“Sangra, nuevas Babilonias”: Caníbales

Sonido de ladridos de fondo al principio que, para el final de la obra, se tornan un leit-motif oscuro, visceral…

Fuera de eso, el silencio. Una carpa cocina. Hay una fiesta, este es el backstage, donde las luces no brillan tanto y el sudor de los cuerpos no es por la cantidad de danzar acumulado.

Lobo y Marina en escena. Lobo está en la suya. Cada tanto, le echa miradas directas a Marina, ¿qué le está queriendo decir? Lobo quiere ser el macho alfa de la carpa cocina y Marina es lo que él considera más bajo en su territorio. Marina está lavando copas. Marina irá a hacer los mandados. Marina irá de aquí para allá con botellas que se le caen. Marina apagará el fuego. Marina llorará y nadie querrá observar su llanto.

Puntos de partida: “Babilonia”, de Discépolo y “Señorita Julia”, de Strindberg. De “Babilonia” queda la estructura de la anécdota: una cocina, los sirvientes de turno, una situación de conflicto y desbalance que dispara la trama; de “Señorita Julia”, los vínculos de poder. De “Babilonia”, ya no quedan los personajes esperanzados ni la inocencia forzada, ya no queda Buenos Aires – ahora es Barcelona, donde

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“La respiración del vacío – Trash”: Miedo a respirar

Un espacio cubierto de forma dispersa por un mobiliario escueto que habrá de ser significado y resignificado. Tres personajes. Una mujer bonita de gesto ausente. Dos hombres: uno es el amante, el otro se evidencia como el sirviente; su rostro puede remitir a sensaciones de temor, templanza, desesperación, furia contenida (depende de la lectura que hagamos cada uno de nosotros).

Texto críptico, enrevesado, laberíntico. Pienso en Alain Resnais en los ´60s. Burguesía decadente, víctimas y victimarios, representaciones que no se sostienen y máscaras que se mantienen a la fuerza.

Los personajes son incapaces de sentir ninguna emoción. Todo está extrañado. Pienso en escenas de films de David Lynch.

Ya no queda ni el dolor. Discursos que atraviesan los monólogos y se muestran vetustos. Pueden tener un sentido que ilumine, o no, ser simplemente pronunciados de manera mecánica; la pose de la pose de la pose.

En los ´60s, en el cine de la Nouvelle Vague o en el de Antonioni, era el aburrimiento, el deambular. Estos personajes no deambulan, son, apenas, decadentes, hastiados. Viven en el miedo a ser y se remiten a repetir y repetirse. Se amparan en un discurso burgués que regla y codifica el vivir y el

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“El desarrollo de la civilización venidera”: Algo ha cambiado, algo sigue igual

Me siento a escribir… la pantalla sigue en blanco y el cursor continúa titilando burlonamente. Voy a la cocina, abro la heladera. Miro lo poco que hay adentro, esperando un golpe de inspiración. Obviamente, nada. Retorno, me siento. Navego por vicio. Encuentro un texto que pone en palabras algunas de las ideas que se me venían cruzando y mejor de lo que se me había ocurrido. Finalmente, consigo comenzar…

“Casa de muñecas”. Ibsen. Fines del 1800. Nora abre la puerta y se va. Escándalo… Comienzos del siglo XXI. Digamos, simplemente, que las cosas han cambiado. Ibsen es ahora un clásico, lo mismo que la obra del escándalo. Que Nora abra la puerta y se vaya ya no es subversivo, ¿o sí? ¿para quién? ¿dónde? Si se pusiera en escena la misma obra, sin ningún cambio, para un público perteneciente a un grupo social altamente patriarcal y conservador, ¿qué pasaría? Pero, bueno, la versión de Veronese ocurre en un teatro de Buenos Aires y los espectadores pertenecemos, en mayor o menor medida, a un mismo espectro socio-cultural. ¿Qué significa eso?

En el tiempo presente de esta versión de los personajes, todo parece ridículo, carente de

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“Mandalah”, o la Circularidad de los Dioses

Retrospectiva en tres imágenes. 1. Tengo cuatro años y mi papá está estacionando el auto frente al circo. Toda la semana esperando. Y me acuerdo que el circo tiene payasos. Me aterro. No quiero bajar. Mi mamá y mi papá bajan igual. Cierran el auto. Me quedo encerrada, llorando. A los cinco minutos vuelven para ver si aprendí la lección; para mi pasaron años.

2. El circo Raluy llega a Rosario desde Barcelona. Me dijeron que el trío de payasos es imperdible. Así que voy. Adolescente voy. Desde el palco de la carpa me siento espectadora de lujo. Ya no hay animales en los circos, por lo menos los de Europa, así que los catalanes muestran un número con gatos domésticos.

3. A mis 25 años viene a Argentina el Cirque du Soleil. Me los vi a casi todos en DVD, y tengo, también, casi toda su música. Mezcla teatral de las artes circenses y de las artes callejeras. Me acuerdo que empecé a llorar cuando comenzó el espectáculo.

Circo. En tres imágenes. Tan diferentes todas. Y todas circo.

Descubrimiento CICLOCIRCO (Del circo sale

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“(De mi)”: Quiero, deseo, sueño, anhelo… que mi máscara caiga

Ser feliz……….…………si/no………………………………………

Despertar, exposición…….…..hora:…….…….fecha:…………

Ser feliz……..….nunca…..…..a veces….….siempre………….

Miseria, encuentro…….colectivo..….subte…….ascensor……

Feliz………chocolate…..…helado….…sol en invierno……….

Roce, lucha………campestre….….citadina…….a muerte…….

Ser………………………………………………… ¿junto a alguien?

Amanece y entramos en la sala. Ellos, ya despiertos, se preparan para comenzar el día. Seis personajes, uno junto al otro, nos muestran sus rituales, sus miserias. No se relacionan entre ellos, sino que se dirigen a nosotros. Ellos exhiben su intimidad, su estado, su modo de ser, sus secretos…

Los pequeños espacios estallan, y el ritual acaba. Ahora es momento de tapar, de esconder y de no mostrar. El sobretodo tapa hasta el rostro. El espacio se reduce aunque la superficie de acción sea más amplia. ¿Entrar en el espacio del otro, significa entablar una lucha?

El espacio personal se circunscribe al cuerpo, nuevas barreras se arman ante el avance del otro. ¿Por qué somos tan temerosos al encuentro? ¿Qué nos asusta de ese momento? Caminamos por la calle en una suerte de alienación autoinfligida, avanzamos mecánicamente. No nos miramos. El contacto con el otro nos pone incómodos, nos altera,pero cuando

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