Artes Escénicas
/ Teatro - Crítica

“Una tragedia argentina”:
La puñalada en el corazón fue sin querer, y la de
la espalda también
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Autor: Daniel Dalmaroni Dirección:
Alejandro Casavalle Intérpretes: Pablo Carrasco,
Gastón Courtade, Liliana Moreno, Carolina Refusta, Jorge
Sabaté Vestuario: Alicia Gumá Escenografía:
Victor De Pilla Iluminación: Alejandro Casavalle
Peinados: Andrés Manzur Maquillaje:
Andrés Manzur Diseño visual: Ester
Nazarian Efectos especiales: Carlos Casavalle Asistencia
general: Javier Domínguez Asistencia de
dirección: Inés Domínguez Prensa:
Walter Duche, Alejandro Zárate Producción:
Mariana Garro, Adriana Podzamczer.
Finalizó Funciones 2007 -- Pan y Arte Teatro, Boedo 876,
Teléfono: 4957-6922
Finalizó Funciones 2006 --
Teatro El Piccolino, Fitz Roy 2056, Teléfono: 4779-0353 Web:
http://www.elpiccolino.com.ar
El público comienza a entrar. En la
escena, un hombre y una mujer conversan mientras otro hombre los
mira al tiempo que pareciera estar armándose un trago. Es
el living de una casa o de un departamento, pero nada, nada, hace
prever lo que habrá de seguir.
Los espectadores terminan de sentarse, y finalmente
el texto se vuelve audible. El hombre que miraba resulta ser hermano
del otro y marido de la mujer, e inicia preguntando “¿tenía
algo el vestido?”, a lo que el otro responde “no, le
estaba mirando las tetas”. El siguiente diálogo tampoco
es demasiado inspirado, cuando la deseada en cuestión admite
conocer la mirada lasciva de su cuñado, al que considera
un baboso. Así, de manera algo forzada, se llega al eje de
la obra, que es el tema de sacar los trapitos sucios al sol, y de
que la mentira no siempre es peor que un exceso de verdades. Todo
esto ocurre en los primeros minutos, y una vez que logran encarrilarse
en los rieles del delirio, los personajes transitan con mayor fluidez.
El rótulo de “tragedia”,
parecería apuntar más que a la muerte que espera al
final, a las relaciones extremas y hasta absurdas entre los protagonistas.
Si alguien alguna vez intentó contar el argumento (estrictamente
la “trama”) de una tragedia griega a alguien que desconozca
el asunto, habrá podido comprobar un bizarro parecido con
cualquier telenovela donde corra mucha sangre.
A los tres personajes, se suman los hijos
del matrimonio, que a su vez traen sus propios demonios, sumando
a la ensalada, como para que no falte nada. Tanta verdad agobia
(a los protagonistas), nadie se salva, con todos los prejuicios
y los vicios y los errores del pasado pasando por ahí. Cada
tanto, en alguna discusión, cual malevo apasionado, alguien
le clava algo a algún otro, a lo que inmediatamente agrega
“disculpá, fue sin querer, yo no quería…”.
Nadie quiere, no era la intención, pero el cuchillo retorcido
hasta el fondo, las tijeras clavadas… claro, no, error de
ángulo, un lapsus… fue sin querer.
“Tragedia argentina” se ríe
con todo esto de nuestra tendencia al melodrama, a tomarnos tan
en serio y al mismo tiempo a no querer hacernos cargo de nuestras
acciones, de los prejuicios y de esas relaciones familiares que
nunca son perfectas. El texto, lógicamente, es sencillo y
frontal, armando esta torre de verdades, que sin un grupo de actores
acorde podría verse en problemas (hacer reír durante
una hora desde un escenario no es tarea fácil).
La mentira no es buena, pero tanta verdad
mata. Y el mapa final es tan bizarro, que uno de los personajes
termina diciendo “no, así no se puede vivir”.
www.imaginacionatrapada.com.ar
13/10/2006
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