1er Encuentro de la Red de Teatros Españoles de América: Fabricantes de tiempos mejores. Primera Parte

Segunda mitad del siglo XIX. En medio de una situación política todavía inestable, la economía de lo que terminará de conformarse en las décadas que quedan como la República Argentina comienza su expansión. Buenos Aires y New York se convierten en los puertos más buscados por los migrantes. En el primer caso, si bien llegan también irlandeses, franceses, polacos, rusos, serbios demás, los inmigrantes son, principalmente, españoles e italianos. Están los que se quedan en Buenos Aires y aquellos que se van distribuyendo por el territorio. Se multiplican las nuevas ciudades fundadas oficialmente. Poco tiempo después de las fundaciones, aparecen las asociaciones de socorro mutuo; la necesidad nuclea. A su vez, al poco de crearse estas sociedades, se suele construir un teatro…

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Antes que el club social y deportivo, existe el teatro. En el caso de los teatros españoles, al menos los distribuidos por la provincia de Buenos Aires, son

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“Absentha”: Poesía bajo consigna, antes y después del ajenjo

“Embriáguense.

Con poesía, con vino o con virtud.

Como quieran

Charles Baudelaire

Atención los que creímos que estaba todo dicho (escrito) en poesía.

Recomendación: visitar ABSENTHA. En absoluto estado de sobriedad.

Visitar en horario nocturno aula de escuela pública. Terminadas las vacaciones, tres hombres vuelven a encontrarse. Tallerarán poesía.

(Balde de almejas) Uno habla de cosas simples. Otro de patria y amor.

No pueden evitar ser poetas.

Se nota.

Docente venido a peor. Scotch on the rocks.

Y falta alguien. Falta. Si. Se despidió. Haiku invertido, o una consigna que se pierde en el desierto.

Poesía socioamorosa. Polipoesía con base rítmica. Poxirán, social y popular.

Quedaron tres.

Poéticas compaincompatibles.

Oliverio Girondo tuvo su Croquis en la Arena. Otro, allí, en el aula, décadas más tarde, su oda al anotador playero, que te habrás caído en la mar salada. Oleaje punga.

Milk Man de vanguardia obscena.

Permitite rimar. Permitítelo.

Clase tras clase. Repetidamente.

Sopor de poesía banal, berreta. Pretenciosa.

Es natural que escriban mierda. Es epocal.

Por suerte existen elíxires. En todos los tiempos. Hay un hada verde que vive en el ajenjo.

Algo

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“Un hueco”: Sueños rotos

Entramos al club, subimos por la escalera. Bullicio. Poca luz. Sandwiches (sanguchitos) y vino. No lo sabemos aun, pero asistimos a un velorio. Alguien murió y el pueblo asiste al evento pero, ¿por qué?

Se abre una puerta, pasamos, volvemos a ser espectadores.

Los tres amigos históricos del difunto se reunen en el vestuario. Entre las luces de tubo y los lockers vacíos, se rebelan contra el morbo de lo que hay ahí afuera. Pero, también, se esconden (o se refugian) de tener que enfrentar los hechos. Cada uno lo hace como puede… la muerte no viene con un manual de instrucciones.

Uno de los amigos anda rengo, el otro viene aporteñado (es el que dejó el pueblo y se fue a Buenos Aires) y el tercero tiene un pedo que apenas puede sostenerse en pie. Los une la muerte y el espanto (y ahora pienso en cuánto eso se repite en nuestra historia… pero divago…); la muerte del amigo que se fue antes de tiempo y el espanto por el circo que hay tras las puertas (no obstante lo cual eso no les impide calentarse con las meseras que sirven el copetín o espiar, en algún caso, en

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Cuerpos y corazones solitarios I

Vivimos en la era de las redes sociales, pero, si uno pide que levante la mano quien no se siente en estado de crisis, o que en ningún momento se siente en soledad, las manos permanecen donde están y se hace, por unos breves instantes, un silencio algo incómodo. No estoy seguro de llamarlo tendencia, tampoco podría afirmar que está desbancando la proliferación de familias disfuncionales que esperan un milagro para salvarse de la malaria económica pero, me arriesgo a decir, los personajes no extrañados que experimentan la soledad se multiplican en la cartelera porteña. Es decir, ya no son tampoco seres que no accionan (la otra usual alternativa), que dejan transcurrir el tiempo sin saber bien qué hacer o por qué hacerlo, ya no es el tiempo que parece no moverse, sino todo lo contrario.

La referencia a la reiteración no pasa por una cuestión de originalidad, sino de cierta manera de experimentar el mundo que se filtra en las formas de hacer (de ahí la repetición en las estructuras)… Tomo obras para ejemplificar, no con la intención de ubicarlas en un lugar especial, sino porque me sirven de boyas que, a mi entender, condensan formas, caminos.

Se

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“Una de gente normal”: Normales…

“Una de gente normal”, o sea una obra de gente normal o una obra que representa a gente normal, o ambas. De gente normal y de gente que representa a gente normal, y no por eso menos conflictiva, ni menos turbulenta, ni menos oscura, ni menos profunda; y no por eso complicada, ni pretenciosa, ni intelectual en el mal sentido de la palabra (porque, hoy en día, hay un mal sentido en esa palabra).

Esta obra dirigida por Agustín Pruzzo simplemente narra la vida de tres hermanos, el cumpleaños de uno de ellos y una gran cantidad de mentiras, de omisiones, de manejos, de dudas y de inseguridades. Y no por esto es una tragedia, sino, más bien, y como ellos dicen, un drama cómico. Una obra en la que ingresa, en cierto modo, algo de lo nuestro, de lo argentino, de la complicada idiosincrasia argentina, del desgarro sistemático de nuestra identidad, porque se narran diversos problemas como saber quiénes somos y cuál es nuestro lugar.

“Una de gente normal”, recorre este mundo desde un mismo espacio, el departamento de Darío, y desde un mismo tiempo, su cumpleaños. Y, entonces, los conflictos se suscitan, aparecen y se desarrollan

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“Los desórdenes de la carne”: La insoportable levedad…

El Cementerio de la Recoleta se fundó en 1822, el año en que nació Torcuato de Alvear. El Cementerio al Norte fue y vino, con algunas sepulturas notables y muchas destinadas al olvido. En alguna época, incluso, estuvo cerrado por el mal estado en que estaba, hasta que Torcuato de Alvear – el que había nacido el año de su creación -, en su proyecto de remodelación de Buenos Aires, lo incluyó para transformarlo en una de las necrópolis más peculiares del mundo. Hoy, cuando entramos, del lado de adentro del pórtico se lee “Expectamus Dominum” (Esperamos al señor = esperamos la Resurrección). Del lado de afuera se puede observar “Requiscant in Pace” (“Descansen en paz”). Se dice que es una manera de entrelazar la vida y la muerte. Se dice, también, que un sacerdote escribió un ensayo donde, entre otras cuestiones, criticaba agudamente a la escultura del mausoleo de Rufina Cambaceres. Al margen de las historias que rodean a la muerte de Rufina, el sacerdote mencionado, escribiendo para la Revista del Arzobispado de Buenos Aires allá por los inicios del 1900, apuntaba a esta escultura como un fuerte símbolo de la

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Entrevista a Edgardo Dib: El quiebre del círculo

“La casa Alba”, de Edgardo Dib, que estuvo en cartel hasta algunas semanas, es una obra que habla del deseo, de romper el sistema para poder alcanzarlo, de las consecuencias de animarse a hacerlo, y también habla del teatro, de las miles de maneras de narrar un clásico, de la posibilidad de brindar al espectador una relectura, y de exigirle una reflexión.

¿Qué te impulsó a tomar un texto como “La casa de Bernarda Alba” para hacer el trabajo?

La respuesta es más que sencilla. En el ’97 vengo a estudiar una vez por semana con Laura Yusem, ella va a Santa Fe el año anterior, y ve un trabajo mío, “La dama de las camelias”, que le gustó mucho. Entonces, me acerco para venir a estudiar con ella entrenamiento actoral. Allí, conozco a dos de las actrices, que son Stella Brandolín y Marta Montero. Después, sigo teniendo conexión con Laura por vía telefónica y con las chicas no tanto. En el 2004 me vengo a vivir acá. A comienzo del 2005 me voy al taller de Laura, que sabía que había venido a vivir acá. En ese

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