Teatro

"¿Estas ahí? ":
¿Estás ahí, amor?
Lix rlix@fibertel.com.ar
Escrita y dirigida por
Javier Daulte Con Gloria Carrá y Héctor
Díaz Iluminación: Javier Daulte
Vestuario: Mariana Polski Escenografía:
Alicia Leloutre Diseño de sonido: Pablo
Ratto Asistente de dirección: Marcelo
Pozzi Producción: Díaz de Gloria
Prensa: Duche&Zárate.
Trabajando desde el humor "¿Estas
ahí?", de Javier Dualte, cuenta la historia de Francisco
(Héctor Díaz) y Ana (Gloria Carrá), una pareja
que se muda a un pequeño departamento en Constitución
y se encuentran con un imperceptible inconveniente Claudio, un
fantasma que habita allí.
Durante la primera parte de la puesta vemos cómo Francisco
maneja con dificultad la relación con este ser invisible
intenta comprenderlo y mantenerlo contento a pedido de Ana, poco
tiempo después lucha con Ana y con su madre por teléfono,
termina negociando constantemente con los tres, buscando un equilibrio.
Al mismo tiempo vemos cómo Héctor Díaz le
otorga, a través de su cuerpo, corporalidad a Claudio;
ayudado por el tratamiento escenográfico, las puertas se
mueven, los cajones se cierran sin que nadie esté allí
para hacerlo. La prolijidad del trabajo del actor hace que aceptemos
este pacto rápidamente; hay un tercer personaje en el escenario,
que no vemos, pero que “está allí”.
Pero toda esta introducción a Claudio
es el elemento que anuncia lo que sigue, ya que sorpresivamente
Ana tendrá un accidente y aunque nosotros veamos a Gloria
Carrá en el personaje, esta pareja en ningún momento
de la obra logrará estar cara a cara para poder hablar,
relacionarse y escucharse como lo habían hecho hasta ese
día de mudanza.
Esto me hacer preguntarme si “¿Estás
Ahí?” no es más que una metáfora sobre
las relaciones de pareja, donde es siempre difícil percibir,
escuchar, mirar a ese ser que tenemos al lado y la dificultad
de hacernos entender. Desde las repetidas veces que los personajes
se preguntan “¿Me escuchás?”, o hablan
a través de puertas donde del otro lado no está
quien esperamos hasta las piruetas que hace Ana para lograr que
Francisco note su presencia, la escuche, nos muestra las tareas
imposibles que somos capaces de realizar por estar a lado del
ser que amamos, incluso hasta el momento en que menos somos percibidos.
Todo esto trabajado desde una constante
de humor, con un juego que mantiene atraído al espectador,
preguntándonos que sucederá después, atrapándonos
con los juegos corporales que realizan los actores, atravesados
por momentos inesperados, por detalles incongruentes que parodian
las mismas convenciones teatrales. Narrando y burlándose
de la misma posibilidad de narrar porque es la única forma
de hacerlo. Acercando visiblemente el teatro a la magia, donde
todo es un acto de prestidigitación, que en un momento
está y un momento después desapareció, pero
en el proceso fuimos atrapados y seducidos.
Todo esto es lo que hace tan fascinante
la obra de Daulte, la posibilidad del juego, es en el cuerpo de
los actores donde más se percibe: son seres que sostienen
la obra con un perfecto timing que en ningún momento decae,
teniendo una terrible exigencia, haciendo visible lo invisible
y borrando lo visible.