“Pléyades”: Buscando partir del sueño

Las Pléyades son siete hermanas (aunque acá sean cinco) míticas. Como todo mito griego, se acuestan con los dioses, son perseguidas por otros y, eventualmente, transformadas por el caprichoso Zeus en algo más: estrellas que navegan el cielo eternamente.

Pero hay que olvidar un poco el mito, o tomar algunas cosas y otras dejarlas ir. Acá hay cinco mujeres que llegan a un barco, afín de partir hacia destino desconocido. Vestidas de rojo se encuentran a la entrada (en uno de los ambientes de Silencio de Negras), se saludan, algunas buscan seducirnos (embriagándose cuando brindan y con ganas de hombre). El viaje comienza.

Las viajeras se nos presentan (a cada grupo de seguidores por separado en diferentes ambientes de Silencio de Negras, ahora un barco en ultramar, y nunca es develado que fue revelado en secreto; cada uno recibirá, en potencia, una obra distinta, en función de aquella información que le fue confiada), para luego volver a reunirse cuando el barco naufraga.

Todas huyen de un pasado del que reniegan o que las expulsa, y enfilan hacia un hombre que les es promesa de felicidad. Al naufragar, sobreviven, por alguna razón, sólo para ser esclavizadas por una Capitana que

Leer nota completa “Pléyades”: Buscando partir del sueño

“Beatriz, la historia de una mujer inventada”: Memorias y un abrazo

Beatriz es una mujer que es muchas. Beatriz es muchas ella misma, porque fue niña, joven, adulta y anciana. Beatriz nació, como decía Dickens en “David Copperfield”, y en algún momento muere.

En un espacio vacío, está sólo siempre Beatriz, siendo ella y los otros. ¿Los imagina? ¿Los recuerda? ¿Son fantasmas? ¿Acaso es siempre la misma figura que se transforma porque los vemos a través de sus ojos? Ocupa y rellena huecos dejados por los demás con su propia fuerza e imaginación, mezclada con resignación.

Una vida que no es exactamente la que se deseaba: ella dueña de un comercio, su marido mozo. La plata siempre justa, las hijas que crecen y se van. Lo que queda es la soledad de la rutina. ¿Qué pasó con el amor? ¿Qué pasó con los sueños? A Beatriz la invade la melancolía permanentemente. El negocio la absorbe, pero también es el escape, la compañía, el refugio.

Laura Pagés se evidencia, en determinado momento, como la titiritera. Beatriz es un títere, pero también alguien que podría ser cualquiera. Siempre conocemos alguien como ella, podríamos ser nosotros mismos… Quizás por eso (o porque, no sé, quizás se me antoja o necesito verlo así), en

Leer nota completa “Beatriz, la historia de una mujer inventada”: Memorias y un abrazo

“Después del Borde”: Entre la muerte y la locura

Ver la obra de Heidi Steinhardt “Después del Borde” es ingresar a un mundo de fantasía que se ampara poéticamente en lo fantástico. Así, la escenografía que propone Alejandra Polito, cumple la función de situar a los seis personajes, así, se recrea un mundo similar al bosque donde podría haberse perdido la Alicia de Lewis Carroll. Lejos de conservar la inocencia de la estructura escenográfica y del vestuario, los personajes de “Después del borde”, van acercando sus historias, dejando en ellas los motivos que los acercan a la muerte y a la locura, motivos que los anclan y los retienen en un lugar falso, que los detienen en el tiempo.

El manejo del espacio y del tiempo en la obra es creado por los relatos que construyen los personajes, los relatos con los que se dirigen a un receptor que ubican por momentos en el lugar de terapeuta, y que no es necesariamente el espectador. Y no lo es, porque el nivel de emociones que transmiten todos los personajes involucra a quienes escuchan, rompiendo un posible distanciamiento.

Esta obra de relatos fragmentados, de mundos desgarrados, de faltas, de vacíos, se centra además en

Leer nota completa “Después del Borde”: Entre la muerte y la locura

“La Quema”: Nunca acabará el humo

Se cura con Pancután. “Se podrá apagar todos los fuegos Pero nunca acabará el humo.” Roberto Juarroz

El fuego sana, cura. Pero el proceso de purificación no está completo si no hay sufrimiento. Juana de Arco, las brujas de Salem, la audacia de Prometeo, el éxodo jujeño…el Ave Fénix…hace falta fuego para empezar de nuevo.

¿Y el humo?

Queda. Resabio de lo muerto, nos recuerda que algo ha pasado por ahí. Huella inevitable, obligada a habitar en el viento, en el aire, acá, adentro, desde la nariz y la boca hasta la garganta, hasta los pulmones. Epitafio de lo que pasó.

Humo. Mucho humo. Sentada, anota remedios en una libretita. Sillón desvencijado. De la vicedirección. Acá hay olor a pelo quemado (fijate si en la cartera no tenés una birome que ande) Dibujados en tiza, hay cosa que dicen su ausencia. Yo no me llamo Marcela. ¿Qué pasa? Yo no me llamo Sofía. Señora, equivocado. Mi perro se comió la pata, la engangrenada. Se ve que la gangrena da olor a. Ojito, estoy vigilando. A ver si a alguno se le ocurre quemar otra peluca. De a ratos, la radio habla. Con humo habla, en todas partes, en todos,

Leer nota completa “La Quema”: Nunca acabará el humo

“Yo soy Fijman”: Buscando a Fijman

Lo que queda de uno cuando uno ya no está es lo que los demás recuerdan. El uno de verdad, el original, ya se fue, y lo que lo sobrevive es el relato, la memoria, a veces la leyenda. Uno pasa a ser un personaje y, como tal, se trasciende a sí mismo y se transforma en otra cosa. Si el relato es bueno, en algún punto, ¿importa realmente si uno existió? Por eso también la importancia de un buen relato y de que no hay narradores inocentes…

Tenemos a cuatro personajes en escena (escena en la que estamos todos distribuidos al estilo tertulia, en mesas y con correspondientes copas de vino servidas; para los abstemios, bebidas sin alcohol): dos hombres que plantean haberse puesto la labor de escribir una obra sobre el poeta Jacobo Fijman, un músico y un personaje femenino que sobrevuela cual fantasma el espacio interviniendo periódicamente; hay otro también que hace apariciones y se ubica más en el registro de narrador, del “contador de historias”, pero también de una suerte de entrevistado por un invisible periodista (el también poeta y amigo de Fijman, Vicente Zito Lema). La descripción está acá simplificada,

Leer nota completa “Yo soy Fijman”: Buscando a Fijman

“Potestad”: Los tiempos han cambiado, ¿o no?

“Potestad” se estrenó originalmente allá por el año ’86, un año después de “La Historia Oficial”. Ese mismo año, el 24 de diciembre, se promulgaba la Ley de Punto Final, en la que se leía “se extinguirá la acción penal contra toda persona que hubiere cometido delitos vinculados a la instauración de formas violentas de acción política hasta el 10 de diciembre de 1983″. La ley no abarcaba, sin embargo, lo referido al secuestro y tenencia ilegal de chicos hijos de desaparecidos. “La Historia Oficial” y “Potestad” ponían su acento en un tema que habría de cobrar mayor fuerza unos diez años después cuando, en 1998, las Abuelas de Plaza de Mayo consiguen que se reabra la causa (una de tantas ironías de nuestra historia legal, es que la que la reabra sea la jueza María Servini de Cubría, quien años antes había cobrado notoriedad cuando detuvo la emisión, sin haberlo visto, de un programa de Tato Bores en el cual hacía humor del hecho de que se le hubiera impuesto una multa de 60 pesos después de diez pedidos de juicio político por irregularidades

Leer nota completa “Potestad”: Los tiempos han cambiado, ¿o no?

“Todos eran mis hijos”: Sin salida aparente…

La Guerra (la Segunda). Un hijo ha muerto. No, corrección, ha desaparecido. Un hombre, su padre, ha invertido toda su vida para construir y mantener un negocio. Otro hombre, su hermano, es el heredero del negocio, aunque no lo quiere, y es el que lleva la carga de ser “el que sobrevivio” y el que ha visto el horror y ha vuelto, no para contarlo, sino para darse cuenta que en su barrio nada ha cambiado (o que prefieren olvidar, o hacer de cuenta que no pasó nada, y seguir adelante con su cotidianidad). Una mujer, la madre, recuerda todos los días, obsesivamente, compulsivamente; es necesario esperar al hijo, nada debe moverse de su lugar. Otra mujer, en su momento la novia del que no está, llega para confirmarle al que sí está que el amor que el siente por ella es correspondido. Otro hombre, ausente pero vivo, el padre de la segunda mujer, lleva otra carga: la de estar preso por un crimen del cual puede o no ser responsable en su totalidad, relacionado a su vez con la muerte / desaparición del que no está. A todos ellos los rodea una recuperada normalidad que va a estallar

Leer nota completa “Todos eran mis hijos”: Sin salida aparente…

“La Plaza del Diamante”: Y a pesar de todo, los pájaros siguen volando

Una mujer sentada en un banco de plaza cuenta, o recuerda, o algo así… Pienso en “Harina”, la de Román Podolsky. Sin embargo, aquella era una mujer que bien podía ser un fantasma que se negaba a partir, que era el rastro de lo que alguna vez había estado allí. Esta mujer, al contrario, quizás se anima a “estar” por primera vez y, por eso, necesita desesperadamente narrarse. Por eso habla y no puede parar, no quiere, por primera vez…

Está sentada en una plaza, aquella donde, probablemente, haya comenzado todo para ella. La luz baña la escena, suave, amable. Las hojas caídas y la tierra la rodean. Para poder irse, a veces es necesario primero volver…

Es el relato de una vida llena de penas y sufrimientos pero, sobre todo, de silencios (¿miedos quizás? no estoy seguro…). Es la historia de una vida donde el cuerpo de ella nunca fue asumido como propio, y los hechos, por más terribles que resultaran, fueron tomados como naturales. Es en los gestos pequeños, como el de comer medio caramelo para terminar la otra mitad más tarde, o en los hombros que siguen tirando para adentro, donde se

Leer nota completa “La Plaza del Diamante”: Y a pesar de todo, los pájaros siguen volando

“El peor de los públicos”: Cuando el teatro y la muerte se parecen

Prosigamos, si dios quiere, nuestro camino de dios pues siempre se dice adió y una sola vez se muere

Raúl Gonzáles Tuñón

Parece ser que existe un ¨diccionario de la muerte¨. Allí, se define a la tanatoestética como el conjunto de prácticas de conservación de los cadáveres, a corto o a largo plazo. Esto es, ¨lookear¨al muerto para su velatorio a cajón abierto, o embalsamarlo.

A eso se dedica Atilio, sólo que no sabe que así se llama su oficio. Se define como una especie de artista de la muerte, y llama carniceros al resto de sus colegas. La tanatoestética es una propuesta agregada a los servicios fúnebres, presente en casas velatorias de determinado estatus. Arriba del taller de Atilio están las salas donde los muertos recibirán el adiós de los suyos. Pero, a juzgar por el sótano en el que este español cabrón trabaja, podríamos poner en duda la categoría del lugar: un sótano muerto (por supuesto) de pocas dimensiones, techo bajo y olor a rancio. Ahí dentro pasa sus días el protagonista de la obra, viendo pasar y pasar cuerpos sin vida, sobre los que intervendrá para que lleguen decentes

Leer nota completa “El peor de los públicos”: Cuando el teatro y la muerte se parecen

“La respiración del vacío – Trash”: Miedo a respirar

Un espacio cubierto de forma dispersa por un mobiliario escueto que habrá de ser significado y resignificado. Tres personajes. Una mujer bonita de gesto ausente. Dos hombres: uno es el amante, el otro se evidencia como el sirviente; su rostro puede remitir a sensaciones de temor, templanza, desesperación, furia contenida (depende de la lectura que hagamos cada uno de nosotros).

Texto críptico, enrevesado, laberíntico. Pienso en Alain Resnais en los ´60s. Burguesía decadente, víctimas y victimarios, representaciones que no se sostienen y máscaras que se mantienen a la fuerza.

Los personajes son incapaces de sentir ninguna emoción. Todo está extrañado. Pienso en escenas de films de David Lynch.

Ya no queda ni el dolor. Discursos que atraviesan los monólogos y se muestran vetustos. Pueden tener un sentido que ilumine, o no, ser simplemente pronunciados de manera mecánica; la pose de la pose de la pose.

En los ´60s, en el cine de la Nouvelle Vague o en el de Antonioni, era el aburrimiento, el deambular. Estos personajes no deambulan, son, apenas, decadentes, hastiados. Viven en el miedo a ser y se remiten a repetir y repetirse. Se amparan en un discurso burgués que regla y codifica el vivir y el

Leer nota completa “La respiración del vacío – Trash”: Miedo a respirar

Archivos