Teatro

“Open House”: En busca de...
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dramaturgia y dirección:
Daniel Veronese. Actúan: Juan Ignacio Alvarez
Insúa, Gustavo Antieco, Martín de Goycoechea, María
Eugenia Iturbe, Melina Milone, Olga Nani, Mariana Paz, Julieta Petruchi,
Nayla Pose y Natalia Segre. Asistente de dirección: Tatiana
Sandoval Diseño de luces: Gonzalo Córdoba
Diseño gráfico: Gonzalo Martínez
Fotografía: Pablo Wayne Prensa:
Caro Alfonso.
Finalizó funciones
2005 -- Espacio Callejón,
Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web: http://www.callejonteatro.com.ar
Finalizó funciones 2006 -- Espacio
Callejón, Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web: http://www.callejonteatro.com.ar - Nota 2006
Finalizó funciones
2007 -- Espacio Callejón,
Humahuaca 3759, Teléfono: 4862-1167 Web: http://www.callejonteatro.com.ar - Nota 2007
“Open House” es, en realidad,
el nombre de un tema de Lou Reed, sobre el que inteligentemente
la obra gira en derredor, citando una y otra vez.
Pero “Open House” no es una obra
típica, no es un espectáculo de una sola vez. La obra,
según palabras de sus propios personajes, será representada
por el mismo elenco, siempre, eternamente, hasta que no quede ninguno.
Y no importa si no hay público, se representará igual.
Hay temas recurrentes de Veronese en la obra,
como la idea de vida representada, representación sobre la
vida, relación del arte con el ser humano, etc, etc. Pero
desglosar “Open House” en sus elementos teóricos
estrictamente le arrebata su capacidad de meterse en la piel del
espectador. Todo ese bagaje conceptual que la acompaña, se
vuelve concreto y sensorial, y nadie sale el mismo de la sala.
Volví preguntándome por la obsesión
de Veronese por la pérdida, por el desarraigo, por ese devenir
decadente de lo que alguna vez fue luminoso, por la soledad. Inmediatamente,
y hasta este momento en que escribo, me puse a pensar sobre mi propia
visión de esos temas y cómo también impactan
sobre mis trabajos y sobre mis obras. Hoy, simplemente reflexiono
sobre como esos elementos forman parte de mi vida tanto como de
la de los otros... quizás Veronese, se me ocurre, se pregunta
continuamente sobre su propia fragilidad y temporalidad humana,
que se congela y vuelve representable, en su caso, en el teatro.
Los personajes de “Open House”
pueden parecer patéticos, es más, nos llevan a la
risa bastante seguido. Compulsivamente tratan de seducirnos como
personajes que necesitan ser vistos, escuchados, es parte de su
función de personajes. Pero ese patetismo es simplemente
el elemento sencillo y básico de nuestras vidas, de esas
anécdotas dulces y dolorosas que forman nuestra historia,
como nuestros aciertos y errores.
Todos los personajes, como el/la protagonista
del tema “Open House”, hablan de su soledad, de su pequeña
gran historia, de sus marcas y cicatrices, tan simpáticas,
graciosas, poéticas, brutales o tristes como la de los que
estamos sentados. El amor de pareja, el paternal, el maternal, el
que se deposita sobre las cosas o los animales, y su pérdida,
parte de un ciclo que siempre consideramos único y lineal,
pero que se repite porque es parte del camino que todos recorremos
(como la obra que se repetirá eternamente), y del que tratamos
de aprender.
Esa pérdida de esos personajes, tan
ahí y tan irrepresentable simultáneamente, ese dolor
tan infinito, tan Veronese.
Volví pensando... en esos abrazos tan
sentidos que se fueron para ser reemplazados por otros... en esos
amigos que se perdieron, por culpa de uno, por culpa del otro, por
la de los dos... en los padres que uno siempre pensó eternos...
volví pensando en qué estaría pensando Veronese
sobre el dolor cuando escribió y concibió (junto a
sus actores), que ahora me tenía pensando...
Los personajes de “Open House”
viven en el momento de la pérdida, no pueden ver más
allá de él. Por lo tanto, su soledad radica en quedarse
en el espacio intermedio entre un momento y otro. El amante, el
hijo, la madre, el conejo, se pierden, se van, todas las funciones.
A todos los une ese angustioso sentimiento de absoluta soledad y
falta de comprensión.
La obsesión de Veronese por diseccionar
esa desolación, por exorcizarla, por buscarle un sentido
a través del arte...
Y llego a casa, tiro la mochila sobre la cama,
y sigo buscando la síntesis de ese sentimiento, de ese sabor
en la boca que dejaron las palabras de los personajes, sus ojos,
sus miradas tan necesitadas... y aparecen deseos de llamar a mi
novia, de abrazar a mi viejo e incluso a mi hermano, de llamar a
un buen amigo porque vengo de perder uno... y así de idiota
como suena, lejos de ser la respuesta obvia, encuentro la dichosa
síntesis, tan sencilla, tan elemental, tan sabia, pero no
es eterna y sé que tendré que reencontrarla varias
veces más, porque la vida misma está hecha de esa
síntesis...
Veo el cursor rebotando sobre la hoja blanca,
esperando que complete la idea... pero a veces uno no escribe para
dar respuestas, a veces ni siquiera se termina escribiendo sobre
lo que la obra “es”... como la pintura taoísta,
que deja espacios vacíos para que el espectador complete
la imagen...
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15/07/2005 |