Artes Escénicas
/ Danza - Crítica

"Mendiolaza": Ese lugar tan
lejos, allá y acá nomás
por Enea enea@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección:
Luciana Acuña, Luis Biasotto Elenco: Luciana
Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro,
Agustina Sario, Fernando Tur Vestuario: Gabriela
Aurora Fernández Escenografía:
Ariel Vaccaro Diseño de luces: Marcelo
Alvarez Diseño gráfico: Damián
Vergani Prensa: Guillermo Pintos Producción:
Mariana Tirantte Coreografía: Luciana
Acuña, Luis Biasotto, Agustina Sario. Este espectáculo
formó parte del evento: IV Festival Internacional de Buenos
Aires.
Finalizó Funciones
2006 - El Portón de Sánchez,
Sánchez de Bustamante 1034, Teléfono: 4863-2848.
Un barrio. ¿por que
no? ¿O quizás un club?. No lo sabemos realmente.
Pero lo que salta a nuestra vista es un ambiente gris, un par
de paredes encastradas con una gran entrada en el medio, y una
cortina de hierro. ¿Almacén? ¡No! Hay un piano...
“Mendiolaza” nos
transporta a un lugar que no resulta remoto pero que a muchos
les resultara ajeno. Nos traslada a un pueblo, revivido de manera
muy personal por este grupo de origen cordobés.
Sus personajes son muy particulares.
Cada uno tiene su propia señas y dominios. Aunque los hombres
cuentan todos con bigotes. Pero las mujeres no. Podríamos
decir que por sus ropas, todas muy sencillas aunque llamativas
parecen todos salidos de una mezcla de barrio latino de película
yanqui con trattoria de la nona en Palermo.
El comportamiento es normal.
No pasa nada. De repente, un sonido de alarma se hace presente
y estos personajes que parecen ahora dominados por un ser superior
en una especie de claustro se acomodan en fila sobre un lateral.
Los juegos empiezan, descartando todo lo supuesto apenas escuchado
el sonido. ¡Carrera de lentos!. Esto se repetirá
a través de la obra, aunque cada vez notamos una cierta
evolución. La respuesta deja de ser inmediata en todos
los personajes, y la carrera avanza.
Hay atracción, hay repelencia.
La mujer que atrae y domina; la que hipnotiza y nos vuelve zombis.
El hombre que no se deja y lucha, y aquel que simplemente no puede
evitarlo. Parece existir una continua corriente de seducción
entre los personajes. Seducción que se torna salvaje encarnada
en cuerpos que no le temen al riesgo; que saltan, se encastran
y arrojan al suelo sin miramientos de ningún tipo. La fuerza
y el arrebato como productos del deseo.
La música en vivo acompaña
la acción y también se vuelve el centro de atención.
Nuestros personajes interpretan el piano, el acordeón,
la guitarra, y también cantan. “While my guitar gently
weeps” será cantado acompañado del piano,
mientras otros dos lloran al unísono, expresando su impotencia
ante las mujeres, que son tan difíciles. La música
también nos trasporta a ese universo nombrado primeramente.
A un barrio, a la calle de piedra , y a la madre de alguno que
le grita estrepitosamente haciendo retumbar la cuadra. AL INTERIOR.
La burla se hace presente recayendo
esta vez sobre la obviedad de los hechos. Y digo esta vez porque
este recurso parece ser, ante mis ojos, algo recurrente en obras
de por lo menos uno de los directores (Luis Biassotto). Un presentador,
que no logra mantenerse en pie, enuncia un espectáculo
negando de manera remarcada aquello que ellas, las protagonistas
de dicho show, son. ¿Desconcierto o sólo risa? Estamos
siempre al límite.
Y así pasa todo. Pasan
las peleas, los llantos, los engaños y juegos. Pero siempre
volviendo a esa especie de comunidad. A ese barrio.