Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

"Tren": Viajantes se buscan
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autoría, e Intérpretes: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes Dirección: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Laura Fernández, Pilar Gamboa, Laura Paredes Vestuario: Maria Laxague Viñuela Iluminación: Matías Sendón Diseño de escenografía: Matías Sendón Audiovisuales: Mariano Llinás, Agustín Mendilaharzu Producción: Lalo Rotaveria. Teatro Anfitrión, Venezuela 3340, Teléfonos: 4931-2124 Web: http://www.anfitrionteatro.com.ar Entrada: $ 25,00 y $ 20,00 - Funciones: Viernes - 21:00 hs
Multitud de mujeres se dirigen en tren a un congreso de un seminario religioso. Almas extraviadas que buscan algo que les de una dirección, una posibilidad de huida de una existencia que rechazan, que les permita atisbar algún dejo de optimismo al final del día. Todas buscan una guía, incluso aquellas que se supone son las que conducen.
Tren. Espacio restringido, pequeño universo espacial que atraviesa un tiempo. Se asumen un punto de partida y otra de regreso. Un viaje. Viaje es cambio. Cambio es dejar atrás lo conocido, permitir la modificación. El viaje siempre implica un retorno, donde ya ha ocurrido algún tipo de transformación interna.
Cuatro escenas. Un cuadrado, que es lo mismo que decir un círculo. Una ida al inicio, un regreso al final. Se supone una síntesis, pero no la hay. Las preguntas no obtienen una respuesta definitiva. La realidad de todos los días espera al terminar el congreso.
En el fondo, la ventana, la pantalla. El uso de video como construcción de ese afuera, un exterior que queda del otro lado de la frontera; el tren como arca, el afuera como un personaje que, por más que se deje atrás temporalmente, permanece presente.
¿En qué creer? Lo religioso no como institución cristalizada. La figura de una líder-mujer moderna-todoterreno-omnisciente apenas como una excusa donde depositar una otra cosa. ¿Es una chanta? No importa demasiado, en el fondo. ¿Parte de una estructura que se aprovecha de la desesperación de la gente? Quizás, quizás no... Los seres que abordan el tren pueden verse como caricaturas patéticas, solitarias, parias, dañadas, falladas, o como el reverso de la máscara de felicidad que requiere el día a día de un mundo que desecha el viaje en pos de una mueca negadora que pasa por sonrisa.
Una escena introduce a quienes forman parte de la organización del congreso, dándoles una presencia física en lugar de permitir que se transformen en fantasmas del discurso (mostrándolos tan imperfectos y necesitados como a quienes deben guiar), dejando echar un vistazo a la cocina, donde se ensaya, se practica se busca la eficiencia (la eficacia). El congreso posee una estructura real, quizás tan fría y llena de agujeros como cualquier otra, pero que es excedida y apropiada por sus participantes en lo que ellos hacen de esa estructura, reconstruyéndola para ellos mismos; intento de relato organizador de sentido, necesidad humana.
El tiempo de la representación se concentra en la ida. Es como si el regreso fuera un bajar un cambio, un ir retornando “a pesar de todo”, en el que sólo se espera la siguiente partida. Ese último instante (ese último cuadro) es, entonces, una suerte de demora, de elongación temporal. Me pregunto por los personajes, si se permiten transformarse o no... algunos pareciera que sí, otros pareciera que no... Creo que desean cambiar más de lo que realmente cambian durante el viaje - quizás debiera redactar esto más en forma de pregunta -, creo que quieren poder creer en algo, y ese, quizás, es su viaje, independientemente de dónde vayan y, por eso, excede la propia obra, por eso el final no es final...
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8/4/2009