“Hernanito”: Todas las voces, todas

“Ahora bien: imaginemos la difícil infancia de un niñito cuyo padre dedica más tiempo a un títere que a él. Puede haber sido de verdad tremenda. Tan tremenda como la suerte de Chirolita: ahora todos temen por su integridad. Chirola le arruinó la niñez al hijo de Chasman, y el pibe no quiere saber nada de ventriloquía” LA NACION, 02/07/00

El planteo es, aparentemente, simple. Tenemos factores A y B en C. A, un industrial duelo de una pequeña fábrica de piezas metálicas. B, postulante a la única vacante laboral en la empresa de A. C, entonces, es la fábrica de A, donde desempeñará tareas B. Complicación: caja fuerte en oficina de A. Factor X encerrado en caja fuerte en oficina. Factor X, entonces, opera desde el encierro. A y B en C, rutina de trabajo, intercambian cosmovisiones, opiniones religiosas y futboleras. A no es igual a B. Ni parecido. Pero es pieza esquizo-industrial. A no será sólo A. A es igual a X. Partes alternas, complementarias. X empuja por salir. A empuja para que no salga. Todo ocurre en C. Todo el tiempo B observa. No entiende. Maquinarias, chat y foros, mesa de ping

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“Un hueco”: Sueños rotos

Entramos al club, subimos por la escalera. Bullicio. Poca luz. Sandwiches (sanguchitos) y vino. No lo sabemos aun, pero asistimos a un velorio. Alguien murió y el pueblo asiste al evento pero, ¿por qué?

Se abre una puerta, pasamos, volvemos a ser espectadores.

Los tres amigos históricos del difunto se reunen en el vestuario. Entre las luces de tubo y los lockers vacíos, se rebelan contra el morbo de lo que hay ahí afuera. Pero, también, se esconden (o se refugian) de tener que enfrentar los hechos. Cada uno lo hace como puede… la muerte no viene con un manual de instrucciones.

Uno de los amigos anda rengo, el otro viene aporteñado (es el que dejó el pueblo y se fue a Buenos Aires) y el tercero tiene un pedo que apenas puede sostenerse en pie. Los une la muerte y el espanto (y ahora pienso en cuánto eso se repite en nuestra historia… pero divago…); la muerte del amigo que se fue antes de tiempo y el espanto por el circo que hay tras las puertas (no obstante lo cual eso no les impide calentarse con las meseras que sirven el copetín o espiar, en algún caso, en

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Cuerpos y corazones solitarios I

Vivimos en la era de las redes sociales, pero, si uno pide que levante la mano quien no se siente en estado de crisis, o que en ningún momento se siente en soledad, las manos permanecen donde están y se hace, por unos breves instantes, un silencio algo incómodo. No estoy seguro de llamarlo tendencia, tampoco podría afirmar que está desbancando la proliferación de familias disfuncionales que esperan un milagro para salvarse de la malaria económica pero, me arriesgo a decir, los personajes no extrañados que experimentan la soledad se multiplican en la cartelera porteña. Es decir, ya no son tampoco seres que no accionan (la otra usual alternativa), que dejan transcurrir el tiempo sin saber bien qué hacer o por qué hacerlo, ya no es el tiempo que parece no moverse, sino todo lo contrario.

La referencia a la reiteración no pasa por una cuestión de originalidad, sino de cierta manera de experimentar el mundo que se filtra en las formas de hacer (de ahí la repetición en las estructuras)… Tomo obras para ejemplificar, no con la intención de ubicarlas en un lugar especial, sino porque me sirven de boyas que, a mi entender, condensan formas, caminos.

Se

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“Una de gente normal”: Normales…

“Una de gente normal”, o sea una obra de gente normal o una obra que representa a gente normal, o ambas. De gente normal y de gente que representa a gente normal, y no por eso menos conflictiva, ni menos turbulenta, ni menos oscura, ni menos profunda; y no por eso complicada, ni pretenciosa, ni intelectual en el mal sentido de la palabra (porque, hoy en día, hay un mal sentido en esa palabra).

Esta obra dirigida por Agustín Pruzzo simplemente narra la vida de tres hermanos, el cumpleaños de uno de ellos y una gran cantidad de mentiras, de omisiones, de manejos, de dudas y de inseguridades. Y no por esto es una tragedia, sino, más bien, y como ellos dicen, un drama cómico. Una obra en la que ingresa, en cierto modo, algo de lo nuestro, de lo argentino, de la complicada idiosincrasia argentina, del desgarro sistemático de nuestra identidad, porque se narran diversos problemas como saber quiénes somos y cuál es nuestro lugar.

“Una de gente normal”, recorre este mundo desde un mismo espacio, el departamento de Darío, y desde un mismo tiempo, su cumpleaños. Y, entonces, los conflictos se suscitan, aparecen y se desarrollan

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“El peor de los públicos”: Cuando el teatro y la muerte se parecen

Prosigamos, si dios quiere, nuestro camino de dios pues siempre se dice adió y una sola vez se muere

Raúl Gonzáles Tuñón

Parece ser que existe un ¨diccionario de la muerte¨. Allí, se define a la tanatoestética como el conjunto de prácticas de conservación de los cadáveres, a corto o a largo plazo. Esto es, ¨lookear¨al muerto para su velatorio a cajón abierto, o embalsamarlo.

A eso se dedica Atilio, sólo que no sabe que así se llama su oficio. Se define como una especie de artista de la muerte, y llama carniceros al resto de sus colegas. La tanatoestética es una propuesta agregada a los servicios fúnebres, presente en casas velatorias de determinado estatus. Arriba del taller de Atilio están las salas donde los muertos recibirán el adiós de los suyos. Pero, a juzgar por el sótano en el que este español cabrón trabaja, podríamos poner en duda la categoría del lugar: un sótano muerto (por supuesto) de pocas dimensiones, techo bajo y olor a rancio. Ahí dentro pasa sus días el protagonista de la obra, viendo pasar y pasar cuerpos sin vida, sobre los que intervendrá para que lleguen decentes

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“Sangra, nuevas Babilonias”: Caníbales

Sonido de ladridos de fondo al principio que, para el final de la obra, se tornan un leit-motif oscuro, visceral…

Fuera de eso, el silencio. Una carpa cocina. Hay una fiesta, este es el backstage, donde las luces no brillan tanto y el sudor de los cuerpos no es por la cantidad de danzar acumulado.

Lobo y Marina en escena. Lobo está en la suya. Cada tanto, le echa miradas directas a Marina, ¿qué le está queriendo decir? Lobo quiere ser el macho alfa de la carpa cocina y Marina es lo que él considera más bajo en su territorio. Marina está lavando copas. Marina irá a hacer los mandados. Marina irá de aquí para allá con botellas que se le caen. Marina apagará el fuego. Marina llorará y nadie querrá observar su llanto.

Puntos de partida: “Babilonia”, de Discépolo y “Señorita Julia”, de Strindberg. De “Babilonia” queda la estructura de la anécdota: una cocina, los sirvientes de turno, una situación de conflicto y desbalance que dispara la trama; de “Señorita Julia”, los vínculos de poder. De “Babilonia”, ya no quedan los personajes esperanzados ni la inocencia forzada, ya no queda Buenos Aires – ahora es Barcelona, donde

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“Noches de verano”: Qué calor en la ciudad

Nos recibe en la sala música en vivo, de voz femenina. La banda Equis y su cantante se irán convirtiendo en transmisión de radio y locutora, respectivamente, que acompañarán un peculiar fenómeno meteorológico: resulta ser que en Buenos Aires va a ser de noche por más de la noche, promete luna y estrellas por tiempo indefinido. Justo noche de verano. Pensemos en Shakespeare : el calor de la noche es escenario/tiempo concebido para soñar con amores enredados. Los transeúntes de la escena muestran su desconcierto frente al suceso, único, y probablemente irrepetible en sus historias. Es que la noche siempre es larga cuando hablamos de amores desafortunados y confundidos (a Sabina le llevó aprender a olvidar 19 días, pero 500 noches, si se me permite la cita)

Lo que más les interesa al dramaturgo, Cristian Scotton, y al director de la puesta, Pedro Antony, es contar una historia perfectamente reconocible para el espectador (idas y vueltas y dimes y diretes mediante). A tal efecto trabajaron juntos en el proceso de ensayo, escritura y reescritura. Esto los posiciona claramente frente a una generación de escenas y poéticas jóvenes, que suelen reconocerse hijos o discípulos de tal o cual maestro, tomando el

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“La respiración del vacío – Trash”: Miedo a respirar

Un espacio cubierto de forma dispersa por un mobiliario escueto que habrá de ser significado y resignificado. Tres personajes. Una mujer bonita de gesto ausente. Dos hombres: uno es el amante, el otro se evidencia como el sirviente; su rostro puede remitir a sensaciones de temor, templanza, desesperación, furia contenida (depende de la lectura que hagamos cada uno de nosotros).

Texto críptico, enrevesado, laberíntico. Pienso en Alain Resnais en los ´60s. Burguesía decadente, víctimas y victimarios, representaciones que no se sostienen y máscaras que se mantienen a la fuerza.

Los personajes son incapaces de sentir ninguna emoción. Todo está extrañado. Pienso en escenas de films de David Lynch.

Ya no queda ni el dolor. Discursos que atraviesan los monólogos y se muestran vetustos. Pueden tener un sentido que ilumine, o no, ser simplemente pronunciados de manera mecánica; la pose de la pose de la pose.

En los ´60s, en el cine de la Nouvelle Vague o en el de Antonioni, era el aburrimiento, el deambular. Estos personajes no deambulan, son, apenas, decadentes, hastiados. Viven en el miedo a ser y se remiten a repetir y repetirse. Se amparan en un discurso burgués que regla y codifica el vivir y el

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“Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío”: Entre Munch y Olmedo

Patricio Abadi lleva a escena “Ya no pienso en matambre, ni le temo al vacío”, una obra de su autoría que parte de la interacción de distintos monólogos expresados por diferentes personajes. Estos recorren temáticas como el amor, la soledad (su contrapartida), los juegos de seducción y el deseo, que le posibilitan a la obra un hilo conductor. Por eso, no es una obra que pretenda armarse desde un solo núcleo de acción, sino que desde todos sus bloques recorre, junto a cada personaje, los ejes; ejes que a su vez, son dichos desde cada una de las miradas.

Si bien esto parece una obviedad, es por esa pluralidad de miradas que la obra se separa de su autor y cobra vida propia, ya no es el autor el que habla, sino cada uno de los personajes que sienten de distinta manera todas esas temáticas mencionadas.Además, logra esa pluralidad de puntos de vista en el espectador porque no todos recibimos del mismo modo el discurso de una mujer que ha salido de su pueblo para migrar a la ciudad, ni tampoco podemos comprender del

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“(De mi)”: Quiero, deseo, sueño, anhelo… que mi máscara caiga

Ser feliz……….…………si/no………………………………………

Despertar, exposición…….…..hora:…….…….fecha:…………

Ser feliz……..….nunca…..…..a veces….….siempre………….

Miseria, encuentro…….colectivo..….subte…….ascensor……

Feliz………chocolate…..…helado….…sol en invierno……….

Roce, lucha………campestre….….citadina…….a muerte…….

Ser………………………………………………… ¿junto a alguien?

Amanece y entramos en la sala. Ellos, ya despiertos, se preparan para comenzar el día. Seis personajes, uno junto al otro, nos muestran sus rituales, sus miserias. No se relacionan entre ellos, sino que se dirigen a nosotros. Ellos exhiben su intimidad, su estado, su modo de ser, sus secretos…

Los pequeños espacios estallan, y el ritual acaba. Ahora es momento de tapar, de esconder y de no mostrar. El sobretodo tapa hasta el rostro. El espacio se reduce aunque la superficie de acción sea más amplia. ¿Entrar en el espacio del otro, significa entablar una lucha?

El espacio personal se circunscribe al cuerpo, nuevas barreras se arman ante el avance del otro. ¿Por qué somos tan temerosos al encuentro? ¿Qué nos asusta de ese momento? Caminamos por la calle en una suerte de alienación autoinfligida, avanzamos mecánicamente. No nos miramos. El contacto con el otro nos pone incómodos, nos altera,pero cuando

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