Artes Escénicas / Teatro - Crítica

Monos con navaja - Roberto Peloni

“Monos con navaja”: Todo sea por la seguridad

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Autor: Luis Alberto Saez Dirección: Roberto Peloni Intérpretes: Tamara Alamprese, Jorge Almada, Diego Corán Oria, Emmanuel Robredo Ortiz, Marcelo Schnaider Vestuario: Roberto Peloni Escenografía: Roberto Peloni Tratamiento sonoro: Jorge Almada Realización de escenografia: Hernan Bagatin, Fito Gomez, Walter Perez Efectos especiales: Jorge Calvo Fotografía: Dana Rodriguez Diseño gráfico: Javier Luciano Silva Asistencia de escenario: Erika Estiz Asistencia de dirección: Natalia Saiegh Prensa: Daniel Falcone, Colombo Pashkus.

Finalizó Funciones 2007 -- La Ratonera Cultural, Av. Corrientes 5552,   Teléfono: 4857-2193 Web: http://www.laratonera.com.ar

Asociación Libre:

--- “Delicatessen”: Socorro, papá se quiere comer a mi novio - por Diego Braude

En el momento más caliente de su campaña, Mauricio Macri salió en cámara con un comerciante a quien ya habían asaltado 92 veces. Espeluznante.

Hace más de una década, Jean Pierre Jeunet dirigía “Delicatessen”, una comedia negra sobre una época post-apocalíptica donde los habitantes de un edificio se comen a sus inquilinos ante la escasez de carne.

Si uno hace un cocktail, no es descabellado pensar en que como resultado de la paranoia de lo primero, resulte lo segundo en nuestro suelo argentino. En Estados Unidos, luego de los bombardeos del 11 de septiembre, la población fue alentada a estar atenta y avisar a las autoridades en caso de cualquier elemento que pudieran considerar sospechoso. El resultado fue vecinos espiando a vecinos, y vecinos denunciando a vecinos (preferentemente de piel oscura o de rasgos presumiblemente asociables a afganos, palestinos, iraquíes, etc., etc.). La paranoia nunca es buena consejera. Poner un arma en la mano de cada habitante con la excusa de que de esa forma se podrá defender mejor, es abrir la puerta al desastre. Más aun cuando la sensación de inseguridad es acentuada y explotada.

En una panadería, un nuevo vecino entra a buscar churros para su mujer, pero no sabe con lo que se encuentra. Una familia de violentos seres bizarros que bien podría ser sacada de algún film de terror al estilo “La Masacre de Texas”, de Toby Hooper es la que regentea el lugar. El padre es el líder, secundado por dos hijos idiotas; atemorizados por la ola de robos, han degenerado de ignorantes y débiles en ignorantes perversos y cruelmente violentos.

El vecino atrapado es sometido a un interrogatorio extraño y sin sentido. Su intento de razonar con los panaderos es infructuoso, lo mismo que seguirles la corriente o resistirlos. Curioso es que, aterrados de los robos, son amigos y compinches del comisario. O bien es una contradicción en la trama o el comisario los protege de los robos dándoles impunidad frente a las atrocidades que cometen.

La sala de La Ratonera Cultural es pequeña, lo que colabora a incrementar el clima asfixiante que propone la obra (con una iluminación dura y encima de los actores). Algunas escenas se extienden o se reiteran, y eso corta un poco la atmósfera, pero el efecto de acumulación continúa. Estos nuevos monstruos se van tornando intolerables, y a la víctima no se le da respiro.

Es en ese momento en que se da un giro inesperado con la aparición de un personaje cuya introducción en la escena es casi sorpresiva. No sólo le da un nuevo aire porque cambia la energía de los otros actores/personajes, sino porque, también, produce otra modificación en la percepción de los mismos. Hasta ese momento, la obra proponía la identificación con la víctima, donde los panaderos eran unos pobres ignorantes que se sentían poderosos con sus rifles, unos negros armados y, por ende, peligrosos por brutos. En ese giro, deja de haber personajes queribles; no es que alguien no se pueda identificar, pero aquello con que lo haga también es retratado como una aberración.

En el fondo de todo, un secreto siniestro, pero quizás igualmente lógico, si uno dispara la metáfora para una imagen donde dos hombres impotentes descubren que se pueden apuntar con un arma.

Quizás algún candidato que promueva la seguridad a cualquier costo quisiera conocer a estos seres y sacarse una foto con ellos. Después de todo, lo único que buscan y que han conseguido es proteger lo suyo, ¿verdad?

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3/8/2007

 
   

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