Imágenes Alteradas

Caminante no hay camino…

Written by Kappuz

May 24th, 2009 at 10:21 am

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Una vez, en una cama de hospital en una habitación como una isla con mala iluminación olor a desinfectante rodeada de otras habitaciones a oscuras porque se habían roto las lamparitas y nadie las había cambiado que eran como depósitos de hombres incompletos, escuché una frase que llevaba mucho tiempo esperando. Quizás no fuera correcto o justo que estuviera aguardando esas palabras, por esas cuestiones de que uno debe hacerse cargo de la propia vida y que no puede depositar en el afuera la esperanza de cambio. Pero no importa: yo las esperaba, las necesitaba.

"Que el pasado se quede en el pasado". Nada más que eso. La luz entraba apenas por la ventana… o no entraba y era sólo la luz de tubo, esa que da una tonalidad cianótica a todo. La verdad es que eso no lo recuerdo. Tampoco está clara la imagen de las cobijas y las sábanas. Era invierno, así que supongo que debía haber frazadas involucradas. Azulejos verdosos (¿o eran celestes?), un armario de metal a un costado, el techo altísimo, otras personas presentes, sonriendo, tratando de poner lo suyo para sobrellevar el momento. "Que el pasado se quede en el pasado". Obtuve lo que quería y, sin embargo, el pasado siguió (sigue) ahí…

Escribo esto en una mesa de café, de plástico y con patas una más alta que la otra con lo cual la mesa de vez en cuando se tambalea, frente al río (que también es marrón, pero hoy no es el Río de la Plata). Por estas cuestiones del agua, pienso en el discurrir, en aquello que pasa y sigue y aquello otro que, bueno, que no.

Años más tarde de aquella tarde de hospital, leí a Ricoeur mencionando a San Agustín y su búsqueda de respuestas para entender qué es el tiempo. San Agustín terminaba por decir algo así como que todo es presente: presente-pasado, presente-presente  y presente-futuro. Todo era presente, porque era uno quien vivía el Tiempo: el pasado como huella, memoria; el presente como experiencia en ese momento particular; el futuro como expectativa. Ricoeur decía que uno relata para poder dar sentido a una serie de hechos heterogéneos y sueltos en cierta manera; la falta de relato es también, un poco, no poder darle sentido a la propia vida. Probablemente, no fuera tan así lo que decían, pero no es la exactitud de la referencia lo que me interesa.

La mesera me interrumpe con una sonrisa. Abre la botella que deposita frente a mí y se va. Vuelve un minuto más tarde con mis empanadas. Es almuerzo. Cuando era chico, esto era un puerto de frutos, pero ahora ni rastros quedan.

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