Sucedió en Rafaela. Primera parte

Marcelo Allasino

La gente suele suponer (o, si se quiere, no es inusual que lo haga) que armar un festival, sobre todo uno de artes escénicas, es sólo programar las obras que habrán de participar. Con ese criterio, todos los festivales se parecerían y se olvidaría que cada ciudad tiene sus peculiaridades, que no todos los públicos reaccionan de la misma manera o expresan las mismas necesidades, que los espacios específicos de cada geografía presentan tanto limitaciones como potenciales creativos.

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