Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“Todos los judíos fuera de
Europa”: La neutralidad imposible
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría:
Leonel Giacometto Dirección y Puesta en Escena:
Alejandro Ullua Intérpretes: Regina Lamm,
Alejo Ortiz, Salo Pasik Cantantes: Ana Moraitis
Ambientación: Alejandro Ullua Diseño
de vestuario: Cecilia Gianotti Diseño de
luces: Marco Pastorino Música original:
Sergio Vainikoff Fotografía: Malala Fontan,
Natalia Laube Asistencia de vestuario: Gisele Sevil
Asistencia de dirección: Paula Diaz Martina
Prensa: Carolina Alfonso Producción
ejecutiva: Paula Bustos Brea. Este espectáculo forma
parte del evento: Trilogia sobre el Nazismo.
Finalizó Funciones 2007 -- Teatro del Artefacto,
Sarandi 760, Teléfono: 4803-3180 / 15-5728-8868.
Un profesor de geografía es enviado
a la recientemente “recuperada” Polonia ocupada por
la Alemania Nazi. Su misión es misteriosa… después
de todo, ¿para qué necesita el nazismo a un experto
en geografía? El asunto es que muchos se olvidan que, previa
a la Solución Final, existía la idea de embarcar a
todos los judíos de las zonas bajo influencia nazi a una
isla (combinando simultáneamente y de forma perversa las
nociones de “tierra propia”, “prisión flotante”,
“limbo”, “destierro”, etc.).
Este profesor, de forma igualmente enigmática,
decide hacerse de los servicios de un escriba judío para
que lo ayude. Esto no cae para nada bien con el ama de llaves que
el Partido le ha dado, lo que genera un conflicto entre ambos. El
catedrático es humanitario con el hombre, pero, al mismo
tiempo, no quiere que hable. Por él se pelea, pero prefiere
hacer de cuenta que es apenas un objeto para admirar, una suerte
de consuelo para su culpa…
El conflicto de conciencia del académico
emana de su conocimiento de la situación. Pero tampoco se
decide a jugarse en otra dirección. Saca a Ian del campo
de concentración, lo alimenta y lo viste, pero no acepta
sacar al resto de su familia. En algún punto, es probable
que ni él mismo sepa por qué hace lo que hace. Es
culpable, se sabe culpable, pero también prefiere verse como
alguien que hace una obra de bien. El texto ni lo acusa ni termina
de defenderlo, sino que “lo muestra” y queda al espectador
emitir un juicio.
La estructura de la obra es sencilla y se
apoya sobre la evolución dramática del conflicto a
medida que el profesor se ve obligado a confrontar con el hombre,
ya no “el judío”. Es también el tiempo
de la espera, en el que se aguarda a que el protagonista tome una
posición. Estos momentos están puntuados por bajas
de luz y la aparición de música, elementos que, es
opinión de quien escribe, podrían haber tenido un
mayor peso de incluírselos más como recurso integrado;
hay algo dulcemente trágico en las melodías compuestas
por Sergio Vainikoff y en esa penumbra en la cual los personajes
aparecen como más liberados de la escena.
Una instancia del conflicto que cobra actualidad
es la inicial defensa conciente del protagonista, que argumenta
que el “trabaja” para el estado y que, si no es a él,
mandarían a otro para hacer lo mismo. Dentro del análisis
de la historia argentina, hasta muy recientemente, a nivel público
se había evitado adentrarse en las responsabilidades de civiles
dentro de la dictadura militar. Si bien el texto, en ese sentido,
aparece de forma más o menos explícita cuestionando
ese lugar elegido al comienzo, deja el suficiente espacio abierto
como para iniciar la discusión. El protagonista, mostrado,
se pregunta y repregunta, queriendo creer que no sabe la respuesta,
cuando en realidad sabe, quizás incluso a pesar de él
mismo, que debe elegir entre dos muertes, el asunto es cómo
y por qué (dos preguntas que, paradójicamente, tienen
negada su respuesta para el prisionero del campo de concentración).
www.imaginacionatrapada.com.ar
10/8/2007
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