Imágenes Alteradas

Orgullo

Written by Kappuz

October 21st, 2009 at 3:40 pm

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 Afuera llueve a cántaros. Es de tarde, pero no muy avanzada. De todos modos, tanto nube hace sombra. Estoy en el baño, sentado sobre la pileta. Tengo mi mate blanco y negro en la mano. Le doy una última sorbida. Miro fijamente hacia delante. Ante mí, el desafío: se ha roto el cuerito de la canilla de la ducha. Si abro la llave de paso del agua, chorrea que da gusto. La canilla me devuelve la mirada… Esta desarmada casi por completo, pero las pobres herramientas que tengo no me permiten terminar la hercúlea tarea. Decido que es hora de acabar con esta tortura que lleva ya semanas.

No me considero un completo inútil pero, la verdad, es que este temita del cuerito me resulta un misterio profundo. Voy a la ferretería que tengo a un par de cuadras, oráculo de todo conocimiento. Está todo el local pintado de verde (las ferreterías son siempre blancas o verdes). El que me atiende es el dueño, hombre de bigote eterno, camisa siempre a cuadros y jeans. El negocio es largo hacia  el fondo, pero sólo la zona del mostrador está iluminada. Hablando con este buen señor, se encuentra un paisano de esos que, seguramente, se pasan una o dos horas ahí dándole charla. Ambos me ven entrar. Me acerco tímidamente y comento mi dramática situación.

Pido una llave inglesa, pero me veo retornando a mi hogar con un "pico de loro" y dos cueritos (creo que hay otra canilla que está al borde de la rebeldía). El agua caliente está cerrada, así que desarmo tranquilo… para descubrir, cuando el agua me pega en la cara, que también debería haber cerrado la fría.

Consigo desarmar el complejísimo mecanismo. Coloco el reemplazo del cuerito caído en batalla. No entra… Intento de nuevo, probando otra estrategia. Nada.

Vuelvo al esquema de cómo realizar el procedimiento que tengo en la pantalla (obviamente, había buscado en Google "cómo cambiar un cuerito" y hasta encontré un video). No hay nada que me resuelva el enigma…

Me trago el orgullo y vuelvo a la santa ferretería. El paisano, lógicamente, sigue ahí. Comento mi dilema, a lo que el bigote me responde "pero, la canilla, ¿la tenés en posición abierta o cerrada? porque, cerrada, no entra el cuerito, la tenés que dejar en posición abierta". Ahá… mmm… claro…

Vuelvo, entro decidido. Armo la canilla. La dejo en posición abierta, etc, etc, etc., y… listo. Voy a la cocina, abro las llaves de paso. No escucho ningún tipo de ruido de pérdida. Regreso al baño. Abro el agua caliente y esquivo el chorro que sale de la ducha. Cierro y… cierra… Oh, emoción profunda, me siento más hombre y capaz de emprender cualquier tarea hogareña que se me presente… iupi.

Afuera, amaina la lluvia y empieza a clarear. El vecino, que hasta ayer me taladraba la cabeza con las noticias que anuncian la llegada del Apocalipsis (recordemos que ahora se viene el turno del Dengue, que falta que el nuevo congreso anule todo lo que pueda de la Ley de Servicios Audiovisuales recientemente sancionada y que se desaten unos cien escándalos más antes de fin de año), está escuchando Mercedes Sosa a todo volumen. Me descubro prestando atención a la letra. La Negra, de quien renegué todo este tiempo, canta "Si no creyera en el delirio, Si no creyera en la esperanza"… Caliento otro poco de agua y me siento con mi mate blanco y negro en mi sillón a mirar cómo las nubes se van escapando hacia la derecha de la ventana. 

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