Imágenes Alteradas

Bicentenario: una cuestión semántica (II)

Written by Kappuz

July 14th, 2010 at 12:48 pm

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Hace aproximadamente un año, por cuestiones de trabajo, me encontré en un almuerzo inolvidable. A los cinco minutos de sentados, la charla había tomado dirección política, y volaban frases como "Entre Kirchner y Videla, me quedo con Videla, toda la vida". Uno de los comenzales, particularmente, se quejaba arqueando los labios en gesto de indignación, que no entendía lo que le contaban sus hijos, ¿qué es lo que les estaban enseñando en el colegio? Esa no era la realidad que él y su esposa recordaban y se preguntaba por qué no había textos de historia más objetivos… Fui un profesional: me atraganté con la comida, se me revolvió el estómago, miré con cara de póker y a la primera de turno me ausenté por un buen rato… Al día de hoy sigo pensando que, cuando menos, me tendría que haber levantado e ido.

El Comenzal de la historia objetiva pedía un cuento que dejara mejor parada a su visión del mundo. Porque la historia, en un punto, es eso, un cuento, o una novela… a veces también es poesía o una canción. En definitiva, es algo que se escribe y es escrito por alguien. La realidad es esto que ocurre ahora, lo demás es otra cosa…

A ver, yo en la primaria aprendí que Colón era un fenómeno, que San Martín era un póster de Billiken de un tipito cruzando Los Andes, que el 25 de Mayo de 1810 la plaza estaba llena, llovía y había paraguas negros por doquier. En la secundaria, la historia se acababa en la década del ’30 (oficialmente, no había peronismo ni dictaduras de todos los gustos y colores ni Proceso de Reorganización Nacional con gente que desaparecía del mapa con un truco de magia bárbaro). Y esto era así hasta al menos 15 años pa tras. Y eso sólo si hablamos de aquisito nomás. Quien cuenta la historia, construye mundos. Ahora, te pueden gustar más unos que otros…

El asunto es que en algunas de esos mundos que se arman está bien mandar gente a la hoguera, ponerle numeritos, muros, bloqueos, bombas y otras tantas bellezas por pensar o verse distinto. Y en todos esos casos, el argumento suele plantearse como "natural".

Hace poco, en una charla sobre dictadura, una estudiante extranjera preguntó si la llegada de los militares en 1976 no respondería a una sensación de indefensión por parte de la población, que quedaba en el medio de una disputa con la cual nada tenía que ver. La respuesta fue que la disputa tenía todo que ver con la "gente", ya que la disputa giraba alrededor de qué mundo construir y, por eso, era necesario tomar una posición, alguna que tuviera que ver con el mundo en el que cada uno quería (quiere) vivir. Fue, en alguna medida, esa sensación de no tener que ver con lo que se discutía lo que hizo para muchos ver la llegada de los militares como lo que habría de "poner un poco de orden"…

Alguna vez, alguien me dijo "Queríamos vivir como escribíamos y escribir como vivíamos". La realidad es lo que ocurre y las decisiones que tomamos, y es a partir de esas decisiones que escribimos historia y construímos mundos.

Hoy, 14 de julio de 2010, se debate en el Senado (como se supone ocurre cada tanto). El término disparador, el temido "Matrimonio Gay" (aunque debería ser "Matrimonio Igualitario"), no es realmente lo que se está debatiendo, sino aquello por lo cual muchos ya fueron pateados, rechazados, torturados y asesinados. Por eso, la palabra que mejor resume lo que se está debatiendo es: Igualdad.

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