Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“Hablar de amor”: Y la noche
transcurre…
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría y Dirección:
Adrián Canale Sobre textos de: Raymond Carver Intérpretes:
Fernando Castels, Maribel Outeda, Marcelo Subiotto, Carolina Tisera
Diseño de luces: Sergio Costessich Fotografía:
Silvana Miyashiki Asistencia de dirección:
Mariana Jaiquil Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Este espectáculo formó parte del evento: Aniversario
4 años de PUERTA ROJA.
Finalizó Funciones 2007 -- Puerta Roja, Lavalle 3636, Teléfono:
4867-4689 Web: http://puerta-roja.blogspot.com
Distribución circular de la platea.
Más bien, cuadrangular… como si el espacio escénico
fuera un ring (aunque por las esquinas puedan los personajes, si
así lo desean, fugarse). Es una figura un poco violenta,
¿no? La del ring, como si los personajes estuvieran prontos
a enfrentarse. Improvisan, los actores; los personajes no, los personajes
son el fruto de esa improvisación (así que la función
que fui, fue, y la función que quien lee esto vaya, será
y habrá sido también). Pero no, la figura del ring
también tiene algo de apropiado. No por el enfrentamiento,
sino por la danza de los boxeadores, por el ser observados, y por
la paradoja. Paradoja, sí, porque en un ring suele haber
un ganador, la certeza de un final. Y acá no lo hay, no en
el sentido tradicional, al menos
Dos parejas, una ya establecida, una nueva,
una de edades parejas, la otra ella más joven. Es el día
en que el amigo presenta la nueva novia ya como novia, y la chica
se apresta a sobrevivir a los amigos del novio, que pueden ser tan
simpáticos como bruscos y poéticos a la hora de decir
las cosas. Pero no, este preparativo ya ocurrió, fue antes
de que entraran, de que entráramos. Es hora de ir a cenar,
previa picada de rigor para homenajear a la invitada.
Suspenso, ¿qué le puede llegar
a ocurrir? ¿qué le pueden hacer? Nada, la picada se
arma, y entre el queso, el jamón y el salame se arma la charla.
Charla en la que aparecen las historias, historias que generan otro
suspenso, el de dónde pueden llegar las confesiones. No,
tampoco, pero la pintura de los personajes se va completando…
nunca del todo, siempre queda un resquicio sin llenar, el imposible
de llenar…
“¿Qué es el amor para
usted, señora?”, cuenta el anfitrión que le
preguntó a una paciente (es médico) en un raid de
entrevistas espontáneas persiguiendo la respuesta preciada,
“Eso que respira”. Enigmática la señora,
porque se respiran tantas cosas, porque si nos guiamos por lo que
respiramos diariamente, no es una respuesta alentadora, más
bien todo lo contrario. Pero entiendo un poco a que se refería
la anciana relatada, quien lee esto supongo que también.
Hay un ejercicio amoroso, por ejemplo, que sugiere respirar la respiración
del amante; acercar la boca y tomar el aire del otro y viceversa.
La trampa y el misterio es que no funciona con cualquiera, la sincronización
no se produce por el ejercicio, sino que es como si ya existiera
desde antes. Se puede estar tapado de pies a cabeza, pero esos instantes
donde los labios se acercan, pero no se tocan, es como estar desnudo
con el otro, es una forma de hacer el amor con el otro y el tiempo,
ese ratito aunque sea, se suspende, los latidos del corazón
suenan igual, y no es lo mismo.
La salida al restaurant se demora, se aplaza,
porque la conversación se continúa. Los actores salen
a escena con pautas mas o menos prefijadas y algún que otro
momento que opera como boya, como faro. Pero los diálogos
son, en mayor o menor medida, de ese día. La conversación,
decía, se apasiona (la conversación, que es el resultado
de la acción de los actores a través de sus personajes).
A veces hablan un poco para adentro, en un exceso de naturalidad,
y algunas líneas se pierden, pero no la atención.
Qué es lo que sigue, qué más pueden decir,
¿hay alguna trama secreta a ser develada? La única,
si se quiere, es la de los caminos o las formas del amor, ¿todo
vale? Queda abierto a consideración, uno puede no estar de
acuerdo. Son tres treintañeros y la nueva, de 23, cada uno
en momentos distintos de los tiempos de la vida. Ella fuma, bastante,
se ilusiona y vive el amor con el acelere de sus 23; no, no es que
es una niña inocente, sólo que la edad trae cambio
en las opiniones (o no). Hay cicatrices que se acumulan que antes
sólo se imaginan. Hay vueltas de tuerca de la vida que hacen
tambalear las certezas… certezas que, como las boyas en el
guión, son eso, apenas guías, tomas de posición
a ser defendidas, discutidas y/o modificadas… la vida te modifica…
¿al amor también?
El queso se acaba y se renueva, la noche avanza,
transcurre, discurre, se escurre, como el tiempo dilatado de las
palabras que van y vienen y cobran cuerpo entre el humo de los puchos,
la picada y el vino de las copas que se vuelve a llenar.
El espectador está ahí, espiando,
un poco como Scotty de “La Ventana Indiscreta”, de Hitchcock,
mirando, escuchando, esta intimidad, este pequeño ring que
es el living de un departamento imaginario. La sala existe más
allá de los límites de la platea, se pierde, pero
la oscuridad concentra la atención en el centro, el centro
de la mirada, la mirada que espera las respuestas. Pero no.
Hay cuentos que respetan estrictamente la
estructura del inicio-desarrollo-desenlace. Pero hay otros, como
los de Carver, que son climas. En Carver está basada la obra.
Climas que suben y bajan, como mareas. Como lector, se entra o no
se entra, no hay demasiadas vueltas. Es como salir a caminar por
la playa una noche fresca; no hay un lugar donde se esté
yendo, es el mero hecho de caminar, de transitar, solo o con otro.
Los picos de tensión están, son como improvisaciones
de jazz (cool bop, si se quiere), tensan, relajan, continúan.
Las boyas devuelven al, remiten al, cuento, al relato, relato hecho
cuerpo en el espacio y que, es una de las posibilidades, se cuela
en el del espectador. Afuera ya es tarde, de noche, cuando acaba
la obra … salgo y camino, la luz amarillenta del alumbrado
público marca las calles, las tiñe.
www.imaginacionatrapada.com.ar
20/7/2007
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