Entrevista Manuel Santos Iñurrieta: “Construyendo nuevos mundos fantásticos vamos a dialogar también sobre este presente”

Comencemos por el sincericidio: esta entrevista debería haberse publicado el año pasado. En su momento, por diferentes razones, se fue demorando y, llegado cierto punto de la demora, quien escribe, de manera errónea, asumió que ya era demasiado tarde para subirla, que lo que habíamos hablado quedaba desactualizado (“Crónicas de un comediante” ya había bajado de cartel y “Teruel, la continuidad del sueño” no estaba más en proceso, sino ya estrenada). Resumamos en decir que uno, a veces, puede ser, sencillamente, un salame. Hace un par de semanas fui a ver “Mariano Moreno y un teatro de operaciones”, la última obra de El Bachín, y se me ocurrió releer aquel texto perdido, sólo para darme cuenta que apenas una porción de la entrevista correspondía a aquella percepción de quedar “desactualizada”, y se podía editar, ya que ni siquiera era demasiado relevante para el grueso de lo que fue la charla…

En fin, en vías de enmendar la metida de gamba, acá va la entrevista realizada a Manuel Santos Iñurrieta, dramaturgo, director, actor y docente como parte del núcleo fundacional de El Bachín Teatro, formado en el año 2000 junto a Marcos

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“Después del Borde”: Entre la muerte y la locura

Ver la obra de Heidi Steinhardt “Después del Borde” es ingresar a un mundo de fantasía que se ampara poéticamente en lo fantástico. Así, la escenografía que propone Alejandra Polito, cumple la función de situar a los seis personajes, así, se recrea un mundo similar al bosque donde podría haberse perdido la Alicia de Lewis Carroll. Lejos de conservar la inocencia de la estructura escenográfica y del vestuario, los personajes de “Después del borde”, van acercando sus historias, dejando en ellas los motivos que los acercan a la muerte y a la locura, motivos que los anclan y los retienen en un lugar falso, que los detienen en el tiempo.

El manejo del espacio y del tiempo en la obra es creado por los relatos que construyen los personajes, los relatos con los que se dirigen a un receptor que ubican por momentos en el lugar de terapeuta, y que no es necesariamente el espectador. Y no lo es, porque el nivel de emociones que transmiten todos los personajes involucra a quienes escuchan, rompiendo un posible distanciamiento.

Esta obra de relatos fragmentados, de mundos desgarrados, de faltas, de vacíos, se centra además en

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“Cariño”: ¿Osará el viento desnudarte?

Tres: él (x 2) y ella. La luz pega sobre el cuerpo y el césped artificial raspa en la piel que la tela no recubre. La naturaleza se ha escondido y sólo queda jugar a descubrirla.

Un estallido sin nombre. Pura pulsión de un encuentro que se repite una y otra vez en distintos cuadros dispuestos por una sucesión no precisamente necesaria, aunque si posible. Una elección entre muchas otras que nos pone en contacto con este sentir que explota sobre el escenario, justo frente a nuestros ojos. ¿Cuál es la diferencia entre querer a alguien y tenerle cariño? Si te quiero, te tengo cariño, incluso mucho. Pero si te tengo cariño, no necesariamente te quiero. ¿O sí?

Aquí existe algo más primario que una denominación llena de simbolismos y conflictos. Una pulsión que mueve a los cuerpos y los amontona, que los vuelve salvajes, unos animales por cuyos cuerpos exuda una pasión que no tiene nombre. Un capricho constante, un arrebato, una emoción desnuda.

Los intérpretes se despliegan sobre un escenario verde, una naturaleza actuada, ficcionalizada. Ellos cantan, bailan y nos cuentan historias. Uno de ellos juega a decirnos en varios idiomas lo que es amar. No sólo

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“Yo soy Fijman”: Buscando a Fijman

Lo que queda de uno cuando uno ya no está es lo que los demás recuerdan. El uno de verdad, el original, ya se fue, y lo que lo sobrevive es el relato, la memoria, a veces la leyenda. Uno pasa a ser un personaje y, como tal, se trasciende a sí mismo y se transforma en otra cosa. Si el relato es bueno, en algún punto, ¿importa realmente si uno existió? Por eso también la importancia de un buen relato y de que no hay narradores inocentes…

Tenemos a cuatro personajes en escena (escena en la que estamos todos distribuidos al estilo tertulia, en mesas y con correspondientes copas de vino servidas; para los abstemios, bebidas sin alcohol): dos hombres que plantean haberse puesto la labor de escribir una obra sobre el poeta Jacobo Fijman, un músico y un personaje femenino que sobrevuela cual fantasma el espacio interviniendo periódicamente; hay otro también que hace apariciones y se ubica más en el registro de narrador, del “contador de historias”, pero también de una suerte de entrevistado por un invisible periodista (el también poeta y amigo de Fijman, Vicente Zito Lema). La descripción está acá simplificada,

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“La verdad fugaz”: Las buenas mentiras tienen patas gordas

Te digo que si, todo esto es verdad. La mampostería detrás de nosotros y mis pestañas largas y negras. El señor que esta bailando allí, lleno de tules y con el ombligo al aire, y, sobretodo, aquel helicóptero volando dentro de este bar sin techo. No te preocupes, yo nunca te negaría la verdad.

Si la verdad es fugaz, es decir, rápida, breve, efímera, momentánea, perecedera; entonces, ¿cuánto vale mentir? Cuando mentimos nos volvemos creativos, detallistas, e invertimos mucho tiempo en tramar una buena mentira. Incluso sufrimos reacciones corporales desagradables, como ponernos colorados y podemos, ante un mentiroso profesional, quedar muy mal parados. Pero algunas mentiras (sino todas) adquieren tal peso, tal presencia, que terminan revelando ciertas verdades acerca de nosotros mismos. Porque quizás en ese mismo instante donde prefiramos inventar una mentira se fugue, por entre los recovecos de ésta, alguna verdad fugaz.

Un bar como el lugar del encuentro de una cita sin fecha ni hora. Lugar de la pura casualidad. Punto de fuga, donde todo lo que allí se muestra, parece pero no es, aunque en realidad termina siendo. (¿?) Un encuentro entre desconocidos como disparador de toda esta historia llena de pequeñas historias.

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e n t r e v i s t a 1 2 4

Cecilia Blanco Javier Drolas Agustín Repetto Fernando Tur.

12 4, es la 2 vez que presencio la obra.

La 1 vez me sorprendió con sus juegos sonoros y visuales.

En esta 2 experiencia:

las dinámicas que se suceden con prolijidad y eficacia,

las coreografías precisas,

la musicalidad.

Volvieron a asombrarme.

***

Me pregunto por el proceso y los ensayos…

***

A veces pienso que comer antes o después de ir al teatro es parte del ritual.

Me encontré con los actores – autores-directores- performers en un restaurant, después de la función.

***

Sol: Les voy a pedir que digan sus nombres antes de hablar… sé que es raro pero sino no voy a saber quién habló, quién dijo qué.

Todos: Bueno.

Sol: Viendo “12 4” lo primero que me pregunté es acerca del proceso, ¿cómo trabajaron? ¿Cómo fueron los ensayos?

Fernando: Bueno, yo soy Fernando Tur, se escribe

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“Vivo”: Un titiritero de mundos posibles ó el arte de improvisar

Una multitud de personajes inunda la escena tras el obrar de un mismo cuerpo. Un conjunto de máscaras balinesas se posan sobre una pared frente a nuestros ojos. La elección está dada por el azar, cada función es distinta en muchas maneras. Pero siempre una estructura da base a este desarrollo (las máscaras y sus particularidades, la invitación al público, las reglas de la improvisación…). Similar a la estructura de un espectáculo de la comedia del arte donde los personajes, en este caso arquetípicos, improvisan sobre una trama definida, utilizando en muchos casos media-máscaras.

Pero aquí el intérprete no se encuentra acompañado (de otros actores, de una trama, etc.). El sólo se sirve de las máscaras y de su cuerpo-voz como instrumento, elementos primigenios y centrales del teatro. No hay vestuario, ni escenografía que soporte su actuación. La trama se construye en la interacción con el público, en el estar- ahí. El espacio es llenado con su mera presencia. Marcelo Savignone desaparece detrás de las mascaras, de los personajes. Su voz se metamorfosea, su cuerpo adquiera formas distintas y particulares. Su huella se desdibuja tras la representación, que asume un gran dinamismo. Nos olvidamos de su rostro el cual

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“Hernanito”: Todas las voces, todas

“Ahora bien: imaginemos la difícil infancia de un niñito cuyo padre dedica más tiempo a un títere que a él. Puede haber sido de verdad tremenda. Tan tremenda como la suerte de Chirolita: ahora todos temen por su integridad. Chirola le arruinó la niñez al hijo de Chasman, y el pibe no quiere saber nada de ventriloquía” LA NACION, 02/07/00

El planteo es, aparentemente, simple. Tenemos factores A y B en C. A, un industrial duelo de una pequeña fábrica de piezas metálicas. B, postulante a la única vacante laboral en la empresa de A. C, entonces, es la fábrica de A, donde desempeñará tareas B. Complicación: caja fuerte en oficina de A. Factor X encerrado en caja fuerte en oficina. Factor X, entonces, opera desde el encierro. A y B en C, rutina de trabajo, intercambian cosmovisiones, opiniones religiosas y futboleras. A no es igual a B. Ni parecido. Pero es pieza esquizo-industrial. A no será sólo A. A es igual a X. Partes alternas, complementarias. X empuja por salir. A empuja para que no salga. Todo ocurre en C. Todo el tiempo B observa. No entiende. Maquinarias, chat y foros, mesa de ping

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“Absentha”: Poesía bajo consigna, antes y después del ajenjo

“Embriáguense.

Con poesía, con vino o con virtud.

Como quieran

Charles Baudelaire

Atención los que creímos que estaba todo dicho (escrito) en poesía.

Recomendación: visitar ABSENTHA. En absoluto estado de sobriedad.

Visitar en horario nocturno aula de escuela pública. Terminadas las vacaciones, tres hombres vuelven a encontrarse. Tallerarán poesía.

(Balde de almejas) Uno habla de cosas simples. Otro de patria y amor.

No pueden evitar ser poetas.

Se nota.

Docente venido a peor. Scotch on the rocks.

Y falta alguien. Falta. Si. Se despidió. Haiku invertido, o una consigna que se pierde en el desierto.

Poesía socioamorosa. Polipoesía con base rítmica. Poxirán, social y popular.

Quedaron tres.

Poéticas compaincompatibles.

Oliverio Girondo tuvo su Croquis en la Arena. Otro, allí, en el aula, décadas más tarde, su oda al anotador playero, que te habrás caído en la mar salada. Oleaje punga.

Milk Man de vanguardia obscena.

Permitite rimar. Permitítelo.

Clase tras clase. Repetidamente.

Sopor de poesía banal, berreta. Pretenciosa.

Es natural que escriban mierda. Es epocal.

Por suerte existen elíxires. En todos los tiempos. Hay un hada verde que vive en el ajenjo.

Algo

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“Teruel y la continuidad del sueño”: Seguir soñando y jugarse la vida en ello

Los nacionalistas cuentan con la ayuda de los italianos y de la Legión Cóndor proveniente de Alemania. Los republicanos (en toda la complejidad que la palabra implica y que no alcanza aquí ni de casualidad a sintetizar todas las ramas que formaban parte y las contradicciones internas), cuentan con un yunque atado al cuello bajo el nombre de Stalin. Rafael Alberti y María Teresa León, por su parte, llaman al envío de obras en pos de conformar por diferentes medios un teatro revolucionario. Llega 1938, Franco apunta a Madrid. Las palabras de La Pasionaria (“¡No pasarán!”), ya no alcanzan. Los republicanos atacan Teruel a principios de año y demoran el avance, pero poco tiempo después llega el contraataque. Al final de la guerra, los exiliados se van con una palabra que les quema: “Volveremos”.

Teruel. Una pareja de brigadistas argentinos, Andrés y Julieta, actores ellos, están tratando de escribir una obra para mandarle a Rafael. Ella sueña con tanques y batallas que no identifica. Él la acompaña, la estimula. Juntos, juegan a que tras la puerta el mundo no se viene abajo. Ahí dentro, en su

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