Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“Independencia”: Igual a tu
madre
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría:
Lee Blessing Adaptación y Traducción:
Cecilia Chiarandini Dirección: Lizardo
Laphitz Intérpretes: Cecilia Chiarandini,
Cristina Dramisino, Mora Recalde, Salomé Vega Vestuario:
Mora Recalde Escenografía: Miriam López
Lavalle Iluminación: Nicolás Trovato.
Peinados: Ernesto Ferreiro Maquillaje:
Ernesto Ferreiro Fotografía: Gianni Mestichelli
Asistencia de dirección: Miguel Assis, Silvana
Angela Sabetta Prensa: Duche&Zárate.
Finalizó Funciones 2007 -- Andamio ´90, Paraná 660, Teléfono: 4373-5670
/ 4374-1484 Web: http://www.andamio90.org
Kes vuelve a su pueblo por un
llamado de Jo, su hermana, quien no revela el motivo, pero que está
relacionado con la madre de ambas. Kes regresa luego de cuatro años
de autoexilio, realizada profesional y sentimentalmente, seria,
sobria (todo lo que su madre nunca pudo ser), independiente. Jo
es la mujer-niña, atada, amordazada, unida como por un invisible
cordón umbilical a esa madre totémica e inestable
(su sexualidad reprimida, embarazada, su corazón roto por
no poder irse, "Mamá necesita que la cuiden").
Sherry es la atorranta del pueblo, quiere irse, pero nunca termina
de hacerlo (sexualidad abierta, entre soñadora y pargmática,
esperanzada y vencida, su estadía en el secundario se estiró
por un embarazo adolescente, vive en un cuarto alejada de los demás,
pero dentro de la misma casa). La madre habita todos los espacios,
cuando está físicamente, y cuando no también.
“Independencia” es, por un lado,
un ejercicio en la construcción de personaje (desde el texto
de Lee Blessing). Cada una de las mujeres de esta casa va mostrando
sus tonalidades, completándose, sumando detalles que hacen
a quienes son, de dónde vienen y dónde quieren ir.
Energías cruzadas, historias pendientes, el living ese en
que coinciden para la mirada del público es como un tablero
donde se ponen en juego sus energías. El deseo de partir,
de cortar el lazo visceral y destructivo que las une entre sí
y a la madre, mamá-querida, mamá-yunque, mamá-ancla,
mamá-monstruo.
En el living, el sofá, la mesa, el
juego de té, un scrabble (el juego de las palabras, paradójicamente).
Al fondo, fotos familiares (la escena ocurre en un centro hundido
en el medio de dos plateas). Recuerdos ajados de un pasado, cargado
de recuerdos bonitos y otros viscosos que no pueden despegarse.
En ese sentido, se juega el despegue, la individuación
típica de todo ciclo vital personal, donde el destete es
vivido en mayor o menor medida como crisis. De ahí que la
madre aparezca simultáneamente como el monstruo egoísta
del cual hay que alejarse o el ser débil y vulnerable que
hay que cuidar como si fuera una niña.
Cada actriz juega como un yenga, apoyando
obsesiva y cuidadosamente sus piezas sobre las de los demás
y así, subiendo hasta el momento en que el punto de equilibrio
se quiebre para desatar el final.
Desde otro punto de vista, esta búsqueda
de Independencia (nombre de la obra y nombre de este pueblo del
que hay que escapar) se vive como traumática (desde la puesta
espacial del director y del encuentro de los cuerpos de las actrices,
como imanes de igual polo, que por tan iguales se rechazan). En
esta lucha por poder desprenderse del pasado y avanzar, no hay una
solución fácil. Todas implican dolor, confrontación,
heridas. Kes huyó de su madre, no sin antes haber ocupado
su lugar metiéndose en la toma de decisiones del embarazo
de Sherry, madre fallida. Jo es la madre de su madre, rol que, es
evidente, no habrá de poder mantener mucho tiempo, porque
la deja partida en dos (niña y madre de una madre que es
niña que no la deja crecer). Todas buscan o han buscado ocupar
ese lugar vacío que debería haber ocupado su progenitora
(o que ellas consideran así – porque, ¿desde
quién estamos viendo los hechos? -). No han podido desprenderse
del pasado, buscando completar el hueco con sus propios cuerpos.
Es sólo el reconocimiento de ese vacío como real,
el horror de lo que no pueden llenar lo que puede permitirles despegarse,
volverse individuos.
Personajes a la deriva… Salvo el living,
todos los demás espacios aparecen como un fuera de campo
sugerido. Es ese lugar, ese centro, lo que las atrae, lo que las
enfrenta. La Independencia no se logra simplemente con la partida
ni con la palabra. Implica, en este caso, para los personajes, una
ruptura violenta con el pasado; aceptarlo como es, dejar de buscar
la revancha o la reivindicación, pero también cortar
con él, transformarlo en pasado-pasado para que deje de ser
pasado-presente.
Quizás la obra parezca perderse en
el desarrollo de estos conflictos internos y compartidos (marcados
como secuencias por cambios de luz y salidas de escena, entre los
cuales aparece también como separador la música),
pero es precisamente este efecto de saturación el que juega
a favor del entramado yenga. No es suficiente que los personajes
lleguen a la conclusión, sino que deben llegar ahí
porque no hay otra y con la desesperación de saberlo. Después
de todo, romper con el pasado, lograr romper esa cadena (presente
simbólicamente en la obra) no es lo más sencillo que
hay.
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1/6/2007
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