Entrevista Manuel Santos Iñurrieta: “Construyendo nuevos mundos fantásticos vamos a dialogar también sobre este presente”

Comencemos por el sincericidio: esta entrevista debería haberse publicado el año pasado. En su momento, por diferentes razones, se fue demorando y, llegado cierto punto de la demora, quien escribe, de manera errónea, asumió que ya era demasiado tarde para subirla, que lo que habíamos hablado quedaba desactualizado (“Crónicas de un comediante” ya había bajado de cartel y “Teruel, la continuidad del sueño” no estaba más en proceso, sino ya estrenada). Resumamos en decir que uno, a veces, puede ser, sencillamente, un salame. Hace un par de semanas fui a ver “Mariano Moreno y un teatro de operaciones”, la última obra de El Bachín, y se me ocurrió releer aquel texto perdido, sólo para darme cuenta que apenas una porción de la entrevista correspondía a aquella percepción de quedar “desactualizada”, y se podía editar, ya que ni siquiera era demasiado relevante para el grueso de lo que fue la charla…

En fin, en vías de enmendar la metida de gamba, acá va la entrevista realizada a Manuel Santos Iñurrieta, dramaturgo, director, actor y docente como parte del núcleo fundacional de El Bachín Teatro, formado en el año 2000 junto a Marcos

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1er Encuentro de la Red de Teatros Españoles de América: Fabricantes de tiempos mejores. Segunda parte

El día 2 del encuentro tuvo por protagonistas a las presentaciones del vicepresidente de la Red TEA, Rodrigo Arribas, y los miembros de la Red Escena (la Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de Titularidad Pública) Francisco Flor Hernández y su actual presidente, Gerardo Ayo Meabe. La idea en este último caso tenía que ver con exponer las experiencias de una red que abarca toda España ahora, pero que se construyó a partir del esfuerzo de años. En el caso de la presentación de Arribas, se relacionó con la propuesta de un plan de trabajo integrando el trabajo de compañías teatrales con el municipio, combinando formación artística con formación de espectadores, de esa manera cumpliendo un doble rol.

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“Cariño”: ¿Osará el viento desnudarte?

Tres: él (x 2) y ella. La luz pega sobre el cuerpo y el césped artificial raspa en la piel que la tela no recubre. La naturaleza se ha escondido y sólo queda jugar a descubrirla.

Un estallido sin nombre. Pura pulsión de un encuentro que se repite una y otra vez en distintos cuadros dispuestos por una sucesión no precisamente necesaria, aunque si posible. Una elección entre muchas otras que nos pone en contacto con este sentir que explota sobre el escenario, justo frente a nuestros ojos. ¿Cuál es la diferencia entre querer a alguien y tenerle cariño? Si te quiero, te tengo cariño, incluso mucho. Pero si te tengo cariño, no necesariamente te quiero. ¿O sí?

Aquí existe algo más primario que una denominación llena de simbolismos y conflictos. Una pulsión que mueve a los cuerpos y los amontona, que los vuelve salvajes, unos animales por cuyos cuerpos exuda una pasión que no tiene nombre. Un capricho constante, un arrebato, una emoción desnuda.

Los intérpretes se despliegan sobre un escenario verde, una naturaleza actuada, ficcionalizada. Ellos cantan, bailan y nos cuentan historias. Uno de ellos juega a decirnos en varios idiomas lo que es amar. No sólo

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“La verdad fugaz”: Las buenas mentiras tienen patas gordas

Te digo que si, todo esto es verdad. La mampostería detrás de nosotros y mis pestañas largas y negras. El señor que esta bailando allí, lleno de tules y con el ombligo al aire, y, sobretodo, aquel helicóptero volando dentro de este bar sin techo. No te preocupes, yo nunca te negaría la verdad.

Si la verdad es fugaz, es decir, rápida, breve, efímera, momentánea, perecedera; entonces, ¿cuánto vale mentir? Cuando mentimos nos volvemos creativos, detallistas, e invertimos mucho tiempo en tramar una buena mentira. Incluso sufrimos reacciones corporales desagradables, como ponernos colorados y podemos, ante un mentiroso profesional, quedar muy mal parados. Pero algunas mentiras (sino todas) adquieren tal peso, tal presencia, que terminan revelando ciertas verdades acerca de nosotros mismos. Porque quizás en ese mismo instante donde prefiramos inventar una mentira se fugue, por entre los recovecos de ésta, alguna verdad fugaz.

Un bar como el lugar del encuentro de una cita sin fecha ni hora. Lugar de la pura casualidad. Punto de fuga, donde todo lo que allí se muestra, parece pero no es, aunque en realidad termina siendo. (¿?) Un encuentro entre desconocidos como disparador de toda esta historia llena de pequeñas historias.

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“Imagen y Semejanza”: Amor aéreo

Enamorarse es un poco como hacer acrobacia sin red. Subís, bajás. Cada tanto sentís que volás y, en otros momentos… bueno, te hacés torta contra el piso. También está cuando simplemente desaparecen los fuegos artificiales, la música, y te ponés a pensar si se fue todo al tacho o qué… Y es que el amor es un poco así; no es una línea recta, sino es más parecido, en mayor o menor medida y partiendo de la frase “cada pareja es un mundo”, a un electrocardiograma. El que no se atreve a jugar y opta por la inercia de la costumbre y la comodidad, termina carreteando en pos de una supuesta seguridad (y se sabe cuando este es el caso).

En una noche de frío, un hombre y una mujer se buscan en el suelo y en el aire. No hay palabras, apenas la música que los acompaña en el reconocerse, conocerse, rechazarse, atraerse de nuevo.

La cuestión es sencilla: una historia de amor. Seguimos esa historia que se presenta entre telas y trapecios, donde los cuerpos se dejan caer hasta casi tocarse, rozarse. En el equilibrio y desequilibrio aparecen las

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1er Encuentro de la Red de Teatros Españoles de América: Fabricantes de tiempos mejores. Primera Parte

Segunda mitad del siglo XIX. En medio de una situación política todavía inestable, la economía de lo que terminará de conformarse en las décadas que quedan como la República Argentina comienza su expansión. Buenos Aires y New York se convierten en los puertos más buscados por los migrantes. En el primer caso, si bien llegan también irlandeses, franceses, polacos, rusos, serbios demás, los inmigrantes son, principalmente, españoles e italianos. Están los que se quedan en Buenos Aires y aquellos que se van distribuyendo por el territorio. Se multiplican las nuevas ciudades fundadas oficialmente. Poco tiempo después de las fundaciones, aparecen las asociaciones de socorro mutuo; la necesidad nuclea. A su vez, al poco de crearse estas sociedades, se suele construir un teatro…

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Antes que el club social y deportivo, existe el teatro. En el caso de los teatros españoles, al menos los distribuidos por la provincia de Buenos Aires, son

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“Jujuy”: Lo irreconciliable

Ella desea dejarlo entrar. El entra de cualquier modo, pero ella ya no está. Se ven, se acercan, pero nunca logran juntarse. La geometría de la arquitectura marca la imposibilidad de una unión: una puerta casi siempre cerrada, un recuadro que se abre y descubre un lugar íntimo (develado ante nuestra mirada)1 donde ellos nunca convergen.

Un conflicto amoroso irreconciliable. Un movimiento que distancia la intención de su acción. Un pasaje que se vuelve constante. Él, ella, él en ella, ella en él. Chiste para cortar el momento. Ya no es ninguno de los dos. Son dos niños. Son ellos, encaprichados inmersos en una indecisión constante. ¿Él en ella? ¿Ella en él? Reconciliación imposible.

Una escenografía que los invita a un juego por momentos poco explorado y caprichoso. La puerta al principio de la obra, mientras el público aun está ingresando en la sala, modifica su estatuto continuamente: es lugar de descanso (ya que cuenta con unas tablas adheridas a su superficie para sentarse), de paso (de adelante hacia atrás) y de recorrido exploratorio (los interpretes la trepan, se cuelgan, exploran su posibilidades). Después todo ese primer juego se pierde, devolviéndole a aquel objeto su esencia más funcional: lugar

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“Sótano”: El otro lado…

Un hombre cruza la calle, se distrae mirando una casa. Por esa distracción, un auto lo peina, casi lo atropella. De dentro de la casa lo ven y lo llevan hacia el interior de la misma. Ahora el hombre está ahí, en el living, ya algo repuesto y esgrime un débil “hijo de puta” dirigido al conductor ya escapado. ¿Qué hace ahí? ¿por qué acepta una cerveza tras otra de un extraño? ¿por qué no se va? ¿por qué el extraño insiste con que se quede?

Un hombre va a buscar algo a una casa. El dueño de casa sabe qué es lo que viene a buscar. Pero, antes de llegar al momento de la revelación, es necesario jugar al gato y al ratón un tiempo. Es necesario alimentar el suspenso y que las cosas lleguen naturalmente al cauce que ambos saben que deben tomar, que las palabras no salgan forzadas, sino que fluyan y se diga lo que saben ambos habrá de decirse.

En el discurso, el sótano es un lugar físico en algún lugar, pero eso es sólo en la superficie de lo que dicen. El sótano invisible es también aquel como el de Dostoievski,

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“Todos eran mis hijos”: Sin salida aparente…

La Guerra (la Segunda). Un hijo ha muerto. No, corrección, ha desaparecido. Un hombre, su padre, ha invertido toda su vida para construir y mantener un negocio. Otro hombre, su hermano, es el heredero del negocio, aunque no lo quiere, y es el que lleva la carga de ser “el que sobrevivio” y el que ha visto el horror y ha vuelto, no para contarlo, sino para darse cuenta que en su barrio nada ha cambiado (o que prefieren olvidar, o hacer de cuenta que no pasó nada, y seguir adelante con su cotidianidad). Una mujer, la madre, recuerda todos los días, obsesivamente, compulsivamente; es necesario esperar al hijo, nada debe moverse de su lugar. Otra mujer, en su momento la novia del que no está, llega para confirmarle al que sí está que el amor que el siente por ella es correspondido. Otro hombre, ausente pero vivo, el padre de la segunda mujer, lleva otra carga: la de estar preso por un crimen del cual puede o no ser responsable en su totalidad, relacionado a su vez con la muerte / desaparición del que no está. A todos ellos los rodea una recuperada normalidad que va a estallar

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“Lo bueno por conocer, clínica para matrimonios fracturados”: Pánico a lo nuevo, angustia por lo viejo…

Que lo bueno por conocer siempre está hacia delante, ahí, en algún lugar. Entonces, ¿con el presente qué hacemos?

Tres parejas coinciden en un extraño retiro espiritual. El objetivo es claro: salvar sus matrimonios. Ahora, por las discusiones iniciales dentro de cada reducto relacional, pareciera ser que nadie se preguntó realmente si los matrimonios en cuestión desean ser rescatados. Esencialmente, es factible llegar a la conclusión de que todos están con la persona equivocada, al menos en el presente…

El presente es el lugar de lo que todavía no pasó y del recuerdo de lo que alguna vez fue. Es, también, el tiempo de la acción. Pero, ¿qué pasa cuando la acción está orientada a recuperar algo que ya no está ahí, a personas que ya no existen?

Las parejas siguen como pueden las consignas estrambóticas de un sacerdote que cobra fortunas por aplicar recetas sacadas de un manual de coaching para empresas o de algún libro de autoayuda. Y, en cada binomio, hay uno de ellos que desea que resulte. El problema, claro, es que no es claro si el deseo es compartido…

Ellas no tienen más lo que alguna vez tuvieron (las miradas de todos los hombres

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