Teatro

Henrik Ibsen

La idea fija de Ibsen

Lix rlix@fibertel.com.ar

En el siguiente trabajo intentaré analizar la utilización de medios simbolistas de expresión que realiza en, focalizándome en un único elemento, el mar.

En una primer lectura de “La dama del mar” (1888, Henrik Ibsen) podemos vernos tentados de pensar que es un obra realista con algunos detalles simbolistas, donde el autor repite su gran tema, mas conocido por Casa de Muñecas (1879): lugar de la mujer en la sociedad, sus obligaciones en todo circulo social. De esta manera analiza a fondo la sumisión de la mujer al sistema patriarcal. A medida que profundizamos la lectura y el análisis nos vemos obligados a prestar mayor atención a los elementos simbolistas que comienzan a adueñarse de la pieza. Consecuentemente, partiendo del concepto de realismo intentaré pensar de qué manera el simbolismo se adueña de la pieza.

A través del tiempo el concepto “realismo” fue mutando, por lo tanto lo utilizaré lo hacían a fines del siglo XIX, ya que es el periodo en que Ibsen escribe. Una obra realista, oponiéndose a las formas teatrales preexistentes, como el teatro declamatorio, se presentaba como una copia fotográfica de la realidad observable, de esta manera generaba la sensación al espectador de estar espiando a alguien por su ventana. Aparentemente a Ibsen esta poética realista no le resultaba atractiva, por lo que en vez de apropiarse de la realidad de una manera fotográfica lo hizo para utilizarla de manera poética. Es a partir del momento en que logra apropiarse poéticamente de la realidad podrá alejarse del verso utilizado en sus primeras piezas y se acercará a la prosa. En su continua búsqueda de penetrar en profundidad en la sociedad noruega y en el individuo, y en los conflictos que se generan entre las demandas de una y los deseos del otro que se acercó al simbolismo, tendencia artística que abarca mas de una nacionalidad a fines del siglo XIX.
Partiendo del nombre de la pieza, “La dama del mar”, quisiera hacer primero una comparación con otras piezas de Ibsen en las que tambien trabaja el tema de la mujer, como la ya mencionada Casa de muñecas y Hedda Gabler (1890). En la primer pieza el título se refiere al contexto en donde Nora Helmer vive, aludiendo directamente a las características del lugar y aunque no a ella si a la manera en que ella percibe el lugar, estableciendo por lo tanto un fundamento de valor sobre dicho espacio: una ficción o una ilusión de la que Nora tratará de escapar. Por otro lado tanto en Hedda Gabler como en La dama del mar, se refiere directamente a la protagonista. Hedda Gabler, nos anuncia desde el título que ella nunca accederá a su apellido de casada, nunca dejará ni su identidad ni su libertad, esto será así hasta el punto en que ella elegirá morir para seguir llevando su identidad: la amenaza no era social sino individual, ella se doblegó a si misma, y no lo pudo soportar, el peso de verse vencida era demasiado fuerte.

En La dama del mar, el título también se refiere a la protagonista, alude a Ellida Wangel, caracterizándola en un doble juego. Por un lado se refiere a Skjoldviken, el lugar de origen de Ellida. Por otro lado se refiere a rasgos de su personalidad y por su constante necesidad de acceder al mar y por las reiterativas comparaciones con el lago que la sofoca:

ELLIDA. -¿Fría? ¡Dios mío, aquí nunca lo está! A lo
sumo, tibia, y blanducha. El agua de los lagos es enfermiza.
(Ibsen, la dama del mar, Acto I, escena IX)

Estas dos características no son del todo separables, ya que en Skjoldviken Ellida creció con libertad y esto genera un rasgo de sus deseos en la adultez, la personalidad de Ellida es inseparable del mar:

WANGEL. -Ellida, tu alma es como el mar.
(Ibsen, la dama del mar, Acto II escena VIII)

A medida que avanza la pieza la relación con el mar se fortalece desde varios ejes, alejándose de las justificaciones realistas para tener una importancia de otro orden. No solo por el peso que comienza a tomar mientras Ellida narra su pasado, o por la presencia del extraño que viene a buscarla. Sino por la constante necesidad que tiene de ir hacia el mar elemento sin el cual parece morir o por lo menos desvariar. Pero la justificación realista vuelve a perder peso en el momento en que Wagnel le propone ir al mar, mudarse nuevamente a su lugar de origen y ella se niega, porque no es esto lo que busca.

Es esto lo que nos obliga a cuestionarnos sobre la función dramática, poética del mar. Pensando nuevamente en el nombre de la obra y su relación con la protagonista; Ellida es llamada La dama del mar dentro de la pieza, el sobrenombre fue puesto por los habitantes del pueblo por los constantes baños que ella realiza, por lo tanto podríamos verla de manera realista. Pero más allá de esta justificación debemos pensar en la función simbólica ya que en ningún momento podemos olvidar la dominante presencia del mar en la misma y en la forma en que ella se relaciona con el agua.

“Mitologisando” sobre el mar podíamos verlo como lugar de libertad, y a esta como búsqueda espiritual y como tema que atraviesa las piezas de Ibsen, pensemos nuevamente en Hedda Gabler y en Nora Helmer, dejaría entonces de ser una búsqueda física o de satisfacción momentánea para ser una necesidad de supervivencia y una búsqueda espiritual. El mar a diferencia del lago parecería no tener un límite, el mar arrasa, chupa, destruye. El mar es libre y todo lo que está en el mar es libre, esta en constante movimiento, a diferencia del lago, que lo podríamos pensar como un lugar encerrado, estático, estancado. Por lo tanto podría establecer una relación directa entre el constante deseo de Ellida de acceder al mar y su búsqueda de libertad. Desde el comienzo de la pieza ella asegura no ser libre y no haber sido libre en el pasado, cuando todavía no estaba casada con Wagnel:

ELLIDA. –Bástele saber, cómo le dije entonces, que no era libre.

(Ibsen, La dama del Mar; acto I, escena X)


Esto se reafirma en el final de la pieza cuando Ibsen nos recuerda que lo más importante es la libertad, cuando el vapor ingles se aleja, cuando la utilización del mar se aleja, la libertad queda y ya no se menciona el ahogo:

ELLIDA. -Sí, señor, con tal que seamos libres.
WANGEL. -Y responsables, Ellida mía.
ELLIDA. (Con viveza, tomándole la mano). -Y responsables.
Tienes razón. (El vapor desciende silenciosamente
por el lago. El sonido de la música va acercándose a la costa).
(Ibsen, La dama del Mar; acto V , escena final)

Este elemento con una clara fuerza simbólica que esta presente en la pieza desde el título me lleva a pensar en el movimiento simbolista y en atravesar mi mirada de la pieza con la misma. Aunque una de las más relevantes características de dicho movimiento es el no haber podido desarrollarse mediante un estilo unitario. Podríamos pensar igualmente en algunos mecanismos comunes, como el poder apropiarse de elementos característicos de la realidad para construir otra, por lo tanto se puede sostener que se crea un sistema análogo al mundo partiendo de arquetipos universales que están presentes en la psique humana, como seria en este caso la fuerza del mar y la libertad.

Repienso entonces la obra: Dentro de una estructura que podríamos denominar de pièce bien faite, donde Ellida Wangel, la dama del mar, es introducida lentamente por medio de los otros personajes, antes de entrar en escena por primera vez en la escena IX del primer acto. Encontramos la acción empezada: la decoración de la casa para honrar un cumpleaños, la llegada de un antiguo profesor. Parecería entonces que el pasado se acerca rápidamente para poder cerrar lo inconcluso. Por lo tanto cada vez que se nombre el pasado no estaremos en presencia de meras descripciones sino que el pasado es una fuerza más que avanza y que afecta la acción de los personajes y su aparente tranquilidad.

Durante el primer acto se despliegan una serie de conflictos que todos llevan al mismo lugar, hombres que buscaran a mujeres a su lado, formar una familia y mujeres para hacerlo necesitan ser libres. Nos encontramos entonces con un presente plagado de distancias afectivas, con personajes que buscan un futuro, relacionado con la posibilidad de formar y sostener un buen matrimonio, pero donde el pasado pesa de una manera irreversible. Es en este panorama donde es introducido lentamente el misterio, el extraño que entra como una mancha de petróleo en la vida de los personajes. Ellida puede percibir la llegada de este hombre misterioso que se acerca para poner corromper la tranquilidad familiar, para recordarle que ella no a elegido, que no es libre. Es en este momento en donde comienza a desvariar, a tener altos y bajos en su emoción. Por lo tanto, si pensamos “La dama del mar” como una obra realista nos quedarían varios puntos sin respuesta o nos veríamos forzados a pensar que Ellida W. sufre de un problema psíquico de algún tipo. No puede acceder a la tranquilidad familiar, como no puede llegar a la cima de la colina, se queda a mitad de camino. Vemos con claridad el constante conflicto entre el ser social (las demandas de la familia y de la sociedad) y el ser esencial (el verdadero ser del individuo).

Pero en el momento en que tiene la posibilidad de elegir este problema psíquico de desvanece, y expresa con claridad su deseo de quedarse junto de Wangel, el hombre que le dio la libertad que buscaba y no viajar al mar.

WANGEL. -Basta, Ellida; no hay más que una salvación
para ti, y te dejo en libertad de seguir el camino
que quieras. Eres libre, completamente libre.
….
ELLIDA. (Agarrándose la cabeza y mirando fijamente a
Wangel). -¡Libre! ¡Responsable! ¡Qué cambio! (Vuelve
a oírse la campana del barco).
EL EXTRAÑO. -¡Oyes, Ellida! Es el último toque
¡Ven!
ELLIDA. (Se vuelve hacía él, le mira atentamente y dice con
voz firme). -Después de lo que acaba de pasar, no lo
sigo.
EL EXTRAÑO. -¿No quieres seguirme?
ELLIDA. (Acercándose a Wangel). -Jamás te abandonaré
después de lo que me has dicho.
(Ibsen, La dama del mar, Acto V escena VII)

Como mencioné en la introducción del artículo, Ibsen a través de sus textos hará un examen profundo de la sociedad noruega y de la problemática individual, entendiendo de qué manera las exigencias de una pueden generar grandes conflictos en la otra. Este tema o motivo se repite a través de sus obras: Pueden hacer que Nora deje a su marido, pueden hacer que Hedda Gabler se suicide y pueden hacer que les sea concedida la libertad para elegir quedarse. En esta obra, Ibsen encuentra formas simbolistas de variar sobre esta temática y el mar no es utilizado en la obra como el lugar literal, la dama que viene del mar y retornara a él sin pensarlo, por una promesa, sino que representa su búsqueda hacia la libertad y la consigue- Aunque su elección sea doblegarse a la sociedad patriarcal y aparentemente no modificar su vida.

Entendiendo por lo tanto al mar símbolo de libertad.

ELLIDA, (Con vehemencia). -¡Ah! ¡El mar!
¡Cómo hechiza! ¡Cómo atrae! ¡Cómo arrastra a lo desconocido! ¡Oh, el mar todo lo puede!
(Ibsen, La dama del mar, Acto V escena VII)
         
 
   
         
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