Imágenes Alteradas

Compra y venta de reos para la guerra

Written by Kappuz

Noviembre 15th, 2011 at 11:21 am

 Allá por 1901, el Ministro de Guerra Pablo Ricchieri llevó al Congreso el proyecto de Servicio Militar Obligatorio. El diputado correntino Juan Balestra se opuso apuntando a los posibles peligros de la creación de dicho aparato - “Yo pregunto a los hombres de ideas más liberales, si tendrían temor de un ejército compuesto de conscriptos. Esos hombres de pasiones generosas, ¿no han de poder decirme que ese ejército sería un peligro para las instituciones y el país? Los ciudadanos enrolados se verían obligados a obedecer ciegamente a sus jefes y oficiales sin el menor derecho a discutir sus órdenes”, eran algunas de sus palabras, en las que, sin embargo, también daba pie al argumento que terminó por conocerse como Obediencia Debida -. No obstante, Ricchieri insistió con un razonamiento que al día de hoy se sigue escuchando: "Para que a los dos años, al salir del ejército vayan a sus hogares y sean un poderoso elemento de moralización pública”. La historia dice que desde entonces y hasta 1994 hubo Servicio Militar Obligatorio, el que acabó por conocerse como Colimba - en alusión a que lo que se hacía ahí era "correr, limpiar y barrer" -.

Hablando con el documentalista Marcelo Goyeneche, que estrenó hace poco "SMO: El batallón olvidado" en el Centro Cultural de la Cooperación, me comentaba que los antecedentes del proyecto de Ricchieri se remontan a la Guerra del Paraguay (o Guerra de la Triple Alianza o Guerra Grande - como se la conoce en el propio Paraguay). “La primera vez que se quiere instaurar el servicio militar, o algo parecido, fue con la Guerra del Paraguay, porque no tenían gente para llevar a las filas”, explicaba Goyeneche, “Advierten que tienen un problema serio cuando empiezan a mandar tropas a Paraguay, comienzan a caer y no tienen de dónde sacar más. Lo que hace el Estado Nacional en la Guerra del Paraguay es comprarle gente a las provincias. Compran lo que se llamaba reos, tipos que estaban en la cárcel por X motivo - por hurto, por robo, por vagancia -. Los reclaman de las cárceles para el Estado Nacional y éste, a cambio, enviaba maquinaria u otras cosas. Hay un contrato con la provincia de Catamarca que es muy gracioso de siniestro que es: le vende grilletes para los presos - para que no se les escapen - a cambio de mil reos. Reo era un indigente, un ratero, un gaucho, un opositor político…”.

Resulta que era la época de la Guerra del Paraguay, la que muy pocos salvo Bartolomé Mitre querían pelear, y entonces ocurrían dos cosas: las tropas porteñas no eran suficientes por sí mismas y en las provincias el nivel de deserción era muy alto. El contrato al que se refería Goyeneche sería uno por 200 grilletes, pero también se compraban cepos y látigos entre varios aditamentos y eran para ser aplicados sobre los propios soldados "reclutados". El problema no era el batallar per se, sino el "enemigo" elegido. Paraguay era amigo y el de la pica era Buenos Aires, no a la inversa. Ironías del destino, esa empresa dificultosa de encontrar gentes que obedecieran ir a derramar sangre aliada en nombre de intereses imperiales foráneos - aunque Mitre insistiera que su aventura era la de llevar "civilización" a los "bárbaros" -, iba a acabar por conformar el Ejército Argentino que tiempo después sería el encargado de limpiar de indios la Patagonia. 

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