Teatro

Me dio lástima decirte que no - de Bernardo Cappa

"La forma que se despliega": El dolor y su forma

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Autor: Daniel Veronese Dramaturgia y dirección: Daniel Veronese Actuan: Silvana Correa, Claudio Dapassano, Stella Galazzi, Gonzalo Martínez Escenografía: Daniel Veronese Iluminación: Gonzalo Córdova Asistencia de dirección: Silvana Correa CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN Dirección: Corrientes 1543 Teléfono: 5077-8000 Web:http://www.cculturalcoop.org.ar Entrada: $10,00 / $6,00 - lunes - 22:00 hs. Última función 2005: Lunes 28 de noviembre

“La forma que se despliega” se repone por tercera vez, ahora en el Centro Cultural de la Cooperación. En este caso, Silvana Correa y Claudio Dapassano reemplazan a Julieta Vallina y a Ernesto Claudio. El público rodeando a los personajes también es reemplazado, ahora por una platea toda frontal a la escena. El conflicto sigue siendo el mismo.

Cuatro personajes, dos que llevan adelante el texto, dos que escuchan, interviniendo de maneras casi absurdas, refiriéndose a los otros dos como “niños”...

Una pareja cuenta su historia, cómo se conocieron. Su historia, tan igual y tan distinta a la de cualquiera de nosotros. Se interrumpen cuando hablan, se completan las frases, no saben bien si se quieren, sólo saben, nos lo dirán, cuál es su tragedia, en este caso la muerte de su hijo.

La pérdida, el dolor, la soledad, son temas recurrentes en la obra de Veronese. La intención de intentar explicarlas, qué son, qué significan, cómo plasmarlas en un texto teatral; ¿es posible esto? ¿cómo se dice estar solo? ¿cómo se explica la pérdida irreparable?

El ciclo Biodrama, para el cual fue escrita originalmente la obra, era según su creadora Vivi Tellas “el retorno de lo real a la representación”. Veronese se cuestiona a través de sus personajes si es posible llevar ese real a la escena. ¿Cómo se comparte el dolor?, ¿es posible?

Para la madre, el dolor es individual, uno está solo en ese lugar; padre y madre son dos islas a su vez aisladas del resto. El dolor no es estetizable, no es factible de ser puesto en escena porque sólo lo puede sentir quien lo posee. Comprender el sufrimiento ajeno no es compartirlo, y esa soledad es la trágica, ese momento que se extiende en una duración X, que es nuestra propia representación irrepresentable de nuestro dolor.

Los otros dos personajes (¿los autores?), desde su distanciamiento (Gallazzi y Dapassano trabajan desde la construcción realista de sus personajes, mientras que Correa y Martínez lo hacen desde el distanciamiento), tratan a la madre y al padre de “niños”, de “mentirosos” que muestran lo que no es. Quizás se refieran no a los personajes, sino a los actores que “juegan” (como niños) a ser lo que no son, a sufrir lo que no han sufrido, dolor que es tomado prestado de otro (del texto, del autor). Ponen en tela de juicio la obra misma sin ser ellos mismos los autores, porque sabemos que ese es Veronese; ellos hablan en su nombre sin ser él. La representación se cuestiona así misma y su capacidad de plasmar en escena una realidad única e indivisible.

Entre la primera vez que vi “La forma que se despliega” y esta segunda cambió la forma en que me afectó la obra a nivel personal, lo que a su vez se relaciona con otro de los temas de Veronese. La obra crece junto a los actores, que nunca son ellos iguales de un año a otro, y a los espectadores, que nunca son ellos iguales de un año a otro...

Quizás no es posible traer lo real tal cual a la representación, que esta en sí misma es una mentira (una ficción). Pero sí, tal vez, es posible que lo real aparezca disparado en el espectador al ser atravesado por esa representación.

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12/08/2005

         
 
   
         
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