Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"La Gaviota": Releer Chejov para evitar que muera
por Jimena
C. Trombetta jimenacecilia83@hotmail.com
Autoría: Anton Chejov Adaptación y Puesta en Escena: Rafael Fernández Intérpretes: Leonardo Azamor, Marcela Bea, Graciela Clusó, Wolfram Hecht, Daniel Mariani, Fernando Martín, Martha Rodríguez, Eduardo Santoro Vestuario: Jimena Labraña, Karina ruth Pezet Escenografía: Rafael Fernández Diseño de luces: Marco Pastorino Operación de luces: Pablo Sakihara Diseño gráfico: Mathias Carnaghi Asistencia de dirección: Eduardo Jaramillo, Ximena Torres Prensa: Tehagolaprensa.
Finalizó Funciones 2008 -- Patio de Actores, Lerma 568, Teléfono: 4772-9732
Los viernes en el Patio de Actores, podemos disfrutar la presentación de “La Gaviota” de Anton Chejov adaptada por Rafael Fernández. Al momento de realizar una crítica de un texto tan complejo como este, es necesario separar el texto dramático del texto espectacular.
La anécdota histórica de la misma, conocida por todos, dice que cuando Stanislavsky intentó llevar “La Gaviota” al teatro solo logró que el espectador riera sin poder entender sobre aquello que el autor había escrito. Luego de uno de los grandes avances que dio el teatro con el “método de las acciones físicas” (MAF), las versiones fueron más o menos válidas, más o menos creativas, y más o menos acordes al texto dramático.
Mezclar a esta altura el texto dramático con la puesta en escena propuesta por Rafael Fernández no sería demasiado acertado. Con esto quiero decir que un clásico como “La Gaviota”, no podría ser llevado a la escena sin antes pensar cual sería su relectura. Para que un clásico pueda hablarnos sin cristalizarse, es decir sin pasar a ser una mera pieza de museo en el peor de los sentidos, hace falta que quien relee la obra pueda dilucidar y expresar la esencia de la misma.
La primera pregunta que surge es: ¿Cuál es la esencia de este clásico, y porqué la puesta en escena de este director y adaptador logra captarla? Creo que porque busca minimizar todo aspecto que pueda entorpecer la atención del espectador. La iluminación guía sutilmente la mirada del espectador, acompañando la trama dramática. Los ruidos adoptan el mismo papel al ambientar el espacio y marcar el tiempo. La mínima escenografía con la que trabaja, hace que el espectador deposite su interés en la composición de los personajes. Si bien la construcción de los mismos parten de lo que dicen mediante palabras, lo más atractivo lo podemos ver en lo que constantemente están a punto de decir. Pero a diferencia de una estructura que oculte lo no dicho, aquí, esto, se muestra desde el gesto y los movimientos.
En todos los casos los actores comunican aquello que le sucede al personaje, realizando un trabajo interno fino y detallado que nos propone sentir aquello mismo que transitan los protagonistas. Este fino trabajo, es basado en todo lo que Chejov le cuestiona al teatro en “La Gaviota”, y que después Stanislavsky lleva a cabo. Durante la obra podemos comprender que el teatro no debe ser algo rígido dónde las pautas en vez de ser propuestas se conviertan en rutina; el teatro debe hablar de aquello que inquieta a los hombres, y eso es lo que tanto el autor de la obra como el adaptador buscan dejar en claro.
En definitiva, el espectador se identifica, comprende y repasa temas como el amor, la existencia, los anhelos, las ambiciones y la búsqueda de las respuestas. No en vano la puesta retoma la siguiente frase de Jung “Mi experiencia como médico, al igual que mi propia vida, me han puesto incesantemente ante la pregunta sobre el amor y nunca fui capaz de dar una respuesta válida”.
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11/03/2008