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Moro Anghileri

Entrevista a Moro Anghileri: En construcción permanente

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Día Exterior Calle de barrio

Un auto estaciona. De él se baja un hombre joven. Se calza una mochila al hombro y mete un pique de una cuadra. Identifica el café que está buscando. Frena. Que no se note que viene corriendo.

Día Interior Café

Asociación Libre:

--- “Antes Muerto”: Te amaré hasta matarte - por Diego Braude

FX: ruido de máquina de café (fuerte), bandejas, tazas y platos, algún carro con facturas que entra o sale de la cocina

Se abre la puerta. El hombre joven entra. Ni rastros de que llegó corriendo, salvo los escasos minutos de demora (posteriormente, explicará la mala decisión que es tomar por Córdoba para cruzar Juan B. Justo a esa hora – media tarde -). Panea con la vista las mesas. Sobre la derecha, contra la pared, al lado de la puerta vaivén de la cocina, le encuentra. Ella está leyendo el diario, así que no lo ve. Él se acerca, quedando de frente, del otro lado de la mesa. “Moro, ¿qué tal?”

NR: “Moro”, como ya explicara Mariana en numerosas en entrevistas, es por “Morocha”, “Siempre he sido Moro, por morocha, para los amigos, los íntimos, así que decidí unificar.”

(Empiezan charlando sobre la utilización del video en “Antes muerto” – de hecho, se rodó en 16mm y con un estilo de realización netamente cinematográfico, lo que elevó el número del equipo de la obra a 90 personas -, y de la necesidad de que no sea algo que cobre un protagonismo propio, sino como algo orgánico a las necesidades de la obra)

- Bueno, en realidad, mi primer pregunta era esto otro, con respecto a tu diversidad (es actriz, directora, guionista, dramaturga, en la obra-película que producen para el Festival Internacional de Buenos Aires también realiza la dirección de arte), de si no tenés algún caso de personalidad múltiple. Además que esa sensación se refuerza cuando uno entra a tu sitio, que me gustó mucho cuando entrás (hay un personaje femenino que, al seleccionarse alguna opción, es escinde y se vuelve dos personajes distintos que se miran)…

(risas) Pensé lo mismo. Que es medio psicótico, ¿no? Sí, ya algunos me dijeron. Eeehh… sí, puede ser (risas) El otro día… sí, puede ser. Como que siempre viene todo, se da muy… como que se da muy naturalmente. Pero me parece que es todo parte de lo mismo. Es cierto que son distintas fascetas, o que para cada cosa usás una parte distinta del cerebro, pero, en algún sentido, puede ser… (risas)

- Leí una entrevista que te hizo en su momento Moira Soto (para Página/12), por “Buena Vida Delivery” (2003, y el film ganó el premio máximo del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata el 2004), y contabas que habías empezado por el teatro, pero no decías cómo habías llegado al cine.

Yo empecé estudiando teatro y actuando, pero muy rápidamente – a los 19, creo -, empecé a estudiar cine – en la Universidad del Cine -. Y ahí… mirá, me acuerdo que me fui a inscribir y ya en la puerta me habían parado los chicos de “Mala Época” , para la película, que finalmente no hice. Pero, te quiero decir, que ya ahí estaba bastante en contacto con directores - futuros directores -. Y, un compañero mío de la facultad era Juan Villegas, que a los dos años filmó “Sábado”, que también, me llamó para hacer la película (y esa sí la hizo). Me encantó, pero, por eso digo, como que se dio muy naturalmente todo. Yo, por un lado, estaba actuando en esa época – no me acuerdo qué estaba haciendo, pero estaba actuando un montón en teatro -, y, en paralelo, estaba estudiando cine, y, en paralelo, un compañero de la facultad me pedía que actúe en su película.

- ¿Y en la FUC que estabas estudiando?

Dirección

- A mi me gusta encontrar líneas, como trazados en los caminos que va siguiendo la gente, y con vos medio que me costaba. Como que no hay una, sino varias. Digo, trabajabas con Muscari, pero después hacías de Adela en la versión de “La Casa de Bernarda Alba” que puso el San Martín, o trabajabas en “Sábado”, con el tipo de actuación que usa Villegas, y después hacés algo mucho más naturalista para “Buena Vida Delivery” – que me gustó mucho -…

Sí, a mí también me gustó mucho

- Digo, entonces, en esta diversidad, ¿qué te tira de cada proyecto?

Mmmm… me parece que, en cada uno, cosas distintas. Lo que pasa es que hay proyectos que me despiertan particular interés porque hay una investigación, o porque siento que es algo que nunca hice. También me pasa con directores, que me da curiosidad conocer, o trabajar con, o ver cómo trabajan. Como que siempre estoy buscando el director ideal, ¿viste? Me llaman para un casting o algo, y yo siento que estoy casteando al director, en algún sentido, porque… de verdad, porque hay algo que es muy importante, que es que te estás poniendo en manos de alguien para trabajar, y no es joda. Porque la podés pasar muy mal en manos de alguien que no te vas a llevar bien, o un psicópata, ¿entendés? Entonces, por eso, me parece importante ver más allá de querer hacer una película o no, si la vas a pasar bien o no, porque después es una convivencia muy intensa. Por ahí estás tres meses con mucha cercanía, pero una película es mucho más larga que eso. Hasta que se presenta, hasta que se estrena, hasta que se hace la prensa… y ni hablar del rodaje. Entonces me parece, en ese sentido, me parece importante pegar onda con el director o pensar que hay algo en esa persona que tengo que aprender aunque no me guste, o aunque no sea el cine que a mi me gusta, o el teatro. Son intuiciones. Creo que cuando tengo la intuición de que hay alguien que tiene cosas de las que yo puedo aprender…

- En teatro fue más rápido el paso de actriz a directora.

Sí. En teatro creo que a los 23 había dirigido la primera, que era “3ex”. Y sí, venía actuando hacía un tiempo, pero la primera vez que dirigí tenía esa edad. No sé bien cómo fue, ya no me acuerdo, pero creo que de atrevida. No sé, no tenía mucha expectativa. O sea, tenía ganas de hacerla. También es cierto que venía trabajando con Muscari, que tenía más o menos la misma edad. Quiero decir, que no era algo muy descabellado.

[...] No lo pensé en gran escala, en realidad. Tenía ganas de investigar algo muy chiquito, y, a la vez, eso fue creciendo, y también el grupo que se armó para ese espectáculo estaba buenísimo. De hecho, es toda gente que me encanta lo que hace ahora también, que son amigos también. Como que se dio una cosa que a mi me sorprendió que ellos aceptaran, digamos. Porque yo les conté medio tímidamente, y no estaba segura ni que a ellos les fuera a interesar. Y se armó este equipo de gente, y la obra superó las expectativas de todos, pero lejos.

Ese espectáculo era una obra que se llamaba “3ex”. Se trataba como del momento… ampliar el momento en que uno cierra los ojos y decide no estar más con alguien. Entonces tenía algo… era en blanco y negro, era una obra como con cierta reminiscencia del expresionismo alemán en cuanto a los maquillajes y a cierta estética, digamos. La única luz del espectáculo era un proyector de diapositivas en blanco y negro, que eran unas fotos increíbles de Ana Gilligan, que es una fotógrafa que me encanta. Con esas fotos reencuadrábamos todo el tiempo el espacio. Entonces se iban montando cosas que tenían que ver con los recuerdos de cada uno. Por un lado, era muy surrealista, porque, digamos, de cómo se hilan los recuerdos y a qué velocidad, en cada uno de los personajes, sobre las historias de amor que estaban dejando, que eran un delirio, pero que tenía un montaje y un edición que, por ahí también, decía en ese sentido que era bastante cinematográfico, que tenía que ver con esa velocidad que daba la posibilidad de editar a partir de la luz.

- ¿Qué encontrás en el teatro y qué encontrás en el cine?

En el teatro encuentro una cosa como muy artesanal, por un lado. Y, por otro lado, la posibilidad de investigar. Como que en cine es más serio. Es decir, me refiero a más serio en el sentido que lo que hacés se imprime y no hay posibilidad de volver a hacerlo, digamos. No es que queda en tu memoria. El teatro es muy visual (también), pero todo está en función de lo que ocurra esa noche y en esa función. Si bien trabajás durante meses para preparar algo, o años para preparar algo, luego, la verdad, lo que ocurre cada noche es incontrolable. Puede salir perfecto, puede salir un horror, o puede salir todo lo contrario a lo que te esperabas o habías armado. Y eso me parece que te da, por un lado, mucha cintura. Por otro, la posibilidad del error, que a mí me parece que es muy importante. Y también eso, la posibilidad de experimentar cosas. Por ejemplo, en cine cada experimentación cuesta una fortuna, y cada minuto de rodaje cuesta una fortuna; entonces, también, hay otras limitaciones. Y, por otro lado, el cine tiene una posibilidad de detalle que no tiene el teatro. Tiene que ver con el tiempo, con el detalle en que se planea cada escena, cada toma, cada movimiento, cada personaje. Y, segundo, tiene que ver con la posibilidad de tener planos cortos, detalle, la cámara ve cosas que uno no ve, que el ojo no ve, y, entonces, eso… no sé, me parece que hay un vínculo con la cámara que a mi me parece que es muy…

- Que es muy raro…

Muy loco, porque no sabés qué es lo que pasa. Y, de hecho, suceden cosas que no ves con el ojo, no las ves, o sea, cuando ensayás. Vos ves una parte. Ahora, cuando ves el material revelado, ves cosas que no… que sí sucedieron, que claramente tenés el recuerdo de que sucedieron, pero que no se ven ahí (en aquel momento), y eso es muy fuerte, también.

(El entrevistador se va por las ramas – es sabido que no le cuesta -, y relaciona con la experiencia personal de estar detrás de cámara – en el caso puntual mencionado, fotográfica - y el clima que se crea al construir una ficción)

Es que hay algo que tiene que ver con… distintas formas de comunicación. Cada una tiene, no sé, está llena de… El otro día hablaba de algo que me parece también apasionante, hablando de “Antes muerto” y de la posibilidad de hacer funciones. Una cosa es hasta el estreno, y otra es cuando las funciones arrancan, porque empieza otra historia. Es raro. Hay algo en el hecho de hacer funciones que es muy loco, porque tiene que ver con repetir infinitamente – o muchísimas veces, si tenés la suerte de hacer muchas funciones – una serie de acciones, de gestos, de textos, que son siempre los mismos. Pero claro, entrás en un nivel casi obsesivo con los detalles, que al final nunca es lo mismo; vos estás repitiendo las mismas cosas, lo que pasa es que la comunicación, la gente, el público, lo que se escucha, tu compañero, todo es distinto, pero lo que vos hacés es prácticamente siempre lo mismo. Por lo cual entrás en algo que es bastante abstracto, en el sentido de que estás en otro registro… digo, normalmente no tenés tiempo de darte cuenta de las millones de cosas que pasan por segundo. Te enterás de lo que podés, yo que sé, vas y hacés. Tomás café y tomás café; no estás pensando todo lo que pasa y lo que vos pensás y lo que está pensando cada uno, ¿entendés? Cuando eso se repite, se repite, se repite, como el Día de la Marmota, empezás a ver un montón de detalles.

- Como si tomaras distancia

Claro. Entonces me parece que, en un punto, digo, lo que pasa frente a una cámara, lo que pasa haciendo función, en cualquier caso son distintos tipos de comunicación que lo que hacen es como si, en algún sentido, se suspendiera el tiempo y vos pudieras tener otra capacidad de registro, ¿viste? Como si, de golpe, hubiera cosas que están o en cámara lenta, o con la cámara tenés como un ojo que te cubre entero. Entonces, estás como envuelto por la mirada, una mirada muy fuerte, que es algo de lo que, encima, está quedando registro. […] Y la comunicación con el que está detrás de cámara también es muy inquietante, con el director o con… qué se yo, creo que se vuelve abstracto el accionar del que está delante, en el escenario o de la cámara.

- ¿Te pasó de sentir que estabas viendo de lejos?

Síiii. Sí, claro. Pero es que en cine, además, también, es como un ejercicio que empezás a tener muy claro, no sé si muy claro, pero sí muy presente, que es el tamaño del plano, porque no cuenta lo mismo una cosa que otra. Y a vos te modifica, porque estás trabajando en función de eso que se está contando. Me parece que hay algo que tiene que ver con la totalidad del proyecto, o del producto, en el que estás trabajando, que no podés no saber lo pequeño que sos dentro de ese proyecto. O sea, sabés que hay algo de las dimensiones que vos tenés dentro de ese algo que es importante que conozcas. Entonces, digo, las dimensiones en cuanto al tamaño real y en cuanto al sentido total, que sería que hay (muchas) personas, y cada una está mirando un detalle, y hay algunas cosas que tenés que tener en cuenta y saber, y ver entonces cómo vos contás lo que tenés que contar en función de eso, de dónde está la cámara, de cuál es tu luz, de con quién estás, y de dónde viene y hacia dónde va esa historia. Porque, además, seguramente está editada y vos venís de un lugar y después vas a otro.

- Ahora por ahí ya estás acostumbrada, pero, al principio, ¿no te resultaba raro verte después en la pantalla (grande)?

Síiiii. Ahora también… (pero) sí, es verdad, estoy más acostumbrada. Antes me costaba mucho.

- Porque supongo que llega un momento en que te la creés y te agrandás o, simplemente, no te llama más la atención. Pero al principio, de golpe, verte en una sala (el entrevistador sigue pensando en las dimensiones de la pantalla).

No, a mí lo que me ocurre con eso es que, por un lado, ciertamente que es más tranquilo que antes, que me moría del miedo y la vergüenza. Bueno, eso, por ahí, no me pasa tanto, pero igual sí me pasa, eh. Porque si hay un desnudo no te puedo explicar. O sea, no lo puedo ver, directamente, no lo tolero. […] Pero, lo mismo que te decía antes, probablemente sea más mi cabeza, que funciona así, que es que empiezo a ver más cosas de las que quiero trabajar, por ahí, en un futuro… Porque también es cierto que, en un primer momento, que tiene que ver con la ingenuidad de cuando por ahí actuás peor, que en realidad es muy (busca la palabra) genuino, que me parece que eso también es semilla de lo que después me pasa – con otros actores, sobre todo, pero lo vuelco en mí también -. Cosas que, en principio, hasta podrían incluso verse como error, pero creo que eso es semilla de algo que luego va a madurar con el tiempo. Y a mí me gusta mucho hablar de otras personas, ver el recorrido que hacen a través de la vida. Es más fácil con los que ya están viejos o con los que ya están muertos, porque tenés su obra completa, pero con los contemporáneos o con los amigos me pasa lo mismo. Es como que, claramente, yo veo que van madurando o hacia qué lugar van. Y conmigo me pasa lo mismo. Hay cosas que yo también, algunas soy consciente y otras las veo como una espectadora, y también digo “tal cosa no funciona” o “no me gusta” o “esto no lo puedo evitar, porque vino conmigo, pero qué se yo, habrá que trabajarlo”… Y después eso se lava y, probablemente, la próxima vez cometa los mismos errores, porque es cierto que también son tus posibilidades o tus limitaciones, pero trato de trabajar sobre las cosas que me parece que están mal.

- Me decías esto de ser voyeur, ¿cómo es esto de ser voyeur de vos misma (en “Antes muerto”)?

Es un garrón. Es un garrón, porque no sé, no sé si lo vuelvo a hacer, esto de estar en los dos lugares al mismo tiempo. Como que fue un capricho, porque quería hacer ese personaje, porque me gustaba el personaje, pero, en realidad, no está bueno. O sea, está bueno estar afuera o estar adentro, pero las dos cosas no. Y, en este caso, también, es que el equipo que se armó en función de la obra está buenísimo. Entonces, en ese sentido me pude relajar mucho y confiar en la gente que estaba mirando – porque yo estaba adentro -. Hicimos funciones para que yo mire, con otros actuando, pero no es lo mismo, porque era gente que estaba leyendo la obra, pero ni éramos nosotros, ni estaba actuada, entonces era, bueno, más o menos como imaginarlo. Digamos, ver luz, o ajustar ese tipo de cosas, pero, la verdad, es que yo nunca ví la obra, entonces también es difícil dirigir – en ese sentido -. Por otro lado, es una obra que está muy “craneada” desde un principio; “acá pasa tal cosa, acá pasa tal otra”. Está muy, muy pensada, y muy editada previamente. Pero, por eso, terminé también compartiendo la puesta en escena con Mara (Bestelli), que hace la dirección de actores, y con Pato (Álvarez Casado), que hace la producción, porque son dos miradas fundamentales en las que también me puedo apoyar para contar esta historia.

- Lo que me llamaba la atención es que es una obra que tiene mucha producción, sobre todo para una obra que no está en la calle Corrientes…

Sí, ¿cuándo recuperaré…? (risas) Sí, lo que pasa es que, también, se dieron muchas cosas. Yo hace como tres años que estoy dando vueltas con esta obra, y tenía que ver con conseguir un buen modo de hacerla. Y un buen modo de hacerla tenía que ver con una buena producción, pero, por otro lado, con un buen equipo. Y una buena producción no necesariamente es plata, es infraestructura, es gente que pueda operar o que pueda filmar una película como la que filmamos, porque no es fácil, y se requieren determinados elementos. La producción de Revolución, lo que tiene de bueno, es que… a ver, está Patricio y está Yamila (Bortnik), que son productores, que son geniales, y eso está buenísimo, está la infraestructura de Revolución, que es una productora sobre todo de publicidad y de cine, y que era la primera vez que hacían teatro – entonces, toda la gente de la productora súper entusiasmada con la obra. Nos prestaban, no sé… estaban haciendo un comercial de otra cosa y nos conseguían una máquina de humo, ¿entendés? -.

- ¿Lo volverías a hacer?

Dentro de unos años (risas) No, sí, estoy recontenta. Lo que pasa es que este año fue… venía trabajando bastante, pero en cosas de otros. Y este año me dediqué a dos caprichos que tenía, que uno es “Antes muerto” y otro es “Súper”, una película que escribimos con amigos y que filmamos con muuucho esfuerzo y muy poco dinero, pero que está buenísima. Estamos muy contentos. Que es para el festival, ahora, de teatro.

- ¿Lo del festival cómo salió?

Lo del festival es el Proyecto Cruce

(excursus en el cual entrevistador y entrevistada mencionan las virtudes del Proyecto Cruce y se menciona de paso la costumbre de trabajar con poco dinero – y la consecuente costumbre de no saber manejar presupuesto cuando lo hay -, las dificultades de producir y vivir de la profesión, etc.)

- ¿Y cómo es lo del autocine?

Tiene que ver con el autocine, que es la búsqueda de recuperar una forma de ver cine que, igualmente, lo estuvieron haciendo este último año no sé en donde (el autocine de Quilmes)… Lo que tiene el proyecto, que liga la radio, el teatro, el cine, es que la película se va a terminar en vivo. Quiero decir, el doblaje va a ser durante la proyección. Va a haber gente que va a ir al autocine en su auto, otros caminando, con su walkman (o, para estar más acorde a los tiempos, reproductor MP3 con radio). Va a salir por la radio, por una frecuencia de radio, pasan la película por una pantalla y, debajo de la pantalla, vamos a estar nosotros doblando en vivo, con la música, con el sonido, con efectos. Me parece que lo que tiene, justamente, es ese cruce de disciplinas.

- Y, dentro del polirubro, ¿nunca te tiró escribir? Digo, tipo novela…

Sí, tengo la… (se hace un silencio y la mirada de la entrevistada va más allá de la cabeza del entrevistador, paneando hacia su izquierda)

- (acercándose al grabador) Acaba de pasar una torta de chocolate con dulce de leche

(risas) ¡Qué ricooooo! (volviendo) Vos sabés que, en algún lado, tengo la fantasía de que cuando sea más grande, o en unos años quizás, me vaya a vivir al campo, como no tengo ganas de estar en la ciudad… De hecho, ahora mismo me quema, pero lo que pasa es que es necesario porque está todo lo que necesito, no tengo la posibilidad de irme. Pero me gustaría, en un futuro no muy lejano, irme a un lugar… o sea, no estar tan vinculada… Ahora trabajo todo el tiempo con mucha gente, y me encanta, y mi obsesión es la cosa grupal, y cada vez nutrirse más en el equipo y en el grupo con el que trabajo, que a esta altura son súper selectos – creo que tuve mucha suerte con los equipos que armé hasta ahora -. Me pasa ahora que conozco mucha gente, o sea, porque ya trabajé con un montón, pero, si bien vuelvo a elegir a los mismos, es porque se arman cosas muy buenas. Pero, también, tengo la idea de, en algún momento, poder trabajar un poco más autista. Como algo más solitario, y no necesitar tanto de la ciudad. Eso sería escribir (risas)

Creo que todavía no estoy preparada. Me gusta escribir, me encanta, pero no sé, evidentemente no me sale escribir un libro o algo por el estilo. Me salen cosas más cortas. De hecho, todavía no pude escribir un largo. Me encantaría escribir un largometraje, pero me es muy largo, me queda grande, ¿entendés? Es como que de a poco, yo que sé… Me encantaría, y está ahí, y está en mi fantasía, escribir lo que sea, escribir, pero viene por partes, viene de a poco, todavía no pintó.

- ¿Puede ser como que vas apareciendo de a poco?

Puede ser

- Porque esto que te decía, este vicio que tengo de querer encontrar líneas. Y, escuchándote, es como que en tu caso, la línea se va formando. Digo, en el caso de otra gente que conozco, o que he entrevistado, como que esta “línea” ya estaba trazada, o era más identificable, y en tu caso no, como que está en formación.

Sí, lo que pasa es que hay algo en general, que me ha ocurrido desde pequeña, por distintas razones, que tiene que ver con lo autodidacta, que es tener la idea de que hay algo en uno que va despuntando de a poco, y que no se puede forzar. Uno se puede esmerar en aprender, en tratar o en trabajar más, pero las cosas salen a la luz cuando tienen que salir a la luz. Ni antes, ni después. Y a mí me pasa conmigo que hay algo, de mucha voluntad y de obsesiones, que trato de darles cauce e ir dándoles forma; el resto no depende de mí. Hay cosas que no las sé y no las sé, o no las entiendo y no las entiendo, o todavía no pintan y, no pintan. Pero sí tratar de ir encontrándole la forma a las cosas que siento que salen.

[…] El estilo es algo en lo que yo no creo, pero no creo no porque no exista, sino porque me parece que es una limitación que uno se pone muchas veces para encuadrarse en algo y que sea más fácil de, o para tapar las ausencias. Y me parece que uno debería poder aguantarse estar desnudo, y que esas ausencias se vean. Que las limitaciones propias se vean, porque son parte de la obra, también. No es necesario cubrirlas de vicios, ¿entendés? o de firuletes. A mí me gusta mucho la obra, en general, cuando está desnuda, y cuando no te la dan cerrada; “yo soy así, pienso así, y esta es mi obra, y en este momento estoy haciendo esto, después voy a hacer otra cosa que no sé si va a tener que ver con esto”. Y, cuando ves en el tiempo, seguramente todo tenga que ver con todo. Pero que no sea una elaboración previa del director o del autor de la obra, a priori de la obra.

Recursos Web:

http://www.moroanghileri.com/ - Sitio Oficial de Moro Anghileri

http://www.pagina12.com.ar - Entrevista a Moro Anghileri por Moira Soto

http://www.lanacion.com.ar - Nota sobre "3ex" en IMPA, por Alejandro Cruz

http://www.elmundo.es/papel/2003/02/11/madrid/1333673.html - Nota sobre "Alicia murió de un susto" en El Mundo (España)

www.imaginacionatrapada.com.ar
24/8/2007

 
   

¡IMPORTANTE!: Este artículo que está/s leyendo, los listados a continuación y los que se encuentran en este link, pertenecen a la sección de Artes Escénicas de Imaginación Atrapada discontinuada el 15 de mayo de 2009 . Las notas publicadas luego de esa fecha se encuentran en la nueva sección. Para ir a la nueva sección, clickear aquí o en el menú superior en Artes Escénicas

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