“Las impacientes Polonski”: Globulitos al ataque…

Dos mujeres esperan para ir al entierro de una tía. Aguardan impacientes que las pasen a buscar mientras tratan de no dejarse descubrir entre ellas, de no exponerse, hasta que ya no sea posible conservar las fachadas. Y en ese mientras tanto, esperamos junto a ellas y nos sumergimos en sus historias y excentricidades.

Amalia y Mónica son primas. Parientes de esos que no se frecuentan mucho, que se juntan de vez en cuando para alguna ocasión especial como estas: la muerte. Cada una vive en su universo particular, entre deudas, ofrendas paganas y adicciones alternativas. El té resulta ser el ritual obligado de visitas, inconcluso , y disparador de temas. Amalia está obsesionada con las terapias alternativas, adicta a los globulitos (¡la cura indicada para cualquier peste!), pasa sus tardes leyendo revistas de las que obtiene todo su conocimiento (¡Susana se las sabe todas!). Mónica, una mujer de alta alcurnia venida a menos, endeudada, perseguida por la AFIP, que hace pasar a los empleados de la misma por posibles candidatos. (¿Se terminará enganchando alguno?) Aquí todo es posible.

Ellas van descubriéndose, e incluso exponiendo algún que otro pedazo de piel ante un dios personal que cuelga de la

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Entrevista a Mónica Cabrera: “Tenés el poder, cuando tenés el humor”

Ya había comenzado el fresco. Llegaba con tiempo. Pasé por el kiosco a comprar pilas para el grabador (mi fiel y barato MP3 a prueba de balas y que, por alguna razón que desconozco, no acepta pilas Duracell). Mientras repasaba con los ojos chocolates, alfajores, caramelos, galletitas y demás – sólo para luego no llevar nada -, seguía pensando diferentes formas de encarar la entrevista. Es algo que siempre hago, de obsesivo nomás, darle vueltas al asunto hasta el último momento.

Ahora más gente la reconoce gracias a sus roles en “Tratame bien” y “Malparida”, pero Mónica Cabrera viene laburando desde hace mucho: entre otras cosas (también tuvo su programa de radio, al que vale la pena echarle una escuchada), el año pasado publicó su primer libro, una antología de sus monólogos, que tienen sus orígenes hace diez años, lo cual a su vez dio pie a la “Maratón Cabrera”, donde por diferentes salas han ido rotando las obras incluidas en la antología.

Cabrera se sentó del otro lado de la mesa y fuimos de 0 a 100 sin escalas. El humor es la constante – en

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“Lo bueno por conocer, clínica para matrimonios fracturados”: Pánico a lo nuevo, angustia por lo viejo…

Que lo bueno por conocer siempre está hacia delante, ahí, en algún lugar. Entonces, ¿con el presente qué hacemos?

Tres parejas coinciden en un extraño retiro espiritual. El objetivo es claro: salvar sus matrimonios. Ahora, por las discusiones iniciales dentro de cada reducto relacional, pareciera ser que nadie se preguntó realmente si los matrimonios en cuestión desean ser rescatados. Esencialmente, es factible llegar a la conclusión de que todos están con la persona equivocada, al menos en el presente…

El presente es el lugar de lo que todavía no pasó y del recuerdo de lo que alguna vez fue. Es, también, el tiempo de la acción. Pero, ¿qué pasa cuando la acción está orientada a recuperar algo que ya no está ahí, a personas que ya no existen?

Las parejas siguen como pueden las consignas estrambóticas de un sacerdote que cobra fortunas por aplicar recetas sacadas de un manual de coaching para empresas o de algún libro de autoayuda. Y, en cada binomio, hay uno de ellos que desea que resulte. El problema, claro, es que no es claro si el deseo es compartido…

Ellas no tienen más lo que alguna vez tuvieron (las miradas de todos los hombres

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“El ardor”: Entrañas argentinas

El ardor - Ricardo Holcer

El ardor de las vísceras tras un locro abundante que hace explotar al protagonista. Un mecánico atravesado por la historia argentina y su mestizaje. A grandes rasgos la obra de Ricardo Holcer, es un camino escabroso y suculento que deja a carne viva los discursos políticos de un país golpeado y reprimido. Un país tan crucificado por los mismos nombres disfrazados una y otra vez. Un país que come compulsivamente un locro viejo, a pesar de su estado putrefacto, como signo de su idiosincrasia.

Y en medio de ese panorama, el discurso paternalista que doblega la opinión, el discurso de una madre abnegada y ultrajada, arrollada por una historia sin tierra, arrollada por la masacre sistemática. Y entonces el resultado: un obrero a medias, un obrero que no se termina de constituir como clase, porque cada vez que quiere arrancar su maquinaria, metafórica y literalmente, se corta la luz. Un obrero que nunca llega a protestar por el mismo, uno que se encuentra manipulado por mil quinientos patrones.

Ese es el ardor. La necesidad exasperante de salir de un ring en el que el contrincante no tiene un rostro preciso.

Con esa historia el director propone una puesta que

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Cuerpos y corazones solitarios II

Otra serie de casualidades o causalidades, me llevó a encontrarme con una cantidad creciente de obras donde el encuentro afectivo es imposible o dolorosamente efímero. Ni siquiera en un espectáculo para niños como “Luna de Oriente” los amantes pueden permanecer juntos al final de la obra (los dos protagonistas masculinos luchan por los favores de la fémina, al punto de perderla). Nuevamente, es la separación de los individuos y la sensación de un duelo constante. Mmm… quizás sea esto último el común denominador: una herida que no cierra y que es lo que aleja y la frustración por no poder avanzar. De nuevo, las propuestas estéticas y el registro actoral varían, con lo cual es una forma que se puede ver en diferentes estructuras.

“Mal amor”, de Paula Bartolomé, es una obra silente. Con proyecciones de fondo detrás de los personajes, que oscilan entre flashbacks y mostrar un fuera de campo escénico que suma suspenso y música que construye climas (contraste, a su vez, entre un imagen – ¿distanciadora? – estilizada y una presencia de menos detalle), un hombre y una mujer se separan. Textos escritos se cruzan cada tanto, en

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“El Conejo, este mundo merece la felicidad”: A la espera de más espera

¿Qué es la felicidad? ¿En qué consiste? ¿Dónde está la fórmula mágica que habrá de proveer infinita cantidad de placer y bienestar?

En el final de “Se7en”, Morgan Freeman menciona un texto de Hemingway: “El mundo es un lugar hermoso, por el que vale la pena luchar”. El agente Somerset completa su reflexión agregando “Estoy de acuerdo con la segunda parte”. El mundo, en el día a día, o cuando está llegando fin de mes, muestra una cara poco amable, por decirlo de alguna manera. Probablemente, esa sea la principal razón por la cual es bastante usual que vendedores de ilusiones berretas sean seguidos, venerados, votados (corre el rumor de que todavía existen quienes creen que es de verdad cuando un candidato promete construir o equipar un hospital). En palabras de la vecina muy católica que baldea violentamente la vereda, “El Apocalipsis está a la vuelta de la esquina”.

Muchos de nosotros vivimos en Argentina, donde el anuncio del Apocalipsis hace su aparición de forma periódica. Cambia de mensajero: por alguna misteriosa razón, por alguna críptica dinámica, los que avizoran su llegada suelene ser los que no tienen mayoría o no están sentados en un sillón importante… pero también lo

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“Pasionaria”: El último llamado

Una canción con otra letra, que no dice lo mismo aunque quisiera, porque frutilla, crema del cielo y limón, para esta mujer abandonada por un amor, son sólo gustos de helado, aunque él se empeñe en conquistarla y recuperarla, como ella al tercero. Entonces, “Pasionaria” es un triángulo de amores truncos, que por las decisiones de la puesta en escena, logra reirse de la patética situación de esperar lo que no hay que esperar: un último llamado.

Con “Pasionaria” se transita la misma desesperación que Anna Magnani encarna en “La voz humana” –una obra escrita por Jean Cocteau que se incorpora al filmL’amore”, de Roberto Rossellini (1947)-; a diferencia del film, aquí se incorpora como signo del desamparo el maquillaje y los recuerdos absurdos que se exacerban en la escenografía elegida. Por eso, no sólo es el teléfono el que cobra importancia en esta obra, sino que cada objeto ayuda a ahondar el efecto de abandono que padece la protagonista. Este exceso de objetos se traspasa a las emociones de ella y a las acciones de él. Porque él, el chico del delivery, intentará,

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“Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío”: Entre Munch y Olmedo

Patricio Abadi lleva a escena “Ya no pienso en matambre, ni le temo al vacío”, una obra de su autoría que parte de la interacción de distintos monólogos expresados por diferentes personajes. Estos recorren temáticas como el amor, la soledad (su contrapartida), los juegos de seducción y el deseo, que le posibilitan a la obra un hilo conductor. Por eso, no es una obra que pretenda armarse desde un solo núcleo de acción, sino que desde todos sus bloques recorre, junto a cada personaje, los ejes; ejes que a su vez, son dichos desde cada una de las miradas.

Si bien esto parece una obviedad, es por esa pluralidad de miradas que la obra se separa de su autor y cobra vida propia, ya no es el autor el que habla, sino cada uno de los personajes que sienten de distinta manera todas esas temáticas mencionadas.Además, logra esa pluralidad de puntos de vista en el espectador porque no todos recibimos del mismo modo el discurso de una mujer que ha salido de su pueblo para migrar a la ciudad, ni tampoco podemos comprender del

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