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Escénicas / Teatro / Un Enemigo del Pueblo / Ibsen - Crítica

“Un Enemigo del Pueblo”: Un
espejo enorme sobre el escenario
Lix rlix@fibertel.com.ar
Autoría:
Henrik Ibsen Adaptación y Dirección:
Sergio Renán Actuan: Valentino Alonso,
Pablo Alvarenga, Patricia Becker, Sergio Boris, Luis Brandoni,
Zulema Caldas, Marina Cohen, Gabriel Conlazo, Juan Manuel Fernández,
Mariano Fernández, Maia Francia, Mario Fromenteze, Stella
Galazzi, María Celeste Gérez, Lucas Krourer, Luciano
Linardi, Andrés Martinez, Kevin Melnizky, Leonardo Méndez,
Montenegro, Héctor Nogués, Manuel Novoa, Pepe Novoa,
Horacio Peña, Pablo Rinaldi, Nicolás Rodríguez
Ciotti, Alberto Segado, Eduardo Silva Correa, Daniel Tedeschi,
Lorena Vega, Jorge Velurtas, Marcos Woinski, Julieta Zylberberg
Vestuario: Mini Zuccheri Escenografía:
Graciela Galán Iluminación: Eli
Sirlin Musicalización y Sonido: Sergio
Renán.
Finalizó Funciones 2007 -- Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, Teléfono:
0800-333-5254 ó 4371-0111 al 8 Web: http://www.teatrosanmartin.com.ar
“Un Enemigo del Pueblo”,
dirigida por Sergio Renán en el Teatro San Martín,
nos muestra cómo todavía se puede llevar a escena
un texto escrito hace más de un siglo en una puesta tradicional
y, todavía, ser actual. No sólo logra esto por el
excelente grupo de actores (Luis Brandoni, Pepe Novoa, Stella
Galazzi), sino también porque logra llevar el timing de
la obra, sin por eso alterarla, por un camino en el que hoy los
espectadores (después de tanto cine y televisión)
se sienten cómodos. Al mismo tiempo, a través de
la utilización del espacio (la escenografía a cargo
de Graciela Galán) logra guiarnos hacia la lectura que
el director busca.
“Un Enemigo del Pueblo”
(1882) es una de los dramas más apasionantes de Henrik
Ibsen, en el cual, como en gran parte de su dramaturgia, encontramos
la base de la obra en un entramado de realismo y de simbolismo;
y, en este caso, utiliza un elemento que se encuentra repetidas
veces en su poética: el agua. Como sucede en “La
dama del mar”, obra en donde el agua juega un rol protagónico,
aquí es la referencia al líquido la que nos anticipa
lo que va a suceder. De hecho, el conflicto comienza en el momento
en que nos enteramos que el agua del balneario (gracias al cual
el pueblo ha prosperado ampliamente en los últimos años;
el balneario es promovido como un lugar donde el agua posee propiedades
curativas) se encuentra contaminada. Por lo tanto, es este status
corrupto / corrompido lo que genera la ruptura del status quo,
aunque, obviamente, son las palabras del Dr. Stockmann son las
que desarrollan el conflicto. Pero el pueblo, sea por una razón
o por otra, preferirá no saber, preferirá el agua
tóxica, preferirá seguir en silencio y callar al
que habla.
Como sucede con “Hedda
Gabler”, una vez más, el nombre de la pieza alude
directamente al personaje principal, y una vez más lograremos
ver esta relación a medida que avanza la pieza. Otorgarle
el nombre de “enemigo del pueblo” a la obra, y no
Dr. Tomas Stockmann, nos revela que esta es la forma en la que
el pueblo lo recordará y la forma en la que nosotros lo
recordaremos. Al mismo tiempo, nos dejará pensando sobre
todos aquellos enemigos del pueblo, nos preguntamos entonces sobre
quien está realmente puesto el foco: sobre Stockmann, o
sobre nosotros mismos.
Es aquí donde no puedo
alejarme de la puesta, ya que el momento en que reconocemos quién
es el enemigo del pueblo para la gente de ese pequeño lugar,
y que no es aquel que nosotros pensábamos, es un momento
en que el Dr. Stockmann está parado frente a nosotros,
y quienes lo acusan son confundidos con nosotros, somos una misma
masa de gente a quien le dirige la palabra. Este fragmento de
composición espacial es esencial en la puesta de Renán,
ya que nos sitúa directamente en el interior de la pieza.
Y es entonces cuando uno se
pregunta a qué le aplaudimos cuando aplaudimos: ¿al
héroe solitario e incorrompible que quiere decir la verdad,
pero que no tiene quien lo escuche?, ¿a Ibsen que logró
decir lo que pensaba a través del texto?, ¿a los
actores que nos muestran dominar en escena la poética de
ibseniana?, o ¿es a nosotros mismos, a nuestro espejo,
a nuestro terrible problema de poder sostener solamente dentro
de un teatro un aplauso para el mal llamado enemigo del pueblo?
La pregunta es entonces, una
vez más, ¿Qué sucede con la obra fuera de
esa sala teatral?