Imágenes Alteradas

Ciudad cebolla

Written by Kappuz

December 20th, 2009 at 6:41 am

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 Horas delante de una pantalla en blanco. Te sentás dispuesto a escribir y… nada… Vas a la cocina, pispeás qué hay para picotear… nada inspirado y el bolsillo no da para darse demasiados gustos. Volvés. Ponés música. Buscás algo que te tire un salvavidas… nada… El proceso se repite varios días…

Salgo a la calle a encontrar escenas, pero todas se me hacen un poco parecidas. Pienso que el clima esquizofrénico y la humedad, sumados al cansancio, finalmente están haciendo sentir su erosión. El calor suele traer vestuario más liviano por parte del sexo femenino y eso uno lo agradece, al menos es un bálsamo para la falta de inspiración y el agobio que, a veces, significa vivir en Buenos Aires. No bien termino de pensar eso, que en la esquina de un semáforo un concierto de bocinazos me trae de vuelta a la tierra. Alguien se cruzó por donde otro quería interceptar a un tercero que trataba de girar hacia donde aquel decidía detenerse… 

Me arrojo de cabeza dentro del primer café que veo. Evito pedir, de hecho, café, porque, en momentos como este, sólo alimenta mi ansiedad y, sinceramente, no necesito más. Además, hoy la presión está por el piso, seguro que va a llover. Cuando siento que la cabeza se me parte, es que llueve… La televisión está prendida y pasan, por enésima vez, "¡Urgente! Asesinato brutal", que es el mismo que seguía siendo última noticia por la mañana, pero que ya lo deben haber pasado unas 500 veces, con lo cual podríamos decir que ya hubo 500 asesinatos brutales… o no… o me estoy yendo por las ramas… Una señora de labios mezquinos se indigna bajando la mirada hacia su té. Otro señor, que descubro leía en el diario la misma noticia que ahora se ve en la tele, levanta las cejas y le espeta al mozo que tiene parado a su lado "¡Hay que poner orden! ¡Así no se puede vivir!"

Mientras decido entre las cuatro opciones de bebida sin alcohol (aunque puede que termine optando por una cerveza), porque voy lento hasta con eso, los vidrios de la ventana del frente del bar tiemblan ante lo que parece una explosión. Pero no, es un trueno. Por un momento, pienso en las pelotas de golf que cayeron del cielo hace unos años y dejaron cientos o miles de coches en manos de los sacabollos (señores que se especializan en corregir las abolladuras producto de un choque o, como en este caso, un caso serio de granizado con premeditación y alevosía que te dejó el auto troquelado) y los seguros (¿el seguro te cubre por desastre natural?). Segundos después, la calle no se ve más. Una cortina de agua cae con violencia.

Una parejita ingresa corriendo. Están empapados. Primero, mandan, como corresponde, al aguacero a la puta que lo parió. Acto seguido, como ya el vendaval queda afuera, se miran hechos sopa, se ríen a carcajadas y se besan. El mozo se apiada de ellos y les alcanza una toalla. 

En la tele siguen anunciando el Apocalipsis, pero ahora con un gorrito de Navidad en el logo del canal.

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