El complejo mecanismo. 2da parte

Diego Starosta

Para 1994, Starosta iniciaba un período nuevo. Ya en soledad, buscaba un espacio literal y metafóricamente. Le tiraba la docencia y, a su vez, necesitaba un lugar y un grupo con quien pudiera intentar experimentar las inquietudes que la época y lo que absorbía le transmitían y plasmar obra. Nacía, entonces, hacia 1996 El Muererío Teatro.

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“Bacantes”: La herencia

A veces, hay más preguntas que respuestas. No está mal, al contrario.

Revirtiendo lo que hubiera ocurrido hace más de dos mil años, en lugar de tener una puesta de todos actores hombres interpretando todos los personajes, tenemos un elenco enteramente conformado por mujeres (acá vestidas, salvo Dioniso, más similares a un cuerpo parapolicial que a civiles, con el cabello atado y tirante). Además de la discusión sobre el poder que uno puede encontrar en “Bacantes”, de Eurípides, está un elemento no siempre explorado, que es el lugar de lo femenino; herederos de la cultura antigua, donde la presencia femenina era fuerte, los griegos clásicos la relegaron a un segundo plano, asociándola a aquello que debía ser evitado: la emocionalidad, la irracionalidad, la pura sensualidad. La lucha por el poder, entonces, no está sólo en lo político, sino también en el discurso sobre los cuerpos y los géneros…

El dios Dioniso llega a Tebas, ciudad en la que fue negado. Busca ser reconocido pero, por sobre todas las cosas, busca venganza de aquellos que los rechazaron. Uno podría decir que es un poco como lo que ocurre en el Éxodo del Antiguo Testamento, donde en el conflicto entre el

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“Pléyades”: Buscando partir del sueño

Las Pléyades son siete hermanas (aunque acá sean cinco) míticas. Como todo mito griego, se acuestan con los dioses, son perseguidas por otros y, eventualmente, transformadas por el caprichoso Zeus en algo más: estrellas que navegan el cielo eternamente.

Pero hay que olvidar un poco el mito, o tomar algunas cosas y otras dejarlas ir. Acá hay cinco mujeres que llegan a un barco, afín de partir hacia destino desconocido. Vestidas de rojo se encuentran a la entrada (en uno de los ambientes de Silencio de Negras), se saludan, algunas buscan seducirnos (embriagándose cuando brindan y con ganas de hombre). El viaje comienza.

Las viajeras se nos presentan (a cada grupo de seguidores por separado en diferentes ambientes de Silencio de Negras, ahora un barco en ultramar, y nunca es develado que fue revelado en secreto; cada uno recibirá, en potencia, una obra distinta, en función de aquella información que le fue confiada), para luego volver a reunirse cuando el barco naufraga.

Todas huyen de un pasado del que reniegan o que las expulsa, y enfilan hacia un hombre que les es promesa de felicidad. Al naufragar, sobreviven, por alguna razón, sólo para ser esclavizadas por una Capitana que

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El teatro al desnudo

Los cuerpos desnudos proliferan por doquier en la era digital. La televisión, el cine y la web nos tienen acostumbrados a los pechos al viento, a las escenas de sexo y a alguna que otra pelvis masculina. Es cierto, esto ya no nos asombra, ya no existe…

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El teatro al desnudo

Los cuerpos desnudos proliferan por doquier en la era digital. La televisión, el cine y la web nos tienen acostumbrados a los pechos al viento, a las escenas de sexo y a alguna que otra pelvis masculina. Es cierto, esto ya no nos asombra, ya no existe ese pudor por aquello que en otros tiempos supo ser tabú. Después de Ojos bien cerrados, Átame, Como agua para chocolate y Carne trémula, por poner sólo algunos ejemplos, las escenas de Isabel Sarli han quedado prácticamente obsoletas. El ojo del espectador ha incorporado la piel desnuda en la pantalla sin ningún tipo de problema.
Ahora bien ¿cómo funciona esto en el teatro? ¿Estamos dispuestos a ver cuerpos desnudos sin un dispositivo que nos separe, nos proteja y hasta mejore a esas figuras? ¿Cuán cerca podemos tener las partes pudendas de otro ser humano y permanecer tranquilos en la butaca?
No son muchos los casos teatrales que se animan o apuestan al desnudo y nosotros tampoco estamos del todo acostumbrados a ello. Parece lógico teniendo en cuenta que en el teatro nos vemos involucrados de una manera mucho más física y además podemos ser descubiertos y señalados por el mismísimo actor que nos puede ver mientras lo miramos.
En el cine nos podemos permitir ser abiertamente mirones, impunes a cualquier tipo de objeción al voyeurismo. En el teatro, en cambio, estamos todo el tiempo expuestos en ese acto que se produce y se recibe al mismo tiempo. Somos responsables de nuestros ojos y podemos ser descubiertos espiando, así, asistir visualmente a un desnudo ya no es algo tan liviano como en el cine.
El impacto de lo que sucede aquí y ahora es único. Por eso, si vamos a ver La vida es sueño y nos encontramos con un Patricio Contreras que corre sin ningún tipo de ropa ni tapujos hacia nosotros, definitivamente nos sentiremos algo movilizados, entre cacheteados e invadidos y rogaremos que no atraviese la cuarta pared. Si este es el objetivo de una obra bienvenido sea y felicitaciones por la audacia pero debemos decir que es algo por demás impactante. Asimismo, cuando Javier Daulte decidió poner en su obra Automáticos una escena entre dos jóvenes que tenían su primer encuentro sexual, a pesar de estar despojado de un componente erótico intenso, el público quedaba impactado; en el silencio de la sala se empezaban a escuchar los chirridos incómodos de las butacas y todos los movimientos de una platea de espectadores que evidentemente se sentía al desnudo.
Quizá porque el teatro es un espejo mucho más cercano al espectador, quizá por su condición de aquí y ahora, quizá por el hecho de tener en vivo y tan cerca un cuerpo desnudo, lo cierto es que nos amedrenta mucho más, nos invoca, nos moviliza desde otro lugar, más íntimo. Sin duda, lo teatral tiene esta posibilidad y está muy bien que la aproveche, que busque por todos los medios llegar a nosotros atravesando la barrera entre espectador y público y que nos haga mover de nuestros asientos. Si el cuerpo despojado es una vía no nos quedará más que aferrarnos a la butaca y hacernos cargo de esa incomodidad.
Jazmín.Carbonell&Sol.Santoro

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El teatro al desnudo

Los cuerpos desnudos proliferan por doquier en la era digital. La televisión, el cine y la web nos tienen acostumbrados a los pechos al viento, a las escenas de sexo y a alguna que otra pelvis masculina. Es cierto, esto ya no nos asombra, ya no existe…

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“Cariño”: ¿Osará el viento desnudarte?

Tres: él (x 2) y ella. La luz pega sobre el cuerpo y el césped artificial raspa en la piel que la tela no recubre. La naturaleza se ha escondido y sólo queda jugar a descubrirla.

Un estallido sin nombre. Pura pulsión de un encuentro que se repite una y otra vez en distintos cuadros dispuestos por una sucesión no precisamente necesaria, aunque si posible. Una elección entre muchas otras que nos pone en contacto con este sentir que explota sobre el escenario, justo frente a nuestros ojos. ¿Cuál es la diferencia entre querer a alguien y tenerle cariño? Si te quiero, te tengo cariño, incluso mucho. Pero si te tengo cariño, no necesariamente te quiero. ¿O sí?

Aquí existe algo más primario que una denominación llena de simbolismos y conflictos. Una pulsión que mueve a los cuerpos y los amontona, que los vuelve salvajes, unos animales por cuyos cuerpos exuda una pasión que no tiene nombre. Un capricho constante, un arrebato, una emoción desnuda.

Los intérpretes se despliegan sobre un escenario verde, una naturaleza actuada, ficcionalizada. Ellos cantan, bailan y nos cuentan historias. Uno de ellos juega a decirnos en varios idiomas lo que es amar. No sólo

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“Imagen y Semejanza”: Amor aéreo

Enamorarse es un poco como hacer acrobacia sin red. Subís, bajás. Cada tanto sentís que volás y, en otros momentos… bueno, te hacés torta contra el piso. También está cuando simplemente desaparecen los fuegos artificiales, la música, y te ponés a pensar si se fue todo al tacho o qué… Y es que el amor es un poco así; no es una línea recta, sino es más parecido, en mayor o menor medida y partiendo de la frase “cada pareja es un mundo”, a un electrocardiograma. El que no se atreve a jugar y opta por la inercia de la costumbre y la comodidad, termina carreteando en pos de una supuesta seguridad (y se sabe cuando este es el caso).

En una noche de frío, un hombre y una mujer se buscan en el suelo y en el aire. No hay palabras, apenas la música que los acompaña en el reconocerse, conocerse, rechazarse, atraerse de nuevo.

La cuestión es sencilla: una historia de amor. Seguimos esa historia que se presenta entre telas y trapecios, donde los cuerpos se dejan caer hasta casi tocarse, rozarse. En el equilibrio y desequilibrio aparecen las

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La Entrevista (Nahuel Cano – Segunda Parte)

Nahuel Cano –entrevistado-

Sol Salinas -entrevistadora-

SEGUNDA ESCENA: FORMA Y CONTENIDO

El elenco de Un Hueco y algunos espectadores que andaban dando vueltas por ahí comienzan a irse poco a poco:

me pregunto si será el clima que propone este club de barrio el que facilita

que la gente simplemente permanezca.

Nahuel y yo

también permanecemos, seguimos conversando

– no sé exactamente cuánto, pero hace mucho tiempo que estamos conversando –

en el patio.

Me gusta este espacio porque tiene vida propia más allá de la función,

me pregunto acerca de esta construcción hiperrealista que propone la obra

pero no quiero perder el hilo de la entrevista…

Sol. Hace un tiempo leí una crítica acerca de un libro – “En medio de Spinoza”, de Deleuze y el crítico decía que como se trata de un libro que reúne clases dictadas por Deleuze, aborda los temas de otra manera, de una manera más blanda.

Nahuel: Las clases siempre son buenísimas. Hace poco en un seminario leí un

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“Vivo”: Un titiritero de mundos posibles ó el arte de improvisar

Una multitud de personajes inunda la escena tras el obrar de un mismo cuerpo. Un conjunto de máscaras balinesas se posan sobre una pared frente a nuestros ojos. La elección está dada por el azar, cada función es distinta en muchas maneras. Pero siempre una estructura da base a este desarrollo (las máscaras y sus particularidades, la invitación al público, las reglas de la improvisación…). Similar a la estructura de un espectáculo de la comedia del arte donde los personajes, en este caso arquetípicos, improvisan sobre una trama definida, utilizando en muchos casos media-máscaras.

Pero aquí el intérprete no se encuentra acompañado (de otros actores, de una trama, etc.). El sólo se sirve de las máscaras y de su cuerpo-voz como instrumento, elementos primigenios y centrales del teatro. No hay vestuario, ni escenografía que soporte su actuación. La trama se construye en la interacción con el público, en el estar- ahí. El espacio es llenado con su mera presencia. Marcelo Savignone desaparece detrás de las mascaras, de los personajes. Su voz se metamorfosea, su cuerpo adquiera formas distintas y particulares. Su huella se desdibuja tras la representación, que asume un gran dinamismo. Nos olvidamos de su rostro el cual

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