Cuerpos y corazones solitarios I

Vivimos en la era de las redes sociales, pero, si uno pide que levante la mano quien no se siente en estado de crisis, o que en ningún momento se siente en soledad, las manos permanecen donde están y se hace, por unos breves instantes, un silencio algo incómodo. No estoy seguro de llamarlo tendencia, tampoco podría afirmar que está desbancando la proliferación de familias disfuncionales que esperan un milagro para salvarse de la malaria económica pero, me arriesgo a decir, los personajes no extrañados que experimentan la soledad se multiplican en la cartelera porteña. Es decir, ya no son tampoco seres que no accionan (la otra usual alternativa), que dejan transcurrir el tiempo sin saber bien qué hacer o por qué hacerlo, ya no es el tiempo que parece no moverse, sino todo lo contrario.

La referencia a la reiteración no pasa por una cuestión de originalidad, sino de cierta manera de experimentar el mundo que se filtra en las formas de hacer (de ahí la repetición en las estructuras)… Tomo obras para ejemplificar, no con la intención de ubicarlas en un lugar especial, sino porque me sirven de boyas que, a mi entender, condensan formas, caminos.

Se

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“Sangra, nuevas Babilonias”: Caníbales

Sonido de ladridos de fondo al principio que, para el final de la obra, se tornan un leit-motif oscuro, visceral…

Fuera de eso, el silencio. Una carpa cocina. Hay una fiesta, este es el backstage, donde las luces no brillan tanto y el sudor de los cuerpos no es por la cantidad de danzar acumulado.

Lobo y Marina en escena. Lobo está en la suya. Cada tanto, le echa miradas directas a Marina, ¿qué le está queriendo decir? Lobo quiere ser el macho alfa de la carpa cocina y Marina es lo que él considera más bajo en su territorio. Marina está lavando copas. Marina irá a hacer los mandados. Marina irá de aquí para allá con botellas que se le caen. Marina apagará el fuego. Marina llorará y nadie querrá observar su llanto.

Puntos de partida: “Babilonia”, de Discépolo y “Señorita Julia”, de Strindberg. De “Babilonia” queda la estructura de la anécdota: una cocina, los sirvientes de turno, una situación de conflicto y desbalance que dispara la trama; de “Señorita Julia”, los vínculos de poder. De “Babilonia”, ya no quedan los personajes esperanzados ni la inocencia forzada, ya no queda Buenos Aires – ahora es Barcelona, donde

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“La respiración del vacío – Trash”: Miedo a respirar

Un espacio cubierto de forma dispersa por un mobiliario escueto que habrá de ser significado y resignificado. Tres personajes. Una mujer bonita de gesto ausente. Dos hombres: uno es el amante, el otro se evidencia como el sirviente; su rostro puede remitir a sensaciones de temor, templanza, desesperación, furia contenida (depende de la lectura que hagamos cada uno de nosotros).

Texto críptico, enrevesado, laberíntico. Pienso en Alain Resnais en los ´60s. Burguesía decadente, víctimas y victimarios, representaciones que no se sostienen y máscaras que se mantienen a la fuerza.

Los personajes son incapaces de sentir ninguna emoción. Todo está extrañado. Pienso en escenas de films de David Lynch.

Ya no queda ni el dolor. Discursos que atraviesan los monólogos y se muestran vetustos. Pueden tener un sentido que ilumine, o no, ser simplemente pronunciados de manera mecánica; la pose de la pose de la pose.

En los ´60s, en el cine de la Nouvelle Vague o en el de Antonioni, era el aburrimiento, el deambular. Estos personajes no deambulan, son, apenas, decadentes, hastiados. Viven en el miedo a ser y se remiten a repetir y repetirse. Se amparan en un discurso burgués que regla y codifica el vivir y el

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“El desarrollo de la civilización venidera”: Algo ha cambiado, algo sigue igual

Me siento a escribir… la pantalla sigue en blanco y el cursor continúa titilando burlonamente. Voy a la cocina, abro la heladera. Miro lo poco que hay adentro, esperando un golpe de inspiración. Obviamente, nada. Retorno, me siento. Navego por vicio. Encuentro un texto que pone en palabras algunas de las ideas que se me venían cruzando y mejor de lo que se me había ocurrido. Finalmente, consigo comenzar…

“Casa de muñecas”. Ibsen. Fines del 1800. Nora abre la puerta y se va. Escándalo… Comienzos del siglo XXI. Digamos, simplemente, que las cosas han cambiado. Ibsen es ahora un clásico, lo mismo que la obra del escándalo. Que Nora abra la puerta y se vaya ya no es subversivo, ¿o sí? ¿para quién? ¿dónde? Si se pusiera en escena la misma obra, sin ningún cambio, para un público perteneciente a un grupo social altamente patriarcal y conservador, ¿qué pasaría? Pero, bueno, la versión de Veronese ocurre en un teatro de Buenos Aires y los espectadores pertenecemos, en mayor o menor medida, a un mismo espectro socio-cultural. ¿Qué significa eso?

En el tiempo presente de esta versión de los personajes, todo parece ridículo, carente de

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“Los desórdenes de la carne”: La insoportable levedad…

El Cementerio de la Recoleta se fundó en 1822, el año en que nació Torcuato de Alvear. El Cementerio al Norte fue y vino, con algunas sepulturas notables y muchas destinadas al olvido. En alguna época, incluso, estuvo cerrado por el mal estado en que estaba, hasta que Torcuato de Alvear – el que había nacido el año de su creación -, en su proyecto de remodelación de Buenos Aires, lo incluyó para transformarlo en una de las necrópolis más peculiares del mundo. Hoy, cuando entramos, del lado de adentro del pórtico se lee “Expectamus Dominum” (Esperamos al señor = esperamos la Resurrección). Del lado de afuera se puede observar “Requiscant in Pace” (“Descansen en paz”). Se dice que es una manera de entrelazar la vida y la muerte. Se dice, también, que un sacerdote escribió un ensayo donde, entre otras cuestiones, criticaba agudamente a la escultura del mausoleo de Rufina Cambaceres. Al margen de las historias que rodean a la muerte de Rufina, el sacerdote mencionado, escribiendo para la Revista del Arzobispado de Buenos Aires allá por los inicios del 1900, apuntaba a esta escultura como un fuerte símbolo de la

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“La razón blindada”: Imaginar, porque se va la vida en ello

Dos presos de una cárcel de alta seguridad se reúnen todos los domingos para representar una historia. No la recuerdan literal, así que la van reinventando por el camino.

En “Farenheit 451″, donde se queman los libros, un grupo de rebeldes se oculta en el bosque. Cada refugiado tiene la responsabilidad de memorizar un libro para, a su vez, poder transmitirlo a otro llegado el momento. Si esto fallara, innumerable cantidad de obras se perderían.

Dos presos. Una cárcel. Representar como resistencia, como liberación. Representan “Don Quijote” pero, como no lo recuerdan literal, inventan, improvisan, rellenan. De la Mancha es siempre Quijote (salvo una excepción). Panza actúa a todos los demás personajes. Cada tanto, se congelan… “Cuidado”… quizás alguien se acerca. Continúan. Eventualmente, el imaginario telón baja luego de un intercambio metafísico y se saludan hasta el siguiente domingo. Se apagan, siguen los rituales cotidianos (movimientos silentes en solitario), hasta que el preciado día retorna (momento en que se juntan, son más que uno). “Todos los domingos a la tarde, nos escapamos”.

Representar, no porque sea culto, no porque esté de moda, sino porque se

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“Octubre (un blanco en escena)”: Un cuerpo invadido por palabras

La representación existe y no existe como tal, porque eso que nunca llega a representarse es la obra. Todo se desencadena como una sucesión inesperada de eventos que dan cuenta del antes de la representación, y eso es la representación. La escena se desnuda y queda un esqueleto que, por momentos, se desarma y cae para volverse a armar de otra manera.

“Octubre” propone un metalenguaje como obra. El mismo director interviene en la escena para llenarla de frases vacías de proyección trascendental, o sea nada. Se reflexiona sobre la acción antes, durante y después de ser ejecutada. La obra se enmarca dentro de una red de contenidos del imaginario del mundo de la danza, algunos de los cuales quedan plasmados en las devoluciones que realiza el director a sus intérpretes (“- hace la forma por la forma, sean mas efectivas.”) El lugar del director, del bailarín, del público, de la representación y de la danza es cuestionado, siendo este ultimo uno de los grandes cuestionamientos que funciona de base: ¿Leer nota completa “Octubre (un blanco en escena)”: Un cuerpo invadido por palabras

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