Imágenes Alteradas

To be or not to be

Written by Kappuz

Diciembre 9th, 2008 at 7:07 am

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Es domingo, hace calor… Entre el verano que se aproxima y el cambio horario, son las 8 pm y todavia hay luz. Mucha luz. Yo acabo de terminar un trabajo y estoy en zona centro. En realidad, estaba en San Telmo cuando terminé. Estaba tentado de retroceder sobre mis pasos e irme a tomar un café al Británico, que tenía lindo ambiente, pero me ganó la fiaca. Caminar más cuadras hacia el centro implicaba, luego del café, tener el subte al lado. Además, me gusta sentarme cerca de la ventana y ver la gente pasar, y a esa hora, por la cuadra del Británico ya no pasaba nadie. Es domingo, hace calor y estoy en zona centro…

Entro a La Giralda (que pronuncio con Y, mismo que con Girondo, para exasperación de una amiga). Hubo un tiempo que dejé de ir. Me habían hablado del legendario chocolate con churros pero, cada vez que iba no había churros o, directamente, el mozo traía lo que se le cantaba. Recuerdo claramente una vez que pedí chocolate con churros y me trajeron café con leche y medialunas y poniendo cara de pocos amigos, "No había chocolate y churros, así que te traje esto". Solía decir que el maltrato era parte del atractivo del bar. Pero, vaya uno a saber por qué, volví hace poco y ahora me tratan de maravillas, un misterio más de la Dimensión Desconocida.

Entro a la Giralda (que pronuncio como Y, para exasperación de una amiga), y me siento en una de las mesas cerca de la ventana. Lo cierto es que hay luz, mucha luz, pero son las 8pm, así que ya no está el bullicio de la tarde. Azulejos, algún afiche de alguna obra de teatro pegado en la pared, madera, mesas y sillas viejas. Saco mi material de lectura, hago mi pedido, respiro. Bajo. Desciendo.

Este año vi la última película de José Luis Guerín,"La ciudad de Silvia". El protagonista vuelve a una ciudad donde tiempo antes conoció a una chica, Silvia, de la que se enamoró en ese instante, pero nunca volvió a ver. Retorna, entonces, para ver si la encuentra. La cuestión es que, como la vio una sola vez y fue hace tiempo, no recuerda bien el rostro, suponiendo que no haya cambiado nada. En el interín va y se sienta en el café de una escuela de danza o arte, que era lo que Silvia iba a estudiar, y espera encontrarla. Se dedica, entonces, a observar a las mujeres que concurren al café, deseando que alguna de ellas sea la indicada. La historia tiene que ver con algo que le pasó al propio Guerín. El protagonista toma apuntes, dibuja. Cada plano, fragmentado, incompleto, amplio o detallado… Guerín cae como fascinado por la gestualidad femenino.

La película de Guerín es prácticamente silente. Los ruidos son los de la calle, como ahora, en La Giralda. Cada tanto quito la vista de lo que estoy leyendo y miro. Está ella que juega con sus rulos y se desparrama un poco sobre la silla. Está ella que salió con su pareja y su bebé a tomar algo y sonríe con eterna paciencia cuando alguien le hace un comentario del estilo "¡qué linda nena!" y, entonces, cuenta la anécdota que debe haber contado ya un millón de veces y lo hace con gusto. Está ella, que mira concentrada su apunte y, cada tanto, levanta la mirada (ojos verdes detrás de unos lentes de marco fino) y, pareciera, piensa si se pide alguna otra cosa o no. Están ellas que ríen mientras se muestran algo en el celular de una (¿fotos? ¿un mensaje esperado? ¿un mensaje escrito?). Entra ella, alta y de rulos castaño rojizos. Elige una mesa y se sienta. Pide una lágrima. Mira hacia la calle, ausente. Saca una cámara reflex y comienza a hacer correr las fotos. ¿Turista? ¿Estudiante de Fotografía? ¿Fotógrafa? Eso me recuerda que se acerca el momento de levantar mi muestra, lo que me hace pensar en las cosas que hago y eso me hace pensar en cómo funcionan los rótulos…

He sido camarógrafo, fotógrafo, escritor, muñecote de carnaval carioca en casamientos y afines, telemarketer, poeta, profesor, diseñador, guía, estudiante, deportista, intelectual. Antes quería ser director de cine, pero esa es una cuenta pendiente. Hay días en que varios de estos rótulos prácticamente se superponen y me resulta como muy esquizofrénico. Por momentos, me resulta divertido y me gusta. A veces, me es incómodo y hasta algo angustiante no poder responder con una sola palabra cuando te preguntan "¿y vos qué hacés?", porque, en general, la gente espera una respuesta sintética que sirva de resumen para armar un perfil que les permita clasificarte. El qué hacés tiene que ver, usualmente en nuestras operaciones de sentido común, con el qué sos. Hay poco tiempo para todo y, entonces, es necesario poder resumir, optimizar el uso de las palabras para autodefinirse y de las acciones para elegir un camino claro. Pero no es así y, entonces, la respuesta de una sola palabra se vuelve insuficiente y sumamente incompleta. Ni hablar de si la pregunta es "¿vos qué sos?". Cada tanto me pregunto, dudo… ¿qué respondería yo, sinceramente, a eso? ¿está mal que a medida que pasa el tiempo la respuesta varíe?.

Ella sigue haciendo correr las fotos. Cada tanto, se detiene en alguna y me da la sensación de que la borra. Toma notas y un poco del café que se pidió. Quiere agregar un tostado, pero le avisan que ya están por cerrar. Los mozos (mozos que han sido mozos desde casi siempre, como si en alguna secreta ceremonia iniciática hubieran recibido el pantalón negro, la camisa blanca y el moño haciendo juego con el pantalón) están ya cerrando las sombrillas de la calle, levantando las mesas. Ella me ve mirándola, levanta la cámara y me saca una foto. Me dan ganas de preguntarle, pero, esta vez, opto por el silencio. Ya nos echan amablemente del bar. Afuera, le sonrío y ella me responde igual. Yo me quedo con su imagen, ella con la mía. Yo voy hacia la entrada del subte, ella desaparece al doblar la esquina. Ella será "La Fotógrafa de La Giralda", yo, no sé, quizás "El Extraño del Café"…

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