Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"Open House": Simetrías y Duelos
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección:
Daniel Veronese Dramaturgia: Daniel Veronese
Elenco: Juan Ignacio Álvarez Insúa,
Gustavo Antieco, María Eugenia Iturbe, Melina Milone , Olga Nani , Mariana Paz, Julieta Petruchi, Nayla Pose , Natalia Segre,
Martín de Goycochea, Andy Diseño de
luces: Gonzalo Córdova Fotografía:
Pablo Wayne Diseño gráfico: Gonzalo
Martínez Asistente de producción:
Tatiana Sandoval Asistencia de dirección:
Tatiana Sandoval Prensa: Carolina Alfonso. Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, Teléfonos: 4867- 5185 Entrada: $ 20,00 y $ 15,00 - Funciones: Lunes - 21:00 hs - Hasta el 24/11/2008
Finalizó funciones
2005 -- Espacio Callejón,
Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web: http://www.callejonteatro.com.ar - Nota 2005
Finalizó funciones 2006 -- Espacio
Callejón, Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web:
http://www.callejonteatro.com.ar
- Nota 2006
Finalizó funciones
2007 -- Espacio Callejón,
Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web: http://www.callejonteatro.com.ar
La vida es un gran absurdo. Si uno se pone a pensar realmente la estructura de la existencia que llevamos, se apoya sobre una gran nada. Somos nosotros quienes decidimos el sentido o los sentidos posibles. Relatamos, nos volvemos memoria, y la memoria elabora historias, conexiones, causalidades y mitos. Están los mitos colectivos, y aquellos personales. Esto último es, esencialmente, aquello que vemos cuando miramos hacia atrás.
Hace exactamente tres años, fui a ver “Open House” por primera vez. Acababa de iniciar un nuevo proyecto, de tomar decisiones que afectarían mi futuro, y avizoraba otras que estaban a la vuelta de la esquina. En aquel momento, encontré personajes varados, repitiendo discursos y acciones, anclados en su momento de mayor sufrimiento sin poder salir de él. Algo extraño ocurre con “Open House”, porque, a la mejor manera de un oráculo, cada espectador recibe lo que necesita encontrar en ese momento, incluso si él o ella todavía no lo saben concientemente.
Tres años después, retorné. Había cambiado el teatro, y ya cinco integrantes se habían retirado, que era precisamente lo que atraía mi interés. Por una decisión desde el inicio, los actores que se van no son reemplazados, pero “la obra se hace cargo de la pérdida”. Se modifica, muta, y sigue existiendo, incluso sin espectadores, “incluso, si ustedes deciden no venir”. Cinco personajes y todos han perdido su pareja de acciones…
En el inicio, una de ellas se dedica a la introducción. A poco de comenzada, pregunta “¿alguien tiene algo para compartir?”. Una mujer dos butacas a mi izquierda levanta la mano. No la ven. Digo en voz alta “Acá”. En algún punto, desconfiado, dudo de si su intervención no está prepautada. No lo sé, no puedo comprobarlo, como ustedes, salvo que hayan estado ahí, no pueden saber si no estoy inventando lo que sigue a continuación. El marido de esta mujer falleció la semana anterior a la función, y se acercaba su aniversario de más de treinta años (la memoria me falla en este detalle). En la introducción, uno de los personajes comienza hablando de quien primero abandonó la obra: el conejo Andy. La mujer, emocionada y sin que sea en un tono de reproche, sigue, retomando aquella mención: “Mi marido no era un conejo, era mi compañero de toda la vida. […] Vine a ver esta obra, porque me dijeron que era sobre cómo seguir adelante después de la pérdida.”. Ella ya forma parte de la obra que ha venido a ver, se ha convertido en parte del texto teatral que todos recordarán cuando abandonen la sala. Ella misma ya se ha transformado en un discurso sobre la pérdida y cómo seguir adelante.
Los personajes se han modificado, y ahora, sobre todo, recuerdan. Recuerdan a quienes se fueron y no están más. Desde la memoria relatan a aquellos que han tenido que dejar ir. Los reviven al decirlos, y así también los asumen como pasado. Hace tres años, los personajes se me hacían angustiados por no poder hacer retroceder el tiempo para corregirlo; hoy les veo una extraña paz, ya sin angustia, no es posible volver atrás, sino sólo recordar y seguir. Así también entienden que su final está cerca, que una etapa se acaba. Seguirán abandonando la obra hasta que, simplemente, no quede nadie. No hay reemplazo de actores, no hay ilusión de continuidad. Clausuras, recuerdos, ciclos que cierran. “Open…” muere, porque es parte de su esencia, y no hay nada de trágico en ello.
Impera el silencio cuando no hablan, como siempre, pero ahora interrumpido por el playback, donde suenan Nick Cave o Lou Reed. Quienes tocaban los instrumentos y cantaban ya no están, el playback es la huella. Los espacios entre los personajes se estiran, se vuelven inmensos, porque faltan los cuerpos que los llenaban. A dos butacas a mi izquierda, la mujer llora mientras no deja de sonreír.
Termina y me retiro. En silencio, como hace tres años, en medio de un momento de cambios más grandes que en aquel tiempo. Camino en el frío de junio en dirección a mi casa, que ya no es donde era. Me cruzo con alguien que es bisagra de mi pasado y mi presente, pero elijo seguir de largo; en este momento, no puedo. Entro a mi departamento, todavía semivacío, me sirvo una copa de vino y, mientras mi cabeza todavía no se detiene, me siento y miro la noche ocre detrás del ventanal del balcón. Sólo para mí, brindo por asumir la pérdida de quien fui.