estira adrede)

Gisela – Y decís chau y seguís charlando. Y cada diez minutos, lo mismo.

Julieta – Cuando yo hablaba de todo esto con Javier, mi pareja, el me contaba que son tres hermanos varones y que el hermano mayor dormía en una habitación y él, con el del medio – Javier es el menor -, en otra en camas marineras. Cuando apagaban la luz y no se podían dormir, jugaban un juego: “¿y vos qué preferís?”, le decía uno al otro, “¿una Ferrari o un Lamborghini?”, preguntas de hombres, obviamente, ¿no? Entonces el otro respondía, ponele, “una Ferrari”, y contestaba “¿y vos qué preferís? ¿Un yate o un barco con cinco camarotes?”, y así jugaban con la luz apagada, de cama a cama. Y siempre mi idea con lo de Pinocho (un juego que los personajes usan en escena), que es como un Veo Veo de películas mezclado con Dígalo con mímica, y la idea esta de que es de cama a cama y que es casi a oscuras, porque, bueno, también es teatro y la gente quiere ver un poco…

Mariana – Nunca se da más luz que el 55% y la mayor parte de la obra está al 30% o menos, así que sí… o cuando tenemos las linternas, las escenas que están sólo iluminadas con linternas…

Yo escribo de noche, imagino de noche, y alguien me decía que uno imagina de noche porque, de día, todo está ahí, ves todo. En cambio, de noche no hay nada, está todo libre.

Julieta – […] Hay algo que, para mí, despierta la noche, que tiene que ver con el misterio, con lo no dicho, con la fantasía.

Mariana – Yo voy a contar algo personal – como si no hubiera suficiente -, que no sé si ellas lo saben. Es algo que, y creo que le pasa a más gente que a mí – o eso me dijeron (risas) -… sí, Freud habla de eso (risas)… […] Bueno, lo que me pasa a mí, porque ahora me pasa menos, no digo que no me pasa para nada, es que yo sentía que si me dormía a la noche, mi familia se iba a morir. Yo dormía de día. De día dormía bien, yo estaba tranquila que ellos seguían viviendo sus vidas, y muchas veces, yo dormía con mi hermana en la cama marinera de arriba, y bajaba para ver si estaba respirando. Además, yo tenía mucha vida nocturna, porque como era asmática, tipo tres o cuatro de la mañana, me despertaba a hacerme nebulizaciones, y es algo que es solitario, porque no ibas a despertar a alguien para hacerte la nebulización. Y mi juego era… el nebulizador se movía así, ¿no? (y muestra como si el nebulizador caminara hacia ella)… Eran quince minutos de embole total, y entonces a lo que jugaba era a que el nebulizador iba ta tan ta tan ta tan, cuando llegaba al final de la mesa, que estaba por caerse, yo lo volvía a poner allá y esperaba que volviera hasta acá, y lo volvía a llevar para allá… Iba al colegio a las seis de la mañana, y lo que hacía era dormirme tipo cuatro, despertarme a las seis y después dormir a la tarde. Pero había una cosa de mucha angustia de dormir de noche, siempre lo hice mucho mejor de día. En la noche había algo de tener que cuidar el sueño de los demás, para mí.

  1. ¿La idea cómo surgió?

Mariana - A ver, ¿cómo surgió? Yo tenía ganas de hacer una obra que me interesara. No mejor o peor, sino que contara algo que yo quería contar. Venía trabajando, como actriz, desde hace muchos años, contando historias que otra gente tenía ganas de contar. Entonces, contar algo con temas que a mí me interesaban, que a mí me obsesionaban. Y estaba, evidentemente, yendo por mal camino, porque nadie me iba a venir a decir justo “te propongo que hagas, como actriz, una obra que justo es la historia que vos querés”. Entonces dije: tengo que hacer la obra yo, y la voy a escribir, y la voy a dirigir; y no la voy a actuar, porque era mucho para un primer proyecto las tres cosas. Aparte, porque quería tratar a los actores como me gustaba que me trataran a mí, y quería estar como para mimarlas y contenerlas y, si yo también iba a estar en el momento de la función como una actriz más, la directora iba a ser inexistente.

Bueno, no sabía de qué se trataba la obra. No sé por qué, convoqué tres actrices. Fue medio caprichoso, pero siempre, desde el primer momento, supe que eran tres actrices y que era una obra sobre el amor.

[…] En algún momento se barajó la idea de llamar actores. De la obra tenía el final, que era lo de la carpa. No tenía nada, pero yo quería que hubiera una carpa y que, al final, terminara que se armaba la carpa. También tenía la escena del hotel, que es algo que me pasó a mí, y como que desde que me pasó decía “¡qué teatral! ¡esto hay que usarlo!” (risas) – que no fue exactamente así, pero un poco así -. Y tenía libros que me gustaban, y películas que me gustaban, que hablaban de esos temas.

[…] Hice una lista de libros y de películas, que vimos y leímos todas…. Bueno, algunas más, algunas menos (risas) Pero había como una sintonía. Algunas películas fueron: “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, “Alter Life” – los choreos están claros -, después “La ciencia del sueño”, que salió en el medio, mientras estábamos ensayando…

(La lista sigue e incluye “Vírgenes Suicidas”, “Vértigo”, etc)

(Elipsis)

Julieta – En marzo nos encontramos y empezamos a ensayar y, como dijo Mariana, con esta pauta de que ella lo que sabía era que quería que hablemos del amor, pero no sabía ni cómo ni dónde.

Mariana – Y de la ausencia y de las separaciones, era un poco la idea…

Julieta – Bueno, de todo lo que significa el amor, ¿no? El amor, el desamor…

Salomé – Te diría que no sé si el lado más oscuro, pero lo que queda, más que del amor en sí. Como que nunca se explotó cómo es la relación o…

Julieta – O el principio, la fascinación primera. No…

Mariana – Desde el recuerdo…

Julieta – Y lo que pasó, que para mí fue loco, que nosotras no sabíamos la vinculación entre los personajes en la ficción.

Gisela – No sabíamos que iban a ser hermanas

Julieta – No había una decisión. Mariana no planteó nada y nosotras tampoco. Y, cuando improvisábamos, no era claro qué eramos, tampoco, ¿no? Era, porque, bueno, estábamos buscando. Y a mí, justo por cosas que me pasaron en la vida en ese momento que estábamos ensayando, cuando ella pedía recuerdos, en vez de irme a exnovios, o cosas así, a mí se me iban a recuerdos con mis hermanos. De hecho me acuerdo uno, que salió en un ejercicio muy lindo que planteó Mariana, que estábamos nosotras tres en ronda y ella dijo – no me acuerdo si vos también estabas en la ronda -: “Cuenten algo que para ustedes sea muy importante, y con lo que crean que van a conmover a las otras”.

Gisela - ¡Ah, sí! Nosotras contamos cosas de exnovios, de rupturas…

Julieta – Pero lo que ustedes contaron estaba bien, era la pauta y a mí, lo primero que se me vino fue algo de mi infancia, relacionado con una crueldad de mis hermanos, y yo dije “bueno, yo voy a decir eso, de últimas ella me va a retar y me va a decir no, contá otra cosa, no sé…”. Decidí ser genuina a lo que me pasaba en el momento y…

Mariana – Yo ni me acordaba que habíamos hecho eso

Julieta – Y fue importante, porque después de eso ella nos planteó que actuáramos... digo, lo que conté yo que lo actuaran ellas dos, el que contó ella lo actuábamos nosotras y así.

Mariana - ¡Mirá que interesante el proceso!

(risas)

Julieta – Te presento a la directora

(risas)

Julieta – Estuvo bueno eso también, porque yo conté una situación con una hermana mía y después la representaron ellas

Mariana – Que, de hecho, ahí estaba el cassette. Ese fue el primer cassette que tuvimos (Majo, la hermana menor en la ficción, anda, créase o no, con un pasacassette en el que escucha viejas grabaciones de ellas mismas).

Julieta – Fue una situación con un cassette, que fue el germen, me imagino, en Mariana, de escuchar en el cassette cuando éramos chicas, que era parte de la anécdota que yo conté.

Mariana – El cassette surge también de lo que yo llamaba mi “kit analógico”. Yo en esa época convivía con un montajista, que tenía su Mac y todo rechiquito y lindo, y yo tenía una PC de hace diez años y en esa época una de mis changas era desgrabar clases para mi papá y para otra psicoanalista. Entonces, tenía unos auriculares así de grandes, parecidos a los que están en la obra, un grabadorcito, que mi papá le dice el pianito, porque tiene todas las teclas así… los Panasonic… ¡tiene contador! La PC gigante, que ocupaba todo el escritorio, los auriculares grandes y el grabadorcito, y aparte estaba a la entrada de mi casa. Entonces, cuando alguien entraba y miraba decía “¿qué es esto? Es muy feo”…

  1. Terry Gilliam, a lo “Brazil”

Mariana –Entonces, cuando me decían eso, yo, para ser cool, decía “no, mirá, la verdad es que es mi kit analógico”. Entonces, ahí se me ocurrió lo del cassette, con el grabador este, usar los cassettes y que la música saliera de ahí.

(Elipsis. La conversación se desvía hacia, asociación libre mediante, hacia infancia en los ´80-Madonna-pelo teñido-pelucas-historias reales de uso de pelucas por parte de dos de las entrevistadas con fines teórico prácticos en la vida real… o no-… vuelta al orden)

Salomé – Algo que me parece interesante de la obra es que es como muy personal, pero hay una sensación en la que yo no sé personal de quién. Por un lado, muy personal de la autora…[...] Mucha gente piensa eso, que es una obra muy personal. Y yo, igual, lo digo por nosotras mismas, por cómo fue la creación y todo, que a través de algunos ejercicios, ahora que hablábamos de esto, que me acuerdo que era traer de nuestra casa recuerdos, souvenirs, cartas, de todo tipo, y ahí surgieron cosas del amor y de la infancia; canciones de la infancia que habíamos inventado para el segundo grado…

Mariana – Que quedó afuera de la obra y ahora Salomé te lo va a cantar

Salomé – No

Mariana - ¡Por favor! ¡ Por favor!

Salomé – Bueno, canciones, por ejemplo, era mi caso. Yo canté una canción para el cólera para el segundo grado, y Mariana me torturó para que la cantara y bueno, ellas se la aprendieron.

(A pedido del público…)

Gisela – Este es el fin, pero puede ser el principio de otra nueva vida… en otro país…

(risas)

Salomé - ¡Cólera! Lo vamos a derrotaaar
¡Cólera! No, pará…

Coro - ¡Cólera! Es nuestro enemigo y tenemos que ganar

Salomé - Más vale prevenir que curaaar
No nos dejemos sorprender
Y vamos a batallar, y poco a poco vamos a gaaanaaar
Él es el que ensucia y hace daaaño… No, enferma… el que enferma y hace daaaño

Coro - Él es el que ensucia la ciudad

Salomé - Bueno, era una cosa así… que, además, ¡yo me gané un premio! Y ahí (en la obra) está, que en el cassette yo me gané un premio , por eso te digo…[…] Como que se sacaron un montón de cosas de cada una y de temas que todas teníamos ganas de compartir, en algún punto. Todo era una especie de “¡qué bueno que me hagan hacer esto!”

Gisela – "Qué bueno que está revivir este momento"…

Salomé – Varias veces nos pasaba que nos sentíamos muy identificadas con “¿es un recuerdo personal de quién?”.

Julieta - Por más que, obviamente, Mariana la escribió y, seguramente, tiene mucha más presencia la vida de Mariana, hay algo de esto que dice Salo que yo estoy de acuerdo, que pienso que es como una mezcla, un licuado de todos los recuerdos, de todo lo que contamos dentro del ensayo y fuera del ensayo.

Gisela – Porque parte del ensayo era…

Mariana - El tecito

Gisela – Para charlar de nuestras cosas. Pero era en horario de ensayo.

Julieta – Todo empezó porque el lugar donde ensayábamos hacía frío. Dijimos de tomar un té para calentarnos, y eso derivó en una charla, mientras tomábamos el té. Y ahí se hablaban de cosas de todas y como que también se generó un poco el vínculo entre nosotras tres.

(Elipsis)

www.imaginacionatrapada.com.ar
1/10/2008

 
   

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