Artes Escénicas / Teatro / René Pollesch / Mae West - Crítica

Sex según Mae West - por Luciano Cáceres

“Sex según Mae West”: Mujeres adorables al borde de un ataque de nervios

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Autor: René Pollesch Traducción: Pola Iriarte, Sven Olsson Dirección: Luciano Cáceres Intérpretes: Héctor Bordoni, Ideth Enright, Dolores Ocampo, Cecilia Rainero Escenotécnia: Agustin Garbellotto Apuntadores: Sergio Aiello Asesoramiento artístico: Ignacio Rodríguez de Anca Asistencia de dirección: Verónica Mc Loughlin Prensa: Duche&Zárate Producción ejecutiva: Mara Guerra.

Finalizó Funciones 2007 -- ElKafka Espacio Teatral, Lambaré 866 Teléfono: 4862-5439 Web: http://elkafkaespacioteatral.blogspot.com

Bonus Track:

--- Notas de producción

Mae West: Vivió casi cien años (1893-1980). Fue actriz, cantante, guionista y directora… ah, y “sex symbol”. A los catorce años ya la bautizaban “Baby Vamp”, por su look de femme fatale. En 1927 fue a la cárcel por la obra que escribió, protagonizó y dirigió: “Sex”, supuestamente por inmoral, impúdica y demás yerbas. En la cárcel, a la que fue a parar por diez días, se dice que se le permitió vestir su ropa habitual (como, por ejemplo, ropa interior de seda) y que el director la invitó a cenar. Mae West jugó con su sexualidad y con la represión de su época. Fue deseada, odiada, un éxito y un fracaso. No sólo eso, sino que consiguió lucrar con su sex appeal y convertirlo prácticamente en una marca. Y, a pesar de eso, nunca dejó de ser incómoda.

Viejo dilema entre lo apolíneo y lo dionisíaco, entre el límite y el fluir vital. Vivimos en un sistema que delimita nuestra experiencia, la enmarca dentro del lenguaje, o, al menos, eso pretende. Nuestra capacidad de expresarnos libera o restringe la de vivir aquello que necesita ser expresado. La definición de amor, pasión, sexo, deseo, identifica esas sensaciones y las convierte en patrones identificables. El mercado las convierte en modelos discernibles y consumibles. La noción de normalidad y anormalidad permite y reprime, lo que pertenece y lo que es enviado al margen. El hombre y la mujer, juego de roles predefinidos para ser ubicados en una góndola de supermercado. O no.

Todo sujeto está atravesado, indefectiblemente, por el mundo en que vive. Este es el filtro, su límite aparente. Si todo sistema fuera tan cerrado, sería el fin. Pero todo sistema busca, asimismo, asimilar, limitar, catalogar y categorizar lo viejo, lo presente y lo nuevo que perturba. Pero siempre permanece aquello que no es posible simbolizar; cubierto de fantasías, se disimula, se cubre, pero persiste en su sorda presencia. Después de todo, según ciertas teorías, la mujer es un punto ciego para el hombre; es un imposible, y por eso la cubre de discursos que le dan forma, una forma.

Sex según Mae West - por Luciano CáceresEn “Sex según Mae West” tres mujeres son hijas, esposas, madres, amantes, actrices. Son puro cuerpo y puro discurso, atravesado por el lenguaje. Lenguaje que, dicho a los gritos, se transforma eventualmente en una masa de sonido molesto y sonriente.

Mae West fue bodeville y pantalla.

Entramos a la sala. Las gradas han sido reubicadas con respecto a su ubicación habitual. En el espacio rectangular, los espectadores pasan de estar mirando frente al lado más corto (una visión más “tubular”) a mirar al lado más largo (que lleva a una mirada más del tipo “180º”). En la pared, una gran pantalla. En ella, Osvaldo Bazán entrevista a los protagonistas sobre la sexualidad, el dinero, el oficio, la obra, etc. Cada uno responde un poco desde sí, otro poco desde el personaje. Antes de finalizar, las últimas palabras refieren a que la obra ocurrirá desde la pantalla. Un cartel termina diciendo, además, que es posible “espiar” hacia los costados.

Actrices y actor entran. Hablan, gritan (ellas). Él sonríe, cristalizado en el rol de baboso. Como hombre, su labor consiste en perseguir a estas mujeres.

Sex según Mae West - por Luciano CáceresUn apuntador las vigila permanentemente. Ella se despachan libremente, arman y desarman el discurso, denuncian su artificio. Por diseño, son parte integral del trabajo creativo, antes y durante la representación. Pero, simultáneamente, son controladas, todo lo que dicen está previsto. Cada función pueden variar, pero todo está pautado, los márgenes son flexibles, pero no permiten ser quebrados.

Ellas son sensuales. Son niñas y mujeres. Hablan a cámara, se confiesan. Protestan la transparencia del discurso y de la vigilancia, la cámara pornográfica que busca exponerlas en su desnudez y sus deseos ocultos. Interpelarlas para descubrir todas sus fantasías. Es más fácil catalogar y controlar lo que se conoce.

Solución de continuidad. No paran… Hector (Hector el actor y Hector el personaje) se coloca tapones en los oídos. Para no escucharlas gritar, para no escuchar lo que dicen.

Sex según Mae West - por Luciano CáceresEl film, el bodeville. El cuerpo real, el cuerpo seductor. El humor, la risa programada. El texto que empieza y termina, la serpiente que se come la cola. Artificio. Mujeres actrices, actrices personajes, sexualidad-sensualidad en escena.

Bailan para nosotros, se acercan y nos saludan con un beso. Seducen, se venden. Seducen, provocan. El deseo, que es encasillado en el lenguaje y, asimismo, lo rompe. El tener sexo, programado y educado, es y no es, es vacío y lleno, racional e inexplicable. Ser mujer. Ser hombre.

El lenguaje se quiebra alterando su uso, su verdad se desvirtúa en la metáfora de la representación. Lo que es deja de ser y se vuelve otra cosa.

La cabeza duele… una aspirina, por favor…

Son desconcierto, grito, placer y goce.

Hector es el actor secundario, de segundo plano. Es el seductor despechado, que en esta comedia cumple el rol de relleno. Su lenguaje es el silencio, completado, narrado, por Ellas. Inversión.

Lo rechazan. Quieren estar con él. Es un pedazo de carne. Es Patrick Swayze en “Dirty Dancing”.

Sex según Mae West - por Luciano CáceresMucha crisis, mucho mirar, mucha pantalla, pero ¿quiénes son estas chicas tan deseables como graciosas como adorables como detestables como concientes como estereotipadas que luchan por ser únicas y por responder positivamente a la interpelación del Gran Otro?

Son transparentes para el sistema que las interpela, porque el sistema que las filtra, predice y articula sus deseos en el lenguaje. Deseo y consumo. Oferta y Demanda. Pero también la subversión del lenguaje, la metáfora como quiebre, la representación, la obra como sueño.

Las cámaras las siguen, el apuntador enmascarado las vigila. Ellas son, a pesar de todo, Dioniso y Apolo, fluir vital y límite. La pantalla las magnifica, duplica la representación. Mae West.

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2/3/2007

 
   

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