Sentado
en la penumbra. una música lejana se filtra traída
por la brisa húmeda. las luces de la noche... la blanca teñida
de azul de la luna, la verde de los tubos fluorescentes, la amarilla
del alumbrado público...
Sus ojos fijos en un punto, concentrados, van más allá
de la simple mirada. Sus manos parecen moverse en espamos en el
aire, pero en vez de eso están moldeando la figura. La interface
registra sus movimientos y los traduce a forma. Cambia el material,
cambia los colores y las texturas buscando los indicados, el trabajo
de días, semanas o meses, cerca del final.
Sin mancharse las manos, traza contornos, afina detalles. El mundo
alrededor se disuelve, queda exento de la conciencia.
Llega el final, las manos descansan, un poco temblorosas por la
excitación, los ojos van recuperando la humedad al pestañear...
"guardar"... un ultimo vistazo antes de dormir, la sonrisa
incrédula del artista que pese a cierto dejo de inseguridad
sabe que la obra, por lo menos este fragmento de la obra, está
terminado... cierra la interface, apaga la máquina, el mundo
recupera su ríspida realidad.
Las luces azules, amarillas y ambarinas lo traen de vuelta de su
viaje sin moverse. La brisa que traía música se torna
frío en la mejilla y en las manos antes activas, y siente
que la nariz le moquea un poco. Vuelve.
Lentamente, se acomoda en un rincón. Junta los diarios que
le darán un mínimo calor durante el resto de la noche
y se cubre con ellos mientras mira el cielo y espera que no llueva.
Los olores mezclados a los que más o menos se ha acostumbrado
se le acercan, pero sin embargo no puede evitar dormirse con una
sonrisa clavada en los labios.
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