Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"Partes del Libro Familiar": ¿Quién es aquel del espejo?
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría: Luis Cano Dirección: Paula Andrea López Intérpretes: Teresa Murias, Matías Panelo, Eduardo Marcelo Peralta, Matilde Rios Vestuario: Mercedes Arturo Escenografía: Mercedes Arturo Iluminación: Fernando Berreta Música: Guillermina Etkin Fotografía: Ximena Martínez Diseño gráfico: Mariana Rovito Asistencia de escenografía: María Belén Del Mazo Asistencia de vestuario: María Belén Del Mazo Asistencia de dirección: María Elena Acuña Prensa: Walter Duche, Alejandro Zárate. ElKafka Espacio Teatral, Lambaré 866, Teléfonos: 4862-5439 Web: http://elkafkaespacioteatral.blogspot.com Entrada: $ 25,00 y $ 15,00 - Funciones: Domingo - 19:00 hs
Relato, tiempo, memoria. El ser vive en el tiempo, la memoria es su registro personal del paso del tiempo, y el relato aúna tiempo y memoria. Entretejidos, enredados, orgánicos. Para construir el último, solemos empezar, como el David Copperfield de Charles Dickens, por “he nacido”.
Para relatarse uno mismo, se suele recurrir a la historia familiar. Uno aparece como el resultado de una ecuación de la que, en mayor o menor medida, no ha participado. La intriga del “¿cómo llegué acá?”, del parecerse a, del no querer parecerse. La idea del padre y de la madre, líneas esenciales de donde uno se desprende como un peñasco que habrá de empujar a otro, sin que la rueda jamás se termine. Causas y efectos. O no, rompecabezas, donde cada pieza termina por conformar una imagen, siempre deforme, siempre inaccesible a pesar de todo. La historia deja de ser carne y hueso para ser una construcción, llena de ladrillos imperfectos, que sólo mirados a la distancia se muestra sin fisuras.
La primera forma de buscar la historia propia, es preguntar. “¿Cómo llegué acá?”. Calibino no pregunta eso a su abuelo que está en el geriátrico, que se llama igual que su padre, que lo confunde con su padre. El narrador está averiado, y Calibino busca recomponer, cazar los trozos inteligibles, cuestión de recuperar el trayecto seguido. Registra en un grabador, como si eso diera prueba de algo. Visita a su abuelo, como quien accede a un mapa ajado, donde los caminos deben adivinarse. Hasta que cae en un fragmento de recuerdo, puro artificio (la actuación realista es reemplazada por otra, que mezcla aquella con otra entre mecánica y expresionista).
Una foto familiar, otro registro, otro “he estado ahí”. Roles que se confunden, memorias que se activan, mezcladas, balbuceos de impresiones y sensaciones. Familia que es todas y ninguna, donde es posible tanto identificarse como no, donde padre, hijo y abuelo se entrecruzan, como si, en su búsqueda obsesiva hacia atrás, Calibino se hubiera perdido y ya no distinguiera quién es entre tantos rostros. O quizás es un sueño, donde las fotografías familiar yuxtapuestas y superpuestas pudieran cobrar, al despertar, algún sentido.