“La última vez (que me tiré a un precipicio)”: Clown en busca de la vereda del sol

A ver… se tira… no se tira… se tira… no se tira… Camina por la cornisa. Un poco más para allá. Otro poco. Un pie se le rebela, no quiere ir donde ella le indica. Ella, que está vestida de blanco y negro. La nariz, roja, por supuesto. Sonido de calle. Proyección de edificio de fondo. Ella cambia de opinión, decide no tirarse, es una locura. Pero, Ley de Murphy mediante, lógicamente, en ese momento se cae. El edificio corre a sus espaldas y se va y se va y se va…

Ella sola. Ella soledad. Ella que no se anima. Ella que recuerda. Ella que sueña. El clown que anticipa su viaje, su transformación.

Ella que recuerda. Ella que sueña con que alguien la quiera y la acepte, aunque el vestido de novia la incomoda. “¡Ah! es esto lo que molesta”, una y otra vez y se saca partes de vestuario, aunque, claro, no es el vestuario, en realidad, lo que necesita cambiar; quizás no sea eso lo que quiere ser. No encaja, no se halla, en los espacios que se dibujan a su espalda o se la hacen presentes en escena, como el

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“Una obra útil”: Preguntas

Gerardo Naumann, el director, comienza la obra desde dentro de la escena diciendo que todo lo que está diciendo y dirá a lo largo de la función, ya está escrito. Que él realiza la obra para probar algunas ideas, anotaciones, posibles acciones para la realización de una película, “Uruguay”, que parte de un diario íntimo que él compró a un cartonero allá por el 2006… En él, se desarrollaba una historia de amor que tenía a la autora del diario como protagonista (con quien el director confeccionó el guión de la película).

Busco notas o entrevistas que le hayan hecho a Naumann últimamente. Encuentro una en Clarín, donde me llama, sobre todo, la atención, la inclusión del término “mercado del arte” y de la idea de que una obra se vende o no se vende. Me pregunto si Naumann realmente orienta la producción de su obra en función de ser considerado original y consumible y qué significaría esto último en el caso de una poética como la que propone “Una obra útil”.

Entro también al blog de Naumann, donde encuentro la información de su taller de dramaturgia junto a posts personales. En ambos, leo múltiples

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Cuerpos y corazones solitarios II

Otra serie de casualidades o causalidades, me llevó a encontrarme con una cantidad creciente de obras donde el encuentro afectivo es imposible o dolorosamente efímero. Ni siquiera en un espectáculo para niños como “Luna de Oriente” los amantes pueden permanecer juntos al final de la obra (los dos protagonistas masculinos luchan por los favores de la fémina, al punto de perderla). Nuevamente, es la separación de los individuos y la sensación de un duelo constante. Mmm… quizás sea esto último el común denominador: una herida que no cierra y que es lo que aleja y la frustración por no poder avanzar. De nuevo, las propuestas estéticas y el registro actoral varían, con lo cual es una forma que se puede ver en diferentes estructuras.

“Mal amor”, de Paula Bartolomé, es una obra silente. Con proyecciones de fondo detrás de los personajes, que oscilan entre flashbacks y mostrar un fuera de campo escénico que suma suspenso y música que construye climas (contraste, a su vez, entre un imagen – ¿distanciadora? – estilizada y una presencia de menos detalle), un hombre y una mujer se separan. Textos escritos se cruzan cada tanto, en

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Cuerpos y corazones solitarios I

Vivimos en la era de las redes sociales, pero, si uno pide que levante la mano quien no se siente en estado de crisis, o que en ningún momento se siente en soledad, las manos permanecen donde están y se hace, por unos breves instantes, un silencio algo incómodo. No estoy seguro de llamarlo tendencia, tampoco podría afirmar que está desbancando la proliferación de familias disfuncionales que esperan un milagro para salvarse de la malaria económica pero, me arriesgo a decir, los personajes no extrañados que experimentan la soledad se multiplican en la cartelera porteña. Es decir, ya no son tampoco seres que no accionan (la otra usual alternativa), que dejan transcurrir el tiempo sin saber bien qué hacer o por qué hacerlo, ya no es el tiempo que parece no moverse, sino todo lo contrario.

La referencia a la reiteración no pasa por una cuestión de originalidad, sino de cierta manera de experimentar el mundo que se filtra en las formas de hacer (de ahí la repetición en las estructuras)… Tomo obras para ejemplificar, no con la intención de ubicarlas en un lugar especial, sino porque me sirven de boyas que, a mi entender, condensan formas, caminos.

Se

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“Noches de verano”: Qué calor en la ciudad

Nos recibe en la sala música en vivo, de voz femenina. La banda Equis y su cantante se irán convirtiendo en transmisión de radio y locutora, respectivamente, que acompañarán un peculiar fenómeno meteorológico: resulta ser que en Buenos Aires va a ser de noche por más de la noche, promete luna y estrellas por tiempo indefinido. Justo noche de verano. Pensemos en Shakespeare : el calor de la noche es escenario/tiempo concebido para soñar con amores enredados. Los transeúntes de la escena muestran su desconcierto frente al suceso, único, y probablemente irrepetible en sus historias. Es que la noche siempre es larga cuando hablamos de amores desafortunados y confundidos (a Sabina le llevó aprender a olvidar 19 días, pero 500 noches, si se me permite la cita)

Lo que más les interesa al dramaturgo, Cristian Scotton, y al director de la puesta, Pedro Antony, es contar una historia perfectamente reconocible para el espectador (idas y vueltas y dimes y diretes mediante). A tal efecto trabajaron juntos en el proceso de ensayo, escritura y reescritura. Esto los posiciona claramente frente a una generación de escenas y poéticas jóvenes, que suelen reconocerse hijos o discípulos de tal o cual maestro, tomando el

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“Pasionaria”: El último llamado

Una canción con otra letra, que no dice lo mismo aunque quisiera, porque frutilla, crema del cielo y limón, para esta mujer abandonada por un amor, son sólo gustos de helado, aunque él se empeñe en conquistarla y recuperarla, como ella al tercero. Entonces, “Pasionaria” es un triángulo de amores truncos, que por las decisiones de la puesta en escena, logra reirse de la patética situación de esperar lo que no hay que esperar: un último llamado.

Con “Pasionaria” se transita la misma desesperación que Anna Magnani encarna en “La voz humana” –una obra escrita por Jean Cocteau que se incorpora al filmL’amore”, de Roberto Rossellini (1947)-; a diferencia del film, aquí se incorpora como signo del desamparo el maquillaje y los recuerdos absurdos que se exacerban en la escenografía elegida. Por eso, no sólo es el teléfono el que cobra importancia en esta obra, sino que cada objeto ayuda a ahondar el efecto de abandono que padece la protagonista. Este exceso de objetos se traspasa a las emociones de ella y a las acciones de él. Porque él, el chico del delivery, intentará,

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“Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío”: Entre Munch y Olmedo

Patricio Abadi lleva a escena “Ya no pienso en matambre, ni le temo al vacío”, una obra de su autoría que parte de la interacción de distintos monólogos expresados por diferentes personajes. Estos recorren temáticas como el amor, la soledad (su contrapartida), los juegos de seducción y el deseo, que le posibilitan a la obra un hilo conductor. Por eso, no es una obra que pretenda armarse desde un solo núcleo de acción, sino que desde todos sus bloques recorre, junto a cada personaje, los ejes; ejes que a su vez, son dichos desde cada una de las miradas.

Si bien esto parece una obviedad, es por esa pluralidad de miradas que la obra se separa de su autor y cobra vida propia, ya no es el autor el que habla, sino cada uno de los personajes que sienten de distinta manera todas esas temáticas mencionadas.Además, logra esa pluralidad de puntos de vista en el espectador porque no todos recibimos del mismo modo el discurso de una mujer que ha salido de su pueblo para migrar a la ciudad, ni tampoco podemos comprender del

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“(De mi)”: Quiero, deseo, sueño, anhelo… que mi máscara caiga

Ser feliz……….…………si/no………………………………………

Despertar, exposición…….…..hora:…….…….fecha:…………

Ser feliz……..….nunca…..…..a veces….….siempre………….

Miseria, encuentro…….colectivo..….subte…….ascensor……

Feliz………chocolate…..…helado….…sol en invierno……….

Roce, lucha………campestre….….citadina…….a muerte…….

Ser………………………………………………… ¿junto a alguien?

Amanece y entramos en la sala. Ellos, ya despiertos, se preparan para comenzar el día. Seis personajes, uno junto al otro, nos muestran sus rituales, sus miserias. No se relacionan entre ellos, sino que se dirigen a nosotros. Ellos exhiben su intimidad, su estado, su modo de ser, sus secretos…

Los pequeños espacios estallan, y el ritual acaba. Ahora es momento de tapar, de esconder y de no mostrar. El sobretodo tapa hasta el rostro. El espacio se reduce aunque la superficie de acción sea más amplia. ¿Entrar en el espacio del otro, significa entablar una lucha?

El espacio personal se circunscribe al cuerpo, nuevas barreras se arman ante el avance del otro. ¿Por qué somos tan temerosos al encuentro? ¿Qué nos asusta de ese momento? Caminamos por la calle en una suerte de alienación autoinfligida, avanzamos mecánicamente. No nos miramos. El contacto con el otro nos pone incómodos, nos altera,pero cuando

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“Asilo; para que vuelvas”: Te esperaré siempre

La sala grande del Puerta Roja puede ser muy fría. Muchos elencos optan por restringir el espacio de la escena a un recuadro más estricto. Cuando se usa todo, la geografía se desperdiga, los cuerpos se alejan, y no es fácil cubrir semejantes distancias. Cuando se amplía, se ven las paredes, se ven más los pisos… Cinco ancianos duermen en esta sala grande vuelta grande pabellón y una joven ninfa cuida el sueño de uno de ellos.

Una voz en off anuncia. Explicita que no hay ventanas. Hay televisores que ofician como tales. Broadcasting… idea de una imagen que va, pero que no tiene feedback; hay un otro que decide qué es lo que se ve. La imagen salta de un programa a otro; zapping, vjing, la imagen como fragmento-parte-de-un-montaje-que-puede-ser-alterado. Hay un micrófono; reality, confesión. “¡Dejen dormir!” Dormir, soñar, tal vez morir

Los personajes son actores jóvenes imitando movimientos de viejo. Al principio, puede chocar. No hay maquillaje, ni talco, sino espaldas encorvadas, pasos dubitativos, miradas que, por momentos, se pierden. Son jóvenes mostrando lo que algun día pueden llegar a ser. Cadencia de

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